la carta del día

Mario Gaviria, fundador de la sociología en Navarra

Por Manuel Rodríguez y Félix Taberna - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el día 9 de junio se realiza en Tudela un homenaje al recientemente fallecido, recordado y querido Mario Gaviria. Cualquier homenaje seguramente no será capaz de contextualizar el importante impacto intelectual de Mario para Navarra. Un repaso por su intensa vida nos lleva desde el urbanismo turístico de Benidorm al activismo antinuclear con la central del Ebro, afortunadamente abortada, al espacio de la fiesta y la subversión de Pamplona, pasando por el Campo Riojano, el Buen Salvaje, las renovables, las minorías étnicas, la inmigración, etcétera. Nada de lo que sucedía en su entorno le resultaba inocuo, al contrario, tenía una gran capacidad de anticipación a las cuestiones que preocuparían en el corto espacio de tiempo.

En un breve texto es imposible resumir una vida llena de retos, de estudios y de acciones, por tanto, y sabedores de que otras personas glosarán otras virtudes, nos limitamos a poner en valor tres aspectos que consideramos claves en experiencia vital: su capacidad de provocar pensamiento, su generosidad intelectual ejerciendo de maestro de decenas de jóvenes y su mirada metodológica sobre la sociología.

Adelantado al pensamiento común, ha sido capaz, en numerosas ocasiones, de abrir nuevos debates que con el tiempo se incorporan a la cotidianeidad (véanse la confrontación con las nucleares, la apuesta por las renovables, o su satisfacción por el desarrollo urbanístico de Benidorm) y de sorprender con una mirada distinta, no con afán de agradar (España octava potencia, o su reciente admiración por Angela Merkel por el cierre de las centrales y su concepción de Europa). Su capacidad de propuesta, de imaginación activa eran admirables. Quizás esa capacidad de confrontar con lo cotidiano, sin marcas políticas, no le sirvió para ser profeta en su tierra;mientras en Aragón le veneraban, en Navarra se le ignoraba.

Decenas o cientos de aprendices de sociólogos tuvimos la suerte de aprender con él, unos más tiempo, otros menos, pero todos fuimos absorbidos por su fuerza creativa, por los retos que nos planteaba, a la calle, a trabajar con la gente, a realizar nuevos estudios en lugares nuevos. Ratos de aprendizaje alrededor de la mesa donde se trabajaba, se comía, se dialogaba y se creaba, esa mesa tablón de madera con algunos poyetes donde decía que había comido y bebido Antonio Gala, donde vimos a Lefevre y donde apreciamos el potente sustrato intelectual de Mario, minusvalorado por algunos y algunas archiveros de citas y datos. Un excelente maestro de vocación helenística y conocimientos renacentistas, un maestro que no pudo ser adocenado por las burocracias universitarias, perezoso de las clases de aula a la vez que entusiasta de la confrontación de ideas, del debate creativo, de la enseñanza en movimiento.

Maestro que nos brindó una forma de ver la sociología profundamente práctica, todo debía tener un sentido, pero además una utilidad, sociología para la gente, para activar personas y proyectos, sociología que huía de las estanterías para bajar al barrio, a la taberna, a proyectar en las personas nuevas esperanzas y reivindicaciones, sociología en movimiento, activa, transgresora. Recientemente una compañera valenciana, profesora universitaria, colocaba un recuerdo suyo en las redes sociales. Lo adornaba diciendo que no había leído mucho de Mario pero que le constaba su saber y la admiración que irradiaba en sus colegas navarros. Posiblemente no es la lectura lo que más nos acerque a lo que ha sido;a Mario más que leerlo había que vivirlo.

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