A pie de obra

Alcantarillas

Por Paco Roda - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La noche comenzaba a tapizar la ciudad de una luz viciada por el escepticismo más apacible. De una alcantarilla situada en el corazón financiero de la ciudad salía una columna de mendigos que entonaban unos salmos ilegibles. Por el día se ocultaban allí para evitar ser reconocidos. Y es que toda vida es un proceso de demolición, un combate de golpes que vienen de dentro y que uno no siente hasta que ya es tarde para tomar alguna medida. Algunos llevaban libros de Scott Fitzgerald bajo del brazo, otros arrastraban viejas maletas cargadas de anemia. Otros, embrutecidos por el alcohol de la madrugada, discutían sobre la belleza de unos versos de Virgilio. Hasta aquí todo normal. Esta comunidad del cambio perfecto presume de muchas cosas, incluso de tener los pobres mejor atendidos del mundo. Días después supe que muchos eran economistas y financieros venidos a menos. Vivían de prestado, esperando que alguien los rescatara cada mañana del naufragio. No se extrañen. Este modelo neoliberal funciona así. A golpe de emoción y carcajadas. Porque llega un día en que usted mismo, empleado ejemplar, puede acabar almorzando mortadela caducada regada por un Don Simón en compañía de una cuadrilla de desclasados, chamarilleros de saldo o camellos que trafican con metanfetamina mezclada con líquido de batería. Esta es la grandeza de la movilidad globalizadora. Antes, para llegar a la pobreza había que recorrer un largo y agotador circuito. Ahora se puede saltar de la estabilidad a la miseria con una pirueta cínica que vuelve del revés todo lo vivido. Lo comprobarán si deciden adentrase en el alma de algunos edificios de esa zona privilegiada. Ahí trabajan cientos de personas con varias carreras, retahílas de idiomas y un currículo como el Libro del Desasosiego. Muchos son rehenes de una ETT encadenados a un contrato basura. Ese es el espectáculo después de años de recortes, reformas laborales y claudicaciones obreras. Y sí, esto ocurría en esta comunidad que celebra el cambio como si no hubiera un mañana.