la carta del día

Disolución de ETA, fin de la pesadilla

Por Alberto Ibarrola Oyón - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

se podría debatir sobre si la organización terrorista ETA no se debería haber fundado nunca aun en una situación de dictadura, pero lo que parece claro es que en 1978, tras aprobarse una Constitución similar a la de otros Estados europeos, ya se tendría que haber disuelto. La magnitud del error de continuar con la actividad violenta se puede calibrar desde diferentes niveles de análisis. En primer lugar, habría que indicar el error humano de generar más violencia, con el consiguiente daño irreparable de tanto sufrimiento, con tanto damnificado y tantas muertes sin sentido. Por lo tanto, se deberá acoger con comprensión, empatía y autocrítica toda acción encaminada a reparar a las víctimas de semejante barbarie. En segundo lugar, el error fue político, porque se tenía que haber sabido desde un principio que no se conseguiría ningún objetivo político por esa vía. Una consecuencia del terrorismo etarra ha sido acrecentar enormemente la antipatía en Nafarroa hacia la cultura vascona, por muy contradictorio que resulte. El discurso antivasquista de UPN nunca habría obtenido tanta aceptación sin la inapreciable colaboración de la banda terrorista. Y la militancia del PSN nunca habría transigido con la renuncia al vasquismo si no se hubiera asesinado en su nombre. Existen otros niveles de examen todavía más exigentes desde el punto de vista moral y ético, como el religioso cristiano que, además de prohibir el homicidio, exhorta a combatir el mal con la práctica del bien. Cuando traigo aquí la expresión “combatir el mal” no estoy insinuando que ETA lo haya hecho, porque su lucha, aunque en un principio pudo parecer que iba contra el fascismo, a partir de 1978 se ha dirigido contra la democracia desde el totalitarismo y, hay que subrayarlo, contra una parte muy importante de la sociedad vasconavarra. La banda terrorista ha constituido la expresión violenta de una fuerza política exclusiva: la Izquierda Abertzale en sus diferentes acepciones: Herri Batasuna, Batasuna, Sortu, etcétera. Nunca se podrá decir que haya conformado la vanguardia del pueblo vasco, ni mucho menos un ejército de liberación nacional.

Una consecuencia del terrorismo etarra ha sido acrecentar enormemente la antipatía en Nafarroa hacia la cultura vascona, por muy contradictorio que resulte

La banda terrorista ha constituido la expresión violenta de una fuerza política exclusiv

Ahora bien, en este momento histórico deberíamos reivindicar también que EH Bildu pueda defender su proyecto político como cualquier otro partido o coalición. Si el Estado español no lo permite, no estaríamos hablando de un verdadero sistema democrático, sino de un sucedáneo. Simultáneamente, la democracia española debería seguir contemplando la posibilidad de que, si se llegase a armonizar una mayoría clara proclive a que Nafarroa y la CAV se uniesen, este hecho pudiera producirse, es decir, que resulta del todo imprescindible que se mantenga la Transitoria Cuarta de la CE o algún mecanismo similar, tal vez renovado. Del mismo modo, si el conjunto de la sociedad vasconavarra eligiese sin ambages, de un modo definitivo, con una mayoría incontestable, rotunda, la independencia, se debería contemplar la posibilidad de la creación de un Estado vasco soberano dentro de la UE.

En otros Estados el derecho de autodeterminación ya se ha ejercido de forma pacífica: URSS, Checoslovaquia, Reino Unido, Canadá, etcétera. En el Estado español, sin embargo, se está empezando a discutir la legalidad de defender el derecho a decidir y se plantea como posible delito la acción política en post de la independencia de las nacionalidades históricas. Esto constituye un déficit democrático muy grave por sí mismo, pero la regresión de marcado carácter autoritario centralista que se está produciendo cuestiona incluso el Estado de las Autonomías. En un momento en que partidos emergentes como Cs proponen la abolición de los fueros y de los derechos históricos, se muestra más necesario que nunca defender que el nacionalismo pueda plantear sus reivindicaciones siempre que utilice para ello vías exclusivamente democráticas, políticas y pacíficas.

El autor es escritor