ESEVERRI YA ES HISTORIA

“Me gustaría transmitir a mi hija que si tienes un sueño, se puede cumplir”

El mejor jugador de fútbol sala navarro ya es historia. Con 40 años y después de 20 años en la élite, todos en el Xota, se ha ganado el derecho de descansar

Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Javi Eseverri, con su familia: su mujer, Yolanda, y su hija, Ainara.

Javi Eseverri, con su familia: su mujer, Yolanda, y su hija, Ainara. (IÑAKI PORTO)

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Javi Eseverri, con su familia: su mujer, Yolanda, y su hija, Ainara.

PAMPLONA.– Empezó jugando en el Piensos Hens de Ochagavía, con la aspiración de llegar algún día al Auñamendi, el equipo de los mayores, el rey de las competiciones de las 24 horas, lo máximo del fútbol sala hace un cuarto de siglo. "Las 24 horas de fútbol sala en Anaitasuna eran como el Mundial". Allí, en un ambiente singular que reunía a toda la afición del fútbol sala en Navarra, se empezó a forjar un jugador que se ha convertido en uno de los mejores deportistas Navarra y, sin lugar a dudas, el mejor jugador de fútbol sala de la historia.

¿Qué sensación le queda una semana después de la retirada? 

–La sensación es de pena. Te vienen a la cabeza esos ratos que no van a volver. Se hace un poco raro porque anuncias la retirada, pero hasta que no llega el momento, no eres consciente. Me viene a la cabeza que no voy a volver a ponerme las zapatillas, las espinilleras, los viajes, los entrenamientos... Me estoy dando cuenta ahora. Se me ha venido todo encima.

¿Qué es lo que más va a echar de menos? 

–La competición. El deportista va con toda la ilusión a entrenar, pero se prepara para ese examen que es el partido. Es lo que te alimenta, competir al máximo nivel, ante los mejores equipos, y esas mariposillas en el estómago, ese gusanillo cuando llegan los partidos importantes es lo que más voy a echar en falta. Seguro.

¿Y de qué se alegra de dejar al retirarse? 

–De los viajes. Y el tener que cuidarte. La exigencia de estar al máximo nivel es muy grande y se nota en las vacaciones, el verano, las Navidades, las fiestas del pueblo... Ahora las voy a poder hacer sin estar con el freno de mano echado. Cuando estás compitiendo, no te puedes pasar aunque estés de vacaciones. Y más en estos últimos años, a partir de los 35, porque tener una vida ordenada y el descanso es lo que te hace poder seguir, pero teniendo siempre pies de plomo. 

Está más delgado que nunca. 

–Sí, es verdad. En los años de la selección, que es cuando más corría, cuando más me machacaba y cuando más estrés tenía, pesaba dos o tres kilos más que ahora. Uno va cumpliendo años y hay que ir quitando todo lo que sobra, por pequeño que sea. Con 20 años no te sobra, pero con 40 sí. Me he sentido más cómodo así.

Dijo en febrero que se retiraba. ¿Ha ido todo como pensaba?

–Lo bonito hubiera sido jugar el último partido en casa. Me tocó hacerlo en Jaén, con ellos celebrando el pase. Sabía que podía pasar. Pero por otro lado sí que ha sido bonito porque en todos los sitios a los que he ido desde que anuncié la retirada he recibido muestras de cariño. He intentado que mi comportamiento fuera siempre correcto y la gente me lo ha reconocido y me consideraba que era un ejemplo para sus hijos.

¿Ser un ejemplo puede llegar a pesar? 

–En mi caso diría que tiene más pros que contras. A mí no me ha costado sacarme fotos con los críos o hablar con un socio cuando he ido con mi familia por ahí. Nunca me ha supuesto una violación de mi intimidad. Estás en el candelero, la gente se fija en ti y creo que tengo que corresponder. El equipo ha crecido, se ha ganado un respeto, he sido el capitán, la cabeza visible para la gente. Ha sido un placer y un orgullo llevar nuestra bandera por todos los sitios.

Echando la vista atrás, ¿con qué se queda?

–La cosa más importante fue el ascenso. Ahí empezó todo. Después de cuatro o cinco años intentando subir y por fin se siguió. Ha habido años buenos, malos, pero lo más importante fue el ascenso. 

Si pudiera, ¿qué borraría? 

–No sé si borraría algo, porque en el deporte se aprende también de las derrotas y de los momentos amargos. En el plano personal sí que borraría las lesiones. Recuerdo el año que nos salvamos en Zaragoza estuve cinco meses lesionado y casi no pude participar. Pero son parte de la carrera de un deportista y también se aprende mucho. Cada uno va creando su personalidad con derrotas y con lesiones.

¿Le hizo más fuerte superar una enfermedad grave?

–Sí. Conviví cinco meses con el cáncer, con el tumor de testículo, y salí reforzado. El momento fue muy duro, pero con la ayuda de mi mujer y de mi familia, del club y de los amigos, lo saqué adelante. 

Ha valorado siempre a su gente. ¿Eso le ha hecho dejar pasar oportunidades de ir a jugar con equipos grandes? 

–En un deportista, el entorno es muy importante. No sólo eres tú y tus cualidades. Yo he tenido claro que mi sitio era este. Si hubiera salido, no se sabe si habría ido mejor o peor. En su día tomé la decisión de quedarme y no fue una decisión difícil, porque en el club siempre me he sentido arropado y valorado. No perdí mucho tiempo pensándolo. No puedo estar más contento de la decisión que tomé. 

Cierra una etapa. ¿Qué le contará a su hija cuando crezca de todo lo que ha vivido? 

–No lo he pensado... Ahora, con cuatro años, lo justo se empieza a dar cuenta de las cosas. Me gustaría que me viera como un deportista que intentó hacerlo lo mejor que pudo y que puso todo lo que tenía dentro para triunfar en su sueño, que era ser jugador de fútbol sala. Que si tienes un sueño, un buen entorno y una buena base, se puede llegar muy lejos.

Vale para todo en la vida... 

–El deporte es una faceta de la vida, pero comparte muchos valores de las personas como el sacrificio, el respeto, la humildad, la honradez... A mí me han educado así en mi casa y es lo que intento que se vea. En mi casa somos así. Es lo que me han inyectando a mí. Tienes que hacerlo con el ejemplo. Y desde la capitanía, siempre he intentado inculcar que si vas a recriminar algo a alguien, es porque antes tú lo has hecho bien primero. Hay que predicar con el ejemplo. Si yo no lo hago, no se lo voy a pedir a nadie.

¿Deja la capitanía en buenas manos? 

–Sí, sí. Se queda Roberto, que lleva muchos años y ha estado a la sombra, ha mamado el Xota, directivos, compañeros... Me quedo muy tranquilo.

¿Va a echar de menos al vestuario o son los compañeros los que le van a echar en falta a Eseverri? 

–Bueno, creo que como he sido el capitán un pequeño vacío quedará. Pero el equipo seguirá siendo igual de competitivo. Vendrán otros y lo harán bien. Estando Imanol, Miguel y la directiva, que pone coherencia a lo que pasa en el club, todo seguirá adelante. 

¿Dónde se ve a partir de ahora? 

–La idea es seguir en el club, pero ya veremos en qué faceta, dónde puedo echar una mano. Me quedo tranquilo porque después de más de veinte años también es importante.

¿Cerca de Imanol? 

–De momento, más lejos que cerca. El puesto de entrenador está muy bien cubierto y supongo que habrá algo donde ayudar más relacionado con la base, aunque quiero salir de esa rutina de entrenamiento y partido el fin de semana. Quiero coger un poco de aire. De todos modos, no quiero cerrarme puertas.

¿A qué se dedicará? 

–Deporte seguiré haciendo, supongo que jugaré un poco a pádel, subiré a Ochagavía sin prisas, sin ir siempre con el reloj en la mano... Descansar del estrés de la competición. 

¿Su mujer se lo termina de creer?

–Lo va a agradecer, porque los entrenamientos y los viajes trastocan el día a día. Ella también tiene su trabajo y los viajes entre semana trastoca un poco todo. Vas un poco a contracorriente. Lo hemos llevado bien, pero ahora vamos a estar más tranquilos.