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Marta Román Rivas geógrafa y experta en proyectos de movilidad infantil

“La acera no es solo un lugar de tránsito, sino también de estancia y de juego”

La madrileña Marta Román Rivas ofreció el día 22 una conferencia sobre ‘Infancia y ciudad’ en el Parlamento. En ella, abogó por recuperar las ciudades para niños y niñas

G. Montañés Iñaki Porto - Martes, 29 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Román visitó la semana pasada Pamplona para dar una conferencia en el Parlamento de Navarra.

Román visitó la semana pasada Pamplona para dar una conferencia en el Parlamento de Navarra.

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Román visitó la semana pasada Pamplona para dar una conferencia en el Parlamento de Navarra.

pamplona- Marta Román Rivas, geógrafa e integrante de la consultoría Gea21, comenzó a especializarse en la movilidad infantil tras leer One false move, un libro (lo elaboraron en Reino Unido Mayer Hillman, John Adams y John Whitelegg) que apuntaba cómo, en los 70, ocho de cada diez niños y niñas de 8 años “iban por su cuenta al cole”. Un balance que, en los años 90, había caído al 8%. Entonces, con una hija de 8 años y como profesional del Urbanismo y la Geografía, Román se planteó si debía seguir involucrada en grandes proyectos urbanos o caminar en otra dirección.

En Pamplona, y como parte del colectivo de mujeres urbanistas, colaboró en los 90 para repensar el Plan General de Ordenación Urbana desde la perspectiva de las mujeres. Recuerda que, entonces, le sorprendió sobre todo la ciudad por su “calidad de vida”. Ahora, tras dar una charla en el Parlamento, invitada por el Consejo Escolar, la Federación de Municipios y Consejos y la propia Cámara, sigue invitando a reflexionar sobre la ciudad que queremos.

¿Una ciudad de tamaño más pequeño puede plantearse soluciones urbanísticas diferentes?

-Las medidas pueden ser aplicadas en cualquier ciudad. Porque las ciudades grandes funcionan mucho en los barrios, que deberían ser una célula bastante autónoma al proveer los servicios básicos a la población en la vida cotidiana. Aunque en los últimos años ha habido un urbanismo muy devorador de suelo, con barrios que se han alejado de la ciudad.

El diseño de la ciudad está muy marcado por la presencia del coche. De hecho, plantear alternativas parece algo de soñadores.

-Está claro que el coche, como máquina, tiene unos efectos muy perversos para el espacio público, para la convivencia, para la salud... El coche representa un nuevo modelo de sociedad individualizada, y por eso ha tenido éxito. Si no, habría sido impensable que cediéramos el espacio colectivo a unos objetos privados.

Pero ver al coche como un enemigo genera opiniones contrapuestas.

-Es una pena que se dirima de esa manera tan polarizada, porque normalmente las soluciones siempre están en los grises. Debemos plantearnos para qué necesitamos el coche, cuándo, quién lo utiliza... Porque, paradójicamente, las personas que teóricamente más lo necesitarían son quienes no tienen acceso, como personas mayores o con problemas de movilidad, mujeres con muchas tareas a su cargo... El gran debate es qué pasa con el espacio público, donde personas diversas pueden encontrarse, donde debemos dar la batalla.

¿Y esa batalla puede ganarse con actuaciones puntuales? Porque esas medidas pueden parecer más parches que un plan global.

-Hay que tener en mente, y es lo que a veces cuesta, un modelo de ciudad, y marcar una dirección, de una forma coordinada, y buscar alianzas. Eso requiere valentía, porque siempre estas cosas generan conflicto. Y es importante que la propia Administración no entre en contradicciones, porque por un lado a veces se peatonaliza un área, y por otro se construye una vía rápida o un aparcamiento.

Es decir, medidas que sumen.

-Sí. Por ejemplo, si planteas otra movilidad, haces itinerarios ciclistas con una idea de red. Y es importantísimo atender de forma prioritaria los temas peatonales. Hay que respetarlos no solamente como un lugar de tránsito, sino cada vez más como un lugar estancial y de juego. Las aceras son un lugar de convivencia ciudadana. No solo estamos en la ciudad para corretear de un sitio para otro, sino también para encontrarnos.

Si en diez años han cambiado muchas cosas en las ciudades, ¿qué puede cambiar en otros diez?

-Hay muchos escenarios posibles, y seguramente esos escenarios pueden convivir en la misma ciudad, y ya lo estamos viendo. Hay escenarios con calles globales con pisos turísticos y actividades terciarias en centros muy atractivos para el turismo;otro futuro posible es la desconexión y degradación urbana, con pérdida de población y desconfianza;luego otro escenario es el de la sostenibilidad, y hay mucha gente trabajando en esa línea, vinculada a la adaptación al cambio climático... Y creo que todos esos escenarios pueden ir conviviendo, de alguna forma, en un barrio. [Piensa unos segundos] Una cosa es lo que deseemos y otra lo que pueda ser.

También quería preguntarle por los caminos escolares. Sin tomar medidas desde la Administración, ¿se puede animar a las familias a que pierdan el miedo a que escolares realicen solos estos recorridos?

-Yo digo que la infancia debería tener una crianza comunitaria, que cualquier ciudadano o ciudadana debe velar por el bienestar infantil. Ahora parece como que solo las familias son las responsables, y asumen todo lo que antes recaía en la comunidad. Y propongo más autonomía infantil como parte de proyectos colectivos. En un barrio o en una comunidad escolar.

¿Cómo debería plantearse un patio escolar?

-Para empezar, no tener aprioris [pone como ejemplo el dominio del fútbol en el diseño de los patios], aunque luego decidamos que son una necesidad. En muchas intervenciones se quitan estas prioridades, y aparecen cosas distintas. Por ejemplo, aparece más el juego mixto, como el escondite, donde niñas y niños se sienten legitimados para jugar, el juego libre de forma más creativa, más contacto con la naturaleza... Y tengo la sensación de que aquí vivís con una proximidad mayor a lo rural que en otros lugares. Se trata de mantener ese hilo, ese patrimonio, en los colegios. Hay que favorecerlo.