Carlos Cánovas ‘En el tiempo’

El Museo ICO de Madrid inaugurará mañana una exposición que recorre la obra del fotógrafo navarro a través de un centenar de fotografías. Agrupadas en seis series sucesivas, el paisaje urbano es su principal protagonista

Martes, 29 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

el 30 de mayo se inaugura en el Museo ICO de Madrid la exposición En el tiempo. Carlos Cánovas, comisariada por Juana Arlegui y organizada y producida por el Museo de la Universidad de Navarra en colaboración con la Fundación ICO. La muestra se incluye dentro de la programación oficial de PhotoEspaña 2018.

En el tiempoconstituye un recorrido por el trabajo del fotógrafo, afincado en Pamplona, Carlos Cánovas desde los primeros años 80 hasta la actualidad a través de más de un centenar de fotografías, gran parte de ellas inéditas, agrupadas en seis series sucesivas: Tapias(1980), Extramuros(1983-1990), Vallès Oriental(1990),Paisaje sin retorno (1993-1994),Paisaje anónimo (1992-2005) y Séptimo Cielo (2007-2017). En ellas el paisaje urbano es el protagonista principal, un paisaje urbano del que le interesan sobre todo los espacios donde confluyen la naturaleza y la intervención del hombre, y que recoge en imágenes con una fuerte dimensión estética.

Carlos Cánovas siempre ha tenido una relación especial con Pamplona, no solo es su lugar de residencia, sino que parte de su obra se ha centrado en la ciudad. Su última serie, Séptimo Cielo, que se muestra en la exposición, se desarrolla enteramente en Cizur Menor, una localidad en la periferia de la ciudad, donde ha dejado testimonio de su poética documental.

Tal y como señala el crítico de fotografía Alberto Martín, en su obra se ve “una constante preocupación por cuestiones como la composición, la naturaleza del documento fotográfico, el proceso de elaboración formal de la imagen, la luz, o un asunto recurrente para él y que atraviesa su obra, como es la cuestión de la distancia con respecto a lo fotografiado, una distancia no solo física, sino especialmente emocional, y que de algún modo entronca también con el delicado y ambiguo asunto de la belleza, o si se prefiere de la poética, que no obstante, y no es una posición fácil ni frecuente en las últimas décadas, afronta con claridad y rotundidad”. Y concluye: “Se podría definir a Cánovas, en este sentido, como un fotógrafo eminentemente reflexivo.”

Sus fotografías, según se apunta en la documentación que complementa la exposición, son monumentos poéticos construidos en momentos intermedios que preceden o rememoran grandes cambios sociales e industriales. Estos paisajes le sugieren múltiples lecturas en torno a los conceptos de espacio, distancia y tiempo, conceptos que utiliza igualmente para su particular y constante reflexión sobre la imagen fotográfica. Como el propio Cánovas afirma, “lo único que hace el fotógrafo es intentar que las cosas que recogen sus imágenes reflejen sus ideas previas, y también, de manera tal vez menos deliberada, aunque no menos importante, sus dudas”.

El trabajo de Carlos Cánovas, en su conjunto, constituye una suerte de registro crítico sobre la transformación de lo urbano. A la vez, esta exposición pone de manifiesto la idea del autor sobre la propia fotografía, “una actividad permeable a la experiencia personal, en cada lugar y en cada momento, una experiencia que puede manifestarse en respuestas diferentes, pero que, desde su carga poética, gira intensamente en torno a las ideas de tiempo y distancia”.

Sobre la exposición Tapias (1980) es una serie temprana que adelanta algunos de los postulados que luego caracterizarán su obra, con un interés por el tratamiento de los muros, los espacios indefinidos, la atención hacia una naturaleza relativamente contenida.Extramuros (1983-1990) es la primera serie en la que se centró en el espacio urbano propiamente dicho, en este caso, en torno a la ciudad de Pamplona. Cánovas eligió la luz de la mañana, los cielos despejados y la distancia corta y el formato cuadrado, que le permite acotar más el tema. Vallès Oriental(1990) supondría para Cánovas la posibilidad de una relectura de su anterior trabajo, pero ahora en un espacio desconocido, lo que le permitió volver plantearse una serie de cuestiones de reflexión fotográfica.

Paisaje sin retorno(1993-1994) gira en torno a paisajes fabriles o industriales, proyecto que se solapa en el tiempo con Paisaje anónimo(1992-2005). Paisaje sin retorno fue un proyecto sobre la ría de Bilbao, en un momento en que estaba empezando a desmantelarse su entramado industrial, incluidos los Altos Hornos de Bizkaia, para dar paso a una profunda reforma urbana -física y espiritual, de concepto- que cambiaría la ciudad para siempre. Para muchos críticos, entre ellos Alberto Martín, probablemente sea este proyecto un punto de inflexión en la carrera de Cánovas, “el momento más intenso de su itinerario creativo”, así como uno de los trabajos de referencia sobre paisajismo urbano en España.

En Paisaje anónimo (1992-2005) el fotógrafo trabaja de nuevo en esos entornos periféricos que rodean las ciudades, y en los que retoma la noción de “conciencia del lugar”.

Por último, Séptimo Cielo (2007-2017) supone un cambio estético puesto que utiliza el color, aunque lo hace como un elemento existencial y emocional más que descriptivo. En esta serie recoge paisajes de su entorno más cercano -la zona residencial de Pamplona donde vive- ese mundo intersticial en el que conviven lo urbano y lo semi-industrial con lo agrícola. - D.N.