Emisión imposible

¿Y si apostamos por la danza?

Por Javier Arizaleta - Martes, 29 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Se acabó lo que se daba. La última final de la Champions sin tener que sacar la cartera. A partir de ahora ver fútbol como escena familiar solo será posible pagando. Bueno, no solo el fútbol, también la series y, por supuesto, el cine. Algunos dirán que ya era hora de que los derechos de autor queden protegidos: las copias gratuitas y el bajarse de gratis las series, acabaría con el negocio audiovisual y, por tanto, con la creación. Lo cierto es que, al final, los que se están imponiendo son los que han sabido cobrar por prestarte un servicio o una película. Netflix es un gigante pero también uno de ellos: todavía sigue con su negocio de alquiler mientras lo va extendiendo por todo el mundo. Hasta ahora se le podía ver en Vodafone o Euskaltel pero los de Movistar se negaban. Una pelea de estrategia sobre quién es más fuerte. Al final, las grandes plataformas tienen claro que no les interesa entrar en enfrentamientos: el mercado es grande y está ahí para que lo vayan tomando. A cambio, vivimos la época de mayor creación audiovisual de la historia. Nunca se habían producido tantos filmes y jamás nadie pensó en poder tener a su alcance esta oferta de series de televisión. Ni los más activos ni los más aficionados pueden ver apenas una pequeña parte de lo que se está haciendo. Vivimos un momento en el que no sabemos si lo que vemos en televisión es lo que nos gusta o simplemente nos dejamos guiar por las opiniones interesadas. Pensándolo bien, el negocio de la cultura casi siempre ha sido así: un resumen de reseñas y críticas seleccionadas por los propios interesados. El fútbol que podía ser consumido gratis a cambio de tragarte un puñado de anuncios estuvo mal visto. Ahora que es ya un producto de consumo con etiqueta y precio a uno le dan ganas de seguir buscando otras aficiones. La vida es evolución y por lo visto en la última final de la Champions, el fútbol moderno ni evoluciona ni mejora. Puestos a pagar: ¿qué tal si apostamos por el teatro o la danza?