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“El discurso político radicaliza el debate sobre el idioma”

Mari Mar Larraza dirige la Cátedra de Cultura Vasca de la UN, institución pionera en la enseñanza del vascuence

Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

María del Mar Larraza, en la Universidad de Navarra.

María del Mar Larraza, en la Universidad de Navarra. (Foto: Unai Beroiz)

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María del Mar Larraza, en la Universidad de Navarra.

pamplona- Al ser preguntada por la convivencia de diferentes realidades lingüísticas, Mari Mar Larraza (Pamplona, 1962), directora de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca, de la Universidad de Navarra, afirma que le da pudor tener que decir en público en el año 2018 algo que resulta obsceno por evidente: “Como historiadora, es una obviedad decir que Pamplona y Navarra tienen una doble cultura, vasca y castelloparlante, y que es necesario normalizarla en todos los ámbitos, incluida la universidad”.

La Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra que dirige María del Mar Larraza es la institución pionera en la enseñanza y difusión de la lengua vasca en el ámbito universitario desde que inició sus actividades en marzo del año 1964 de la mano del arqueólogo y etnólogo José Miguel de Barandiarán. Ya en aquellos incipientes años, la universidad acogió la enseñanza de euskera bajo el patrocinio de la Diputación foral y que el propio Barandiarán impartió durante 18 cursos académicos, hasta el año 1979. Pero desde entonces, su propósito, vigente hasta la actualidad, fue convertir la Cátedra no sólo en una tribuna docente, sino en un núcleo de investigación de las cuestiones lingüísticas y etnológicas.

Larraza, desde su experiencia como docente, investigadora, miembro de Eusko Ikaskuntza, de la Asociación de Historia Contemporánea de España y del Consejo Navarro del Euskera, destaca varias ideas: “Parece ser que todos estamos de acuerdo en reconocer la importancia de la lengua vasca en Navarra, reconocer su valor histórico. Lo que tiene de aporte de patrimonio cultural. Pero resulta que si la sacas de esa pequeña urna, de ese lugar del patrimonio y conviertes la lengua, en lo que realmente es, un elemento activo de la vida actual, de la comunicación, es ahí donde se ve que para algunos el reconocimiento de ese patrimonio no es tan real. O que al menos, les cuesta admitir que el euskera al ser una lengua minorizada necesita de una política activa para sacarle de ese estado. Y eso significa, ponerla en las oposiciones de empleo público, evaluarla de forma positiva, y claro, esos son campos intangibles, donde no basta con decir que es tan solo un hecho cultural”.

“He pertenecido hasta hace poco tiempo al Consejo Navarro del Euskera y he visto y me consta la voluntad que hay desde las instituciones de normalizar, de desdramatizar, de no imponer, de dialogar. Y también he tenido oportunidad de participar en diferentes foros, jornadas y encuentros sobre el euskera donde nos hemos reunido gente de lo más diversa, desde un extremo del arco político hasta otro, y en esos espacios se oye y se discute de todo, pero con una cierta cordialidad, actitud abierta y nos obligamos a escucharnos todos. Cuando a la gente le sacas del ámbito en el que tiene que ganar votos, resulta no ser tan radical. Parece que el discurso político radicaliza mucho las cosas. En especial, el debate en torno al idioma”.

Añade que precisamente por esto, el euskera ha estado sometido a muchas presiones internas y externas: “Durante mucho tiempo se ha defendido el euskera a golpe de gritos, y por tanto, no nos damos cuenta de que hay otras personas que no quieren avanzar así, si no con reconocimiento real. Nos cuesta desembarazarnos de ese cliché. En ocasiones, he escuchado a gente muy sesuda y que estaba en puestos muy claves de decisión en esta Comunidad que explicaban que el poco contacto que habían tenido con la lengua vasca eran las pintadas reivindicativas que aparecían en las paredes de su pueblo. Y es verdad, es un hecho que tenemos que admitir. Que para mucha gente su primer encuentro con la lengua vasca ha sido muy negativo y esa percepción nos está pasando factura”.

“También es cierto que es una lengua en la que empeñamos muchos esfuerzos los hablantes y enviamos a nuestros hijos a la ikastola o modelo D, y luego nuestros hijos salen a la calle y no hablan euskera y eso siempre levanta las suspicacias de porqué se invierte dinero en una lengua que luego las encuestas sociolingüísticas muestran que, aunque el conocimiento es mucho mayor, el uso está estancado. Por tanto, hay muchas contradicciones en el desarrollo de la lengua y es fácil dar argumentos a quienes no tienen más afán que meter el dedo en la llaga”, reflexiona. - D. Burgui