Música

Turrillas (Don Manuel)

Por Teobaldos - Martes, 29 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto de la pamplonesa

Dirección: Jesús Garioain. Programa: monográfico de Manuel Turrillas. Pasodoble, marcha, vals, vals-jota, villancico, mambo, cumbia, baiao, bolero, corrido, pasacalles, himno-pasacalle. Programación: ciclo de la Pamplonesa. Lugar: Teatro Gayarre. Fecha: 27 de mayo de 2018. Público: lleno (4 euros).

Pocos compositores tan queridos y conocidos entre el público de Pamplona, como el maestro Turrillas. Don Manuel, para sus colegas músicos. Por respeto y por cariño. Para ensalzar su modestia y humildad. Por encima del valor compositivo de las obras -impecables para el fin que se proponían-, hay un agradecimiento universal hacia este clarinetista, director y compositor, por haber acompasado muchos estados de ánimo de nuestra vida: así, surgieron las partituras de solemnidades procesionales;pasodobles, -esas laicas procesiones de toreros-;los familiares villancicos;los gozosos pasacalles;las auroras recogidas;las madrugadoras dianas;los valses, siempre un punto elegantes;y un montón de ritmos -menos conocidos-, de esos que se interpretaban en los “café-conciertos” de las fiestas de los pueblos, como la cumbia, el mambo, el corrido o el bolero. Turrillas, además, fue moderno, en el sentido de buscar la fusión, incluso, entre ritmos que parecían extremos -kalejira, jota-, como hacen hoy los músicos de jazz, pop o flamenco, y casi todas las artes. Músico, pues, mucho más universal de lo que se piensa, precisamente por ceñir la tradición, sus obras desprenden optimismo, son positivas, atrapan a los oyentes y les hace participar, irremediablemente, -con pies y palmas- de un modo muy activo, cuando se programan.

Esto sucedió en el concierto que nos ocupa, donde, el titular de la matineé, Jesús Garísoain, hizo un amplio recorrido por su extenso -más de 400 obras- de su corpus compositivo. Entre la música, se fue entreverando unas proyecciones que daban testimonio de todo lo dicho anteriormente sobre el maestro. Y, como era de esperar, el entusiasmo se apoderó de la sala, sobre todo al final, con los pasacalles, donde el respetable acompasó a la banda al estilo de año Nuevo.

Ciñéndonos a lo estrictamente musical, a mí me resultó más interesante lo que menos se conoce, como el villancico que, aunque escrito con letra, la banda se recrea su gracia. Y toda esa parte de música ligera de ritmos exóticos, esa donde reinan los bongos, las congas y maracas, que, indudablemente se puede codear con las compuestas en ultramar. Las versiones fueron rotundas, sin problemas para los músicos;a mi juicio, un tanto estáticas, en el sentido de que, quizás, en las repeticiones de los temas, podía haber habido más contrastes. Sí que los hubo en algún bolero, con el apacible sonido de saxos solos, o las trompetas en sordina. La versión de los pasacalles, -que también me sorprende un poco por no hacer un pequeño corte al empezar la jota, por ejemplo-, es, sin embargo, absolutamente ortodoxa, ya que, al ser para una banda que va andando, no caben cortes de ningún tipo. Cortes que son más bien de obras para salas de concierto. De todo se aprende. Y es que la calle entró en el Gayarre, con su luz, su tempo, su gente, que apenas podía quedarse quieta, en el asiento, sin bailar.