Mesa de Redacción

Regeneración democrática frente a corrupción y autoritarismo

Por Joseba Santamaria - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

la sentencia de la Audiencia Nacional sobre las andanzas de la trama Gúrtel en su primera época (1999-2005) que condena a sus principales protagonistas a altas penas de cárcel y al propio PP por beneficiarse y lucrarse con este entramado institucional de corrupción y la detención de Zaplana, exministro de Aznar, por los presuntos delitos de cohecho y prevaricación continuados, fraude en la contratación y fiscal, tráfico de influencias, blanqueo, malversación, pertenencia a asociación ilícita para delinquir y a grupo criminal son los últimos ejemplos del inmundo barrizal en el que chapotea el sistema político del Estado español. No sé si no se enteran realmente, o simplemente no quieren enterarse. En cualquier caso, ya no hay vuelta atrás. Ni siquiera se trata de tomar medidas legislativas o grandes acuerdos políticos para desviar la atención de la opinión pública. O hay una reforma regeneracionista profunda del sistema político, que separe con absoluta transparencia y control democrático la gestión pública de las exigencias privadas, o todo acabará en el garete. No sólo los corruptos y los corruptores -de estos aún se habla poco, pero todo se andará-, sino el conjunto del entramado político, jurídico e institucional. También en Navarra. No hay vuelta atrás al viejo régimen de acuerdos oscuros y negocios para el reparto del dinero público, para el amiguismo vergonzante, los muñidores y correveidiles tradicionales de la vieja política en Navarra. El último escándalo de ese modelo de trasvase de los recursos públicos a los intereses privados ha sido el caso Oncineda en Estella-Lizarra. Una chapuza descomunal de la que se deben derivar responsabilidades. Esta sentencia de Gürtel es una más, quedan aún otras tres piezas pendientes de juicio -entre ellas la que juzga los papeles de Bárcenas y el listado de los sobresueldos a dirigentes del PP-, y está a la espera de fallo judicial la de la financiación ilegal del PP en Valencia. Sin olvidar los Eres y otros casos más que afectan al PSOE de Andalucía. Todo un gigantesco entramado de hipocresía, cinismo y falsedades que abarca a buena parte de las instituciones del Estado y al poder económico y financiero. Los intereses particulares se han impuesto a la ética democrática y han acabado irrumpiendo en el control de la toma de decisiones políticas y en un asalto indisimulado a los recursos públicos. Es inevitable abordar un profundo proceso de regeneración democrática para el que los actuales dirigentes políticos, empezando por el propio presidente Rajoy - preside el PP desde 2004, habiendo sido vicesecretario general desde 1990-, no están cualificados. Ni tampoco puede garantizar esa regeneración democrática la involución a un Estado autoritario que persigue y penaliza derechos democráticos fundamentales como la libertad de expresión, la disidencia o las ideas políticas y menos aún el creciente intento de extender una ideario de evidentes connotaciones falangistas y ultras. En nada difiere el último discurso de Rivera de los lemas de Le Pen o de la ultraderecha alemana. La democracia exige una profunda renovación política y regeneración institucional y es evidente que quienes han protagonizado esta interminable sucesión de escándalos y abusos no pueden liderar ese proceso. Y también es evidente que la vuelta a los modelos autoritarios y predemocráticos del pasado más negro reciente sólo será un camino a mucho peor.