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Republicanismo

Otra agonía, otro desenlace

Por Santiago Cervera - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Año 2011, más o menos por estas fechas. Tras unas elecciones locales que demostraron a Zapatero la desafección que sufría su política, compareció para anunciar el final de la legislatura en un plazo concreto y la convocatoria de unas elecciones generales a las que él ya no se presentaría. “Es conveniente que el Gobierno que salga elegido en las urnas afronte desde el 1 de enero el ejercicio económico y las responsabilidades del país. La certidumbre es estabilidad y ha pesado en mi ánimo fijar un calendario claro.” Esas palabras supusieron terminar con una agonía, la de un gobierno que no supo prever ni atajar la crisis. Lo que hizo aquel tan denostado presidente aparece hoy como un excelso acto de responsabilidad comparado con el marasmo al que ha llevado al país Mariano Rajoy. Llega el final de su mandato -es ya cosas de meses-, pero no se aprecia en él la más mínima reflexión ni nada que propenda los intereses generales o siquiera los de su propio partido. Esta semana, los tan enfática como injustamente llamados dirigentes de Génova han querido diseminar la especie de que lo de Gürtel es cosa del pasado, nada que ver con lo que representa Mariano. Resulta que fue Mariano, hace tres cuartos de hora, el que nombró tesorero a Bárcenas y lo reafirmó como hombre de su confianza, pero sobre todo el que, junto con Cospedal, le quiso poner un bozal en forma de finiquito en diferido. Esos mismos dirigentes -tú también, Maroto- son los que se sientan en una sede pagada con coimas, por mucho que maldigan el nombre de quien las mercó. El problema es estructural.

Mariano nombró tesorero a Bárcenas y lo reafirmó, pero sobre todo le quiso poner un bozal en forma de finiquito en diferido

Ha llevado a su partido a la irrelevancia como referencia política atractiva, si no a su próxima desaparición

Marasmo no sólo en el partido, sino especialmente en cómo se está gobernando. Sin referencias, sin proyecto, sin cuajo ni ambición. Rajoy hace tiempo que dejó de ser capaz de decir una sola frase interesante, cómodo en su propia desidia actitudinal que ya ni se molesta en disimular. Hasta el punto de que comienzan a aparecer comentarios sobre si mantiene indemnes sus capacidades intelectivas. El jueves, sabiendo que la sentencia de Gürtel afloraba en los teletipos, comenzó una entrevista radiofónica diciendo que era un gran día, para luego rematar con otra de sus invectivas: “El PP es mucho más que 10 ó 15 casos aislados”. 10 ó 15. Aislados. Imaginemos a un médico que observa 10 ó 15 síntomas en un mismo paciente y le dice que se encuentra bien. Hace veinte días era una aberración subir las pensiones el IPC, algo que calificó como “engañar a la gente”. El PNV ha conseguido que se haga este año, el que viene, y que de propina no se apliquen los deflactores previstos hasta dentro de un lustro. Nadie del Gobierno ha explicado nada, porque no hay nada que explicar. Porque no hay proyecto ni directriz. Sólo Mariano.

Incluso a Miguel Sanz se le escuchó decir un día aquello de “si yo soy el problema, me voy”. Y era sincero. Mariano es infinitamente menos pasional e infinitamente más displicente. Aquí lo tengo dicho: se caracteriza por esa peculiar manera de establecer distancia y dosificar desprecio, combinados en una manera de ver el mundo y especialmente las relaciones que conforman la política. Lleva de presidente del PP desde el 2004. Uno de sus colaboradores me explicó una vez en qué consistía eso de ser presidente. “Nunca tienes que llevarte la mano al bolsillo para pagar un café”. En efecto, son ya 14 años en los que vive rodeado de lo que cualquier indolente necesitaría para permanecer en un estado de vulgaridad y mediocridad sin hacer nada para salir de él. Sobre todo, porque tampoco hay nadie a quien deba dar cuenta de lo que hace y especialmente de lo que no hace, dada su incuestionada prerrogativa de nombrar a todos cuantos componen su redil de poder. Mariano ha llevado a su partido a la irrelevancia como referencia política atractiva, si no a su próxima desaparición. Si salva la moción de censura habrá de convocar elecciones en poco tiempo, querrá ser de nuevo candidato y acabará como tercera fuerza parlamentaria. Pienso en los miles de cargos y militantes del PP -la inmensa mayoría de los de Navarra- que no se merecen esto, los que creen y trabajan por unas ideas que en otro tiempo apelaban al coraje político. Aquel partido que buscaba servir a la sociedad y que hoy sucumbe comatoso ante lo que es no otra cosa que el servicio a un personaje político que ya nada tiene que aportar, y que sólo sobrevive para intentar disimularlo.