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la imprudencia "no fue tan excesiva"

Absuelto de las lesiones que causó una vaca que escapó del matadero

El juez cree que la imprudencia del ganadero en 2015 no fue tan excesiva para tener castigo penal

Enrique Conde - Jueves, 24 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Antiguo matadero de Orkoien, de donde se fugó la vaca que causó heridas a dos mujeres en Orkoien, una de ellas la reclamante.

Antiguo matadero de Orkoien, de donde se fugó la vaca que causó heridas a dos mujeres en Orkoien, una de ellas la reclamante. (Javier Bergasa)

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Antiguo matadero de Orkoien, de donde se fugó la vaca que causó heridas a dos mujeres en Orkoien, una de ellas la reclamante.

pamplona- El juez de lo Penal 4 de Pamplona ha absuelto a un ganadero de un delito de lesiones por imprudencia grave después de que en el proceso de descarga de una vaca que iba a sacrificar en el matadero de Pamplona, esta tumbara una valla y se escapara del recinto al abrirse la puerta automática. Dicho astado terminó hiriendo en Orkoien a una mujer de 59 años a la que llegó a fracturas tres costillas y la mantuvo 120 días de baja. El Ministerio Fiscal pedía para el ganadero 4 meses y 15 días de cárcel mientras que la acusación particular también acusaba a un empleado del matadero. El juez entiende que es excesivo atribuir un reproche penal a la conducta de los acusados, porque la imprudencia no llega a la entidad suficiente pero considera que la víctima debe ser resarcida por vía civil. El magistrado razona que “en este caso se ha producido un catálogo de pequeñas disfunciones (desgraciadamente sumadas desembocaron en el fatal desenlace) que hacen que la imprudencia de los acusados en ningún caso pueda tener el carácter de grave”.

Los hechos ocurrieron sobre las 12.00 horas del 9 de abril de 2015 cuando el procesado accedió a las instalaciones del matadero trasladando en un remolque enganchado a un taxi (su coche se había averiado en el trayecto) una vaca brava de su propiedad. Después de abrir la puerta mecánica de entrada al matadero y llevar los papeles a las oficinas, se acercó a hablar con el responsable de la descarga de los animales (también acusado), quien le dijo que esperara un poco al estar realizando otra labor.

Sin embargo, como el ganadero tenía prisa, preguntó a otro operario del matadero -cuyo nombre no ha sido aportado a las actuaciones-, quien le indicó la zona de descarga. En ese momento el ganadero procedió a descargar la res brava sin que se hubieran tomado las medidas de seguridad pertinentes. Para ello, acercó con el taxi el remolque a la zona de descarga y abrió la puerta del remolque, colocando en el otro lado una valla, habilitada al efecto, que fue sujetada por el taxista. El animal bajó y fue hacia las cuadras, pero luego la vaca se volvió, derrotó contra la valla y, tras superar la misma, deambuló por el patio. En ese instante llegaba el veterinario a las instalaciones, que accionó el botón de apertura automática de la puerta, que no había sido bloqueado al acceder al interior, aprovechando en ese momento la vaca para salir fuera del recinto.

El empleado del matadero que se sentó en el banquillo era el responsable de las descargas y debía proceder al cierre de la puerta exterior del recinto mediante bloqueo de la apertura manual. Este acusado no activó ninguna de estas medidas, a pesar de saber que había llegado al matadero una vaca brava;pero ignoraba que un compañero había dado su autorización para descargar. En su huida, la vaca embistió a la mujer por la espalda cuando ésta caminaba por el paseo Saramago de Orkoien y la tiró al suelo, causándole las graves lesiones.

La sentencia relata que “la descarga se produjo en el interior de un recinto cerrado (matadero) y en dirección a unas cuadras que estaban abiertas. Desde luego, la forma de descargar el ganado bravo, colocando en un lado a una persona totalmente ajena a la profesión (el taxista), sujetando una valla sin ningún tipo de anclaje fijo, no parece la más adecuada y, de hecho, se ha revelado como un error. Pero a todo esto debemos unir el hecho de que se unió una fatalidad como fue que, justo en el momento en el que la res rebasó la valla, el veterinario abrió la puerta. Si no se hubiera producido ese hecho, la vaca no se hubiera escapado. Por lo tanto, el nivel de imprudencia en la acción desplegada por el ganadero en ningún caso puede ser el de la imprudencia grave, pues realizó la descarga como hacía siempre, y si la vaca pudo escapar fue por la fatal coincidencia con la apertura de la puerta”.

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