vecinos

Silbidos que llegan hasta Japón

El pamplonés José Julio Apesteguía, 7º en el Campeonato del Mundo de silbadores celebrado recientemente en Kawasaki

Mikel Bernués Iban Aguinaga - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El pamplonés José Julio Apesteguía posa en el parque Yamaguchi de Pamplona.

El pamplonés José Julio Apesteguía posa en el parque Yamaguchi de Pamplona. (IBAN AGUINAGA)

Galería Noticia

El pamplonés José Julio Apesteguía posa en el parque Yamaguchi de Pamplona.

“Es un instrumento gratuito, que da juego y te permite interpretar cualquier música”

pamplona- “Es un instrumento que tenemos todos incorporado, es gratis, da juego y te permite interpretar cualquier tipo de música”, explica José Julio Apesteguía, pamplonés de 50 años y profesional del silbar hasta el punto de que acaba de participar en el Campeonato del Mundo de esta disciplina, The World Whistlers Convention, celebrado en Kawasaki (Japón). Ha vuelto con el séptimo puesto en el bolsillo, un top ten mundial del que ya es asiduo -debutó en 2013 en un Campeonato del Mundo el EEUU- y que le sabe a poco.

Dice Apesteguía que lo suyo es “una vocación total. Naces con una predisposición o habilidad innata, y si la detectas, te gusta y te da por desarrollarla puedes alcanzar cierto nivel. Cada uno sabemos las horas y el trabajo que nos ha costado, pero realmente naces así. Yo con cuatro años ya lo iba buscando. Siempre supe que quería hacer esto”, reconoce.

el campeonatoLa categoría principal reunía a 25 silbadores de todo el mundo. Debían interpretar una pieza clásica y otra popular. Después el jurado seleccionaría los diez mejores, que repetirían en la final tema clásico y popular, pero variando el repertorio. José Julio no sabía si darlo todo en la primera fase para asegurar el pase o reservarse para una hipotética final. “Si vas hasta allá para silbar dos canciones y no pasas el corte, cuando ya tienes cierto peso en clasificaciones, el sabor de boca iba a ser muy malo. Por otro lado dices, ‘eso ya lo he hecho antes’. Quieres llegar más arriba. Y a ver qué montas para sorprender al jurado...”, confiesa.

José Julio decidió apostar fuerte desde el principio. “Para el clásico escogí el Concierto de Aranjuez, uno de mis temas favoritos. Salí muy enchufado, con muy buenas sensaciones. Estoy increíblemente contento, fue una de las mejores actuaciones de mi vida. Sonó la primera nota y ya sabía que todo iba a ir estupendo. Vas buscando al público, mirando a los jueces... y el que mejor se lo pasa soy yo”, dice.

Con la canción popular José Julio eligió The Bare Necessities de El Libro de la Selva, una pista que preparó con muy poca antelación con Miguel Santamaría en las salas de OnOff Sound, cuya ayuda es “fundamental porque cada vez llegamos a mayor grado de especialización y de dificultad, porque todos los silbadores vamos buscando mejores recursos”. La canción en cuestión era “muy dinámica y me permitía lucir todos los registros, con partes lentas, rápidas, otras para hacer figuritas y un acelerón que le metimos al final. Quedó fantástica y lo pasé bomba en el escenario”.

El jurado también valoró su apuesta, y José Julio se coló en la final. Ahí barrió para casa y silbó el Zapateado de Pablo Sarasate, “una canción buque insignia con la que debuté hace 30 años en el programa de Jesús Hermida. Pero fallé en la parte inicial. Ese día no estaba fino”, reconoce. Luego, La Lista de Schindler de John Williams le salió “francamente bien y la pude dramatizar bastante”. Pero no alcanzó el podio. “La sensación que me ha quedado es que aunque me hubiera salido impecable, la clasificación no habría variado. Al final se trata de acertar con los gustos del jurado. Y creo que me quedó tan bien la primera ronda que no pude cumplir las expectativas en la segunda”, explica.

“no tiene precio”José Julio tiene que costearse de su bolsillo los viajes como silbador por distintos Campeonatos del Mundo. Pero reconoce que las experiencias que ha vivido “deberían pagarse, pero no tienen precio”. Por ejemplo, cuando le invitaron a silbar un Ave María en una ceremonia religiosa en Estados Unidos. O cuando el año pasado, en Los Ángeles, le tocó cerrar el festival con Johnny B. Goode, banda incluida, y el público puesto en pie les pidió un bis. “Ensayamos un poco y en medio minuto tenía una sintonía total con la orquesta. Daba botes de alegría. Son momentos muy especiales. He disfrutado como nunca y he cumplido un sueño: estoy en Hollywood y tengo al teatro en pie pidiendo un bis. La sensación no se me va a olvidar en la vida. De todos los campeonatos saco cosas muy buenas, y haces amistades”, cuenta. Incluso tiene su cuadrilla con silbadores de Canadá, EEUU o Japón.

el tipo extraño que silbaExplica José Julio que siempre tiene la sensación “de ser ese tipo extraño que silba”, impresión compartida por sus colegas de silbidos. Y defiende lo suyo: “¿No es más extraño un tío que se sube a una montaña, que igual acaba que le amputan el pie, que va sin oxígeno, etc...? ¿No tiene eso menos sentido? Yo subo a un escenario a interpretar música, y si lo hago bien puedo proporcionar cierto placer a la persona que me escucha”. Sin embargo, cuando cuenta que él es un profesional del silbido, la reacción de sus interlocutores es “de una extrañeza brutal. No lo entienden. Es que hasta que no lo escuchas no te haces idea. Luego ya sorprendes en positivo. Lógicamente no puedes gustar a todo el mundo, pero el porcentaje de personas que le dan valor cuando te escuchan es increíblemente alto”.

Más de lo mismo le sucede cuando ofrece su espectáculo a distintos programadores culturales o busca colaboraciones con orquestas. “Presentar la propuesta es complicado porque no entienden qué es lo que vas a hacer”. Por eso, y a través de los campeonatos, José Julio es reivindica su trabajo y quiere “dar visibilidad a este arte, que la gente se aproxime, sea capaz de darle una pequeña oportunidad y vea qué hacemos, porque merece la pena. Comprobarán que somos músicos de verdad”.