Silbidos

Dos jugadas comentables y una situación desoladora

Por Manuel Osorio - Miércoles, 30 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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el pasado sábado los aficionados nos colocamos enfrente de la tele para ver la final de la Champions League: Comportamiento bastante correcto de los jugadores, buen arbitraje y algunas situaciones curiosas. Me referiré a dos desde el punto de vista reglamentario y a otra más personal.

El primer gol viene de una jugada pintoresca, el portero intenta lanzar el balón con la mano hacia un compañero pero un adversario, situado a unos dos o tres metros de distancia, intercepta el balón y marca gol, el portero inicia una tímida protesta. ¿Por qué? ¿Qué reclama? Si leemos la regla 12 encontramos este párrafo entre las infracciones sancionables con tiro libre indirecto: “Impide que el guardameta lance el balón con las manos o patea o intenta patear el balón cuando el guardameta está en el proceso de lanzar el balón con las manos”.

La clave está precisamente en que el portero ha acabado ese “proceso” de lanzar el balón. Caso muy diferente habría sido si el delantero hubiera realizado su acción mucho más cerca impidiendo la ejecución de la jugada.

Mas desapercibida pasó  la aparición en el área de un espontáneo perseguido por dos miembros de la seguridad durante un ataque ciertamente peligroso. El árbitro detuvo la jugada atendiendo a lo escrito en la regla 4: “Si un miembro del cuerpo técnico, sustituto, jugador sustituido, jugador expulsado o agente externo entra en el terreno de juego, el árbitro deberá  detener el juego únicamente si hay una interferencia en el juego”. La reanudación fue con un balón a tierra.

Queda claro que en este tipo de situaciones el árbitro debe valorar si existe interferencia real en el juego, de no ser así podrá dejar continuar aún con el agente externo en el campo. El incidente se produjo con el marcador muy definido, en otras circunstancias habría traído cola.

Pero seguramente la imagen que quedará en el recuerdo será la del portero hundido en la soledad de su fracaso, sólo en su portería, con la mirada perdida, deseando encontrarse a mil kilómetros de allí. Sufrió un injusto linchamiento global por dos errores puntuales, gravísimos sí, pero dos.

Tuvo su peor día en la ocasión menos apropiada. Se atribuye a John F. Kennedy la siguiente frase: “El éxito tiene muchos padres pero el fracaso es huérfano”. Cruel.

Comité Navarro de Árbitros de Fútbol