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“Tenemos el deber de presentar el euskera como solución, no como un problema”

El exrector de la UPV y académico de la lengua Pello Salaburu reflexionó en el Parlamento sobre política lingüística

Daniel Burgui Iguzkiza / Javier Bergasa - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El exrector de la UPV y académico de la Lengua Vasca Pello Salaburu muestra un certificado de la Diputación Foral de 1962.

El exrector de la UPV y académico de la Lengua Vasca Pello Salaburu muestra un certificado de la Diputación Foral de 1962. (Javier Bergasa)

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El exrector de la UPV y académico de la Lengua Vasca Pello Salaburu muestra un certificado de la Diputación Foral de 1962.

pamplona- “El euskera es de todos y es para todos, por encima de cualquier alineamiento político. La defensa de la lengua se debe presentar como una ventana agradable, una oportunidad para compartir espacios comunes, como algo enriquecedor. Tenemos el deber de presentar el uso del euskera como una solución y no como una fuente inagotable de problemas, esto debe figurar en el frontispicio de cualquier política lingüística. Es sumamente importante”, así de contudente expuso algunas ideas para el desarrollo de futuras políticas lingüísticas el exrector de la Universidad Pública Vasca (UPV-EHU), miembro de la Real Academia de Lengua Vasca y experto lingüista, el navarro Pello Salaburu (Arizkun, 1951) en sede parlamentaria. Su exposición forma parte de la comisión para la elaborar de una nueva Ley Foral del Euskera.

Antes de desarrollar su intervención, Salaburu quiso de manera preambular destacar algunos conceptos como que el monolingüismo es una anomalía mundial. “Es una cuestión bastante sencilla”, remarcó Salaburu, “el 75% de la población mundial vive en sociedades con más de un idioma. Lo habitual es que la sociedad sea diversa y las lenguas estén en contacto”. Pero los estatus y distinciones en los que conviven esas lenguas varían mucho: desde la protección, al reconocimiento oficial, la promoción o la persecución. Desde la forma de persecución más grosera e incluso física hasta la ridiculización de una lengua cuando se inventan estereotipos que funcionan día sí y día también en contra de quienes hablan ese idioma, cosa que aquí -señaló Salaburu- ha estado muy interiorizada”.

Pero existe también formas más sutiles de perseguir a una lengua y destacó el argumento de “tú tienes libertad para hablar tu idioma, siempre y cuando lo hables en tu casa”. Sobre este asunto, Salaburu, quiso ser especialmente incisivo: “Existe una postura que está metida muy dentro de algunas personas que además se tienen por demócratas, aquellos que sostienen que la gente es libre de hablar en lo que le plazca, en la lengua que elija, que así es como se defiende la igualdad de todos los ciudadanos”. Y añadió: “Lo cierto es que eso suena muy bien, pero a menudo, el trato idéntico a las minorías es lo opuesto a un trato justo”. “Es un argumento simple y poderoso. Todo el mundo tiene el derecho a un trato igualitario. ¡Quién puede argumentar a favor de un trato discriminatorio!”, exclamó Salaburu para a continuación poner ejemplos de diferentes maneras de discriminación positiva, lo que se denomina Affirmative action en las universidades de Estados Unidos que reservan cuotas para minorías raciales para preservar el acceso a la enseñanza superior o el trato de género en favor de las mujeres.

“Las lenguas en contacto nunca están al mismo nivel: jamás. No conozco ningún caso en el mundo. Siempre hay una lengua A que tiene mucho más poder y presencia que la lengua B. Por tanto, si se pretende que la lengua B asegure su futuro hay que hacer algo, hay que elaborar una estrategia para que quienes deseen usar ese idioma puedan hacerlo con las suficientes garantías, esto significa que hay que desarrollar una planificación lingüística, que necesariamente va a discriminar en positivo a la lengua en minoría. Las lenguas no se desarrollan, triunfan, o fracasan por sí solas. Hay factores externos que son determinantes. Entonces, hay que hacer algo”. Otra variante de esta misma actitud explicó el académico navarro es decir: “yo no tengo nada en contra de la lengua menos extendida, respeto a sus hablantes, pero es lógico que nos entendamos en la lengua mayoritaria”.

Frente a esto, Salaburu quiso desquitarse de algunos argumentos que “se han escuchado estos recientemente”: “La lengua mayoritaria no corre peligro. Mis hijos aprendieron perfectamente castellano en la ikastola y en la calle. Se haga lo que se haga, el castellano jamás corre peligro, quien dice lo contrario está fabricando un hecho alternativo. Directamente, miente. Y estas dudas solo se suscitan con el euskera porque nadie se le ocurre pensar que a un niño porque vaya al colegio alemán, al francés o al inglés va a perder su capacidad de hablar en castellano. Las lenguas no restan, suman. A veces uno tiene la impresión de que es castigado por saber más idiomas. Defender un idioma local, no es hacer localismo. Y defender B no es estar en contra de A, porque ambas lenguas son propias de nuestra comunidad”.

“No estoy descubriendo nada nuevo. Reconozco que esto de la discriminación provoca sarpullidos en algunas personas, pero es el único método para garantizar que los hablantes puedan desarrollar su idioma con plenitud”. Y recordó Salaburu las palabras del intelectual Ken Hale que sostenía que “cuando se pierde una lengua, se pierde una cultura, una obra de arte. Es como arrojar una bomba sobre museo del Louvre”.

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