RECORRIDO POR EL PATRIMONIO DE NAVARRA

Zuberoa Amor, gozo y consuelo de Garde

La ermita de Nuestra Señora de Zuberoa se sitúa en las estribaciones del Monte Calveira, a tres kilómetros de la villa roncalesa de Garde

Un reportaje y fotografías de Manuel Mª Sagüés Lacasa - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Arriba, lugar de Zuberoa hace una semana con el templo al fondo y la antigua casa del ermitaño;a la derecha, ma-roma del benefactor Felipe de Atocha;abajo, José J. Etxandi, abriendo la puerta.

Arriba, lugar de Zuberoa hace una semana con el templo al fondo y la antigua casa del ermitaño;a la derecha, ma-roma del benefactor Felipe de Atocha;abajo, José J. Etxandi, abriendo la puerta.

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Arriba, lugar de Zuberoa hace una semana con el templo al fondo y la antigua casa del ermitaño;a la derecha, ma-roma del benefactor Felipe de Atocha;abajo, José J. Etxandi, abriendo la puerta.

Ardua labor ha sido poner al lugar de la Virgen de Zuberoa de Garde su enunciado correcto de entre el escalafón de los templos de culto cristianos. Iglesia, ermita, basílica, santuario… En cualquier caso, la designación a Zuberoa de ermita es más que correcta por su herencia oral y por nombrarse así en 1585 al dotarle los regidores del reino de permiso para tener “ermitaño”. Aunque por la envergadura de los edificios, su cuidado, la calidad artística de sus ornamentos y, sobre todo, por su gran peso devocional, sería también apropiado nombrar a este lugar como santuario: como Santuario de Nuestra Señora de Zuberoa. La categoría de basílica también la han utilizado en sus estudios Javier Gárriz, párroco de la villa en el primer tercio del siglo XX y el experto en barroco Fernández Gracia. Es posible que Zuberoa haya eclipsado, hasta hacerlas desaparecer, a otras tres ermitas que existieron en la villa: las de San Juan, Santa Lucía y San Cristóbal.

A Zuberoa le atiende hoy, con tanto amor como dedicación, un grupo de voluntarios, vecinos de Garde, entre el que están José Javier Etxandi Serriés (sempiterno e incansable alcalde de la villa) y Rosa Sagastibelza.

Etxandi, además, anuncia que pronto se podrá contar con unos recorridos públicos sobre el patrimonio de los barrios, casas y otros valores históricos y culturales de la villa.

Garde muestra su amor a la dama de Zuberoa y al cultivo de las tradiciones más ancestrales gozando del peregrinaje al lugar hasta en cuatro fechas al año. El pasado 2 de abril, Lunes de Pascua de Resurrección se abrió el serial de 2018;le siguió hace seis días, el 21 de mayo, como Lunes de Pentecostés. El curso lo completará el sábado, 8 de septiembre (Natividad de la Virgen);y el lunes, 15 de octubre (Santa Teresa de Ávila).

LUGAR E HISTORIA Zuberoa está situada en las estribaciones del Monte Calveira, a tres kilómetros de Garde. Es una construcción medieval y que fue reconstruida en los últimos años del siglo XVII. Al exterior, muestra una notable suma de volúmenes y líneas simples. Una espadaña se emplaza a media altura sobre el muro de la epístola. Posee muros de sillarejo (sillar en la portada) cerrando una planta de 20 metros de largo, casi 13 de ancho en el crucero y 6,60 en el tramo de los pies. La puerta de entrada está adintelada y sostenida por dos ménsulas;y una pequeña ventana rectangular justo debajo del alero.

José Fernández, arquitecto de Uncastillo, trabajó en su recuperación y la elaboración de sus retablos entre 1680 y 1702. En 1727, el galo Pedro Domecus ejecutó una nueva cubierta, de la que sobresale un alerón de madera de un metro de anchura. Formando ángulo con la ermita y de la misma época se localiza con buen porte la antigua casa del ermitaño.

El interior de la ermita presenta planta de cruz latina con nave de dos tramos, más crucero y cabecera recta, a la que se adosa la sacristía por la epístola. La nave y el crucero se cubren con bóvedas de terceletes, mientras que los brazos del crucero lo hacen con bóvedas nervadas.

El retablo mayor colma toda la cabecera y se organiza en tres calles articuladas por columnas salomónicas. Destacan en el compartimento de la titular, la Virgen de Zuberoa, otras columnas salomónicas con el fuste recorrido de estrías helicoidales. La iconografía consiste en escenas pictóricas sobre lienzo dedicadas a la vida de la virgen y de Jesucristo. Las pinturas son obra de Vicente Burdasán y su taller de Tudela. El dorado de las tres piezas barrocas fue realizado Joaquín Elizondo, vecino de Garde.

En el lado del evangelio hay un curioso púlpito barroco en aceptable estado. Y en la capilla se ubica el retablo dedicado a San Juan Bautista. El retablo del otro lado está dedicado a Santiago Matamoros.

La talla de Nuestra Señora de Zuberoa es venerada en la iglesia parroquial de la villa, ocupando su sitio original una réplica.

Según la tradición, la imagen fue encontrada en 1569 por un toro. Al bajarla al pueblo, desaparecía y reaparecía otra vez arriba. Se le atribuyen poderes contra endemoniados;pero, sobre todo, el ser consoladora y remedio para superar calamidades y desastres. Así rezan y cantan sus consuelos y gozos: Virgen de Zuberoa a Garde viniste a dar consuelo;en cualquier enfermedad aplicáis y es eficaz vuestro medio…”.

Para otra y mejor ocasión quedan por destacar otras historias y leyendas que relacionan a Zuberoa con el armador y aventurero local Felipe de Atocha y la maroma y la bala de cañón que se expone a la izquierda del altar;con San Bonifacio, patrón alemán y cuyo cuerpo incorrupto se dice estar en la iglesia parroquial de la villa;con otras familias como la de los Maisterra;y el indisoluble nexo cultural y devoto con las vecinas y hermanas tierras xiberotarras.

Zuberoa es otro mojón de la esencia de Navarra. Una esencia que es como la Cañada Real, que no sólo es trashumancia: también cultiva en el bardenaje el maridaje entre hombres y las mujeres del Roncal y de la Ribera;y que es ruta de costumbres y de arte;y variopinto eje de sentimientos comunes. Como muestras ciertas quedan el que el tudelano Bardusán pintase los retablos de Zuberoa y la romántica historia de Juan Beltrán, mayordomo o arcediano de la Virgen de Zuberoa. Beltrán, pastoreando en las Bardenas Reales en 1680, cayó enfermo y ante la inminencia de su muerte encontró paz y consuelo encomendándose a su virgen de Zuberoa, a la que testó en parte para la reparación de su ermita, en la notaría de Fustiñana. Ese mismo año comenzaron las obras del actual santuario donde, hoy, seguro, se siguen oyendo los gozos cantados por los espíritus de Beltrán, Bardusán, los Atocha, los Maisterra y del resto gardachos que en su vida amaron a Zuberoa.