la carta del día

La estética del auzolan

Por Víctor Izco Cruz - Jueves, 31 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Piparrika es una asociación vecinal sin ánimo de lucro formada por personas de diferentes ámbitos sociales y culturales unidas por un proyecto común, por la voluntad de mejorar su barrio y por una forma diferente de entender el ocio.

El proyecto surgió allá por 2013, tras cuatro largos años apelando a las instituciones para que éstas cedieran algún rincón olvidado de la ciudad para labrar una huerta y devolverlo así a la vida. Finalmente, tras un cambio de Corporación municipal, la demanda fue atendida. Se barajaron varios enclaves y el rincón de Pellejería, una plaza interior del corazón del Burgo de San Cernin que siempre había estado cerrada al uso público, se llevó la partida.

A partir de allí se unieron muchas más personas a la asociación y comenzaron las tareas de desescombro, limpieza de basura, etcétera. Sirvieron estas tareas como punto de encuentro para el vecindario. Es bonito comprobar cómo cada jornada de trabajo se juntan gentes de distinta índole para pasar un tiempo de ocio juntos, cómo los jubilados con experiencia hortícola aleccionan a las demás personas para preparar un cultivo de hortalizas mientras los pequeños, que acuden acompañando a sus padres, juegan con el barro buscando lombrices, se fabrican una ballesta con un par de palos, o simplemente les entra la curiosidad y terminan ayudando en las labores de la huerta. Moisés, un congoleño asiduo a este espacio, siempre sonríe con estas estampas y cuando echa de menos el corazón de África trabaja la tierra con las manos, sin azada.

El principio eminentemente abierto e integrador que tenemos como axioma nos lleva muchas veces a meternos a colaborar con diferentes colectivos y agrupaciones en sus propios proyectos: 25 actividades desarrolladas con ONG y colegios: Anfas, Nuevo Futuro, París 365, Motxila 21, etcétera. Actividades atendidas debidamente por miembros voluntarios de la asociación atestigua el carácter extrovertido del proyecto Piparrika.

También las cesiones del espacio y apoyo logístico a diferentes eventos como la Feria de la Agricultura Ecológica de Navarra, Asociación de Amigos de la Jota, Día Nacional de la Lengua de Signos, Alternatiben Herria, fiestas del Casco Viejo, San Fermín Chiquito y muchos más que no caben aquí enumerar, para que personas en principio

ajenas a la asociación puedan acercarse y disfrutar del espacio que se ha conseguido.

Como siempre buscamos la integración y la colaboración de distintos estamentos y agrupaciones, en Piparrika tenemos, como consecuencia de este empeño, un espléndido domo geodésico elaborado por la Escuela Taller de Carpintería y Mueble, y un mural que centra el jardín vertical de la entrada dando la bienvenida en 15 idiomas pintado por personas menudas en una jornada del Bizikalea. La planificación, la orientación y el remate final de este mural fue realizado por profesores de la Escuela de Artes de Pamplona. En nuestros carteles explicativos usamos tres idiomas, incluido el braille, y el diseño de los iconos que utilizamos en los mismos ha sido realizado por alumnos de la Escuela de Diseño Gráfico. Estamos preparando más colaboraciones para el futuro, y a buen seguro que ayudan a seguir embelleciendo la plaza, a darle sentido y utilidad.

El resultado final de este tipo de trabajos hechos en auzolan y acometidos por personas corrientes no se parece a una intervención planificada por arquitectos y ejecutada por constructoras. Tampoco encontrarán las últimas tendencias en diseño urbano. La resolución suele ser de otro tipo, más cercano al pueblo, y contiene la belleza efímera de las cosas hechas con cariño. Ésta es la estética del auzolan de la que les hablaba, la que se consigue a base de ayuda y colaboración, la que surge de la inteligencia colectiva, la que brota de la voluntad de las personas cuando se proponen hacer algo más grande que ellos mismos. La que garantiza el buen uso de las instituciones que ponen los medios a disposición ciudadana para que entre todas consigamos tener una ciudad mejor, más habitable y en la que nos sintamos cómodos.

En el rincón de Pellejería antes solo había basura y ratas, ahora hay una plaza llena de vida hasta cuando no hay nadie en ella. Gracias al trabajo vecinal en Pamplona hay un rincón más ganado al olvido para el disfrute de todos los ciudadanos. Si pasan por el

centro y les apetece visitar el primer huerto urbano de Pamplona serán bienvenidos. Lo mantenemos abierto al público de sol a sol todos los días del año.

El autor es miembro de Piparrika

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