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Buenas razones para la manifestación contra el euskera

Por Koldo Martínez - Viernes, 1 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

¿Conoce alguien un lugar en el mundo donde saber dos lenguas pueda resultar más perjudicial que conocer una sola?”, se preguntó en una ocasión el euskaltzaina baztanés Pello Salaburu, hace ahora quince años. Pero es que, más allá de la ironía de la pregunta, efectivamente, conocer dos lenguas -siempre que la segunda fuera el euskera, claro- ha sido en Navarra perjudicial durante muchas décadas. Perjudicial en determinados ámbitos sociales o económicos en los que, bajo la sombra de la hegemonía política de la derecha, el mero hecho de ser conocedor de las dos lenguas oficiales de Navarra era ya motivo de sospecha. Perjudicial para emplearse en la Administración pública -las y los aspirantes bilingües deben, aun hoy en las famosas listas segregadas de las OPE, renunciar a una de las dos lenguas para poder optar a una plaza, porque no pueden sumar ambas- o perjudicial para aquellos padres y madres que, en el sano ejercicio de su libertad de enseñanza, optaban por una educación en euskera en la llamada zona no vascófona de la Comunidad Foral, porque en función de su lugar de residencia tenían menos derechos que sus vecinos de apenas a unos pocos kilómetros al norte del paralelo 38. Son únicamente algunos ejemplos, pero sí, amigo Pello Salaburu, claro que en Navarra hemos conocido ese lugar.

Afortunadamente, con el cambio de gobierno hemos empezado a vivir un proceso de normalidad en la convivencia de lenguas -de dos, de cuatro con inglés y francés o hasta de siete lenguas si incluyéramos chino, alemán o árabe…- acorde con los tiempos de la globalización y la diversidad cultural. Y, además, ha sido un proceso que la propia sociedad navarra ha asumido con asombrosa naturalidad. El euskera ha salido de las sombras y se han generado espacios de convivencia muy estimulantes entre comunidades castellanoparlantes y euskaldunes. Se han roto muchas barreras y se han abierto los mundos… Navarra, indudablemente, se ha enriquecido con el plurilingüismo.

Pero hay quienes padecen nostalgia y parecen vivir mejor en la trinchera y detrás de aquellos muros y barreras. Estos mismos adalides de la derecha se equivocaron al profetizar el apocalipsis económico de Navarra con el cambio de gobierno. Todos los indicadores -de empleo, PIB, déficit público o índice de confianza empresarial- están contribuyendo ahora a que el discurso apocalíptico raye el ridículo. Se equivocaron avivando una absurda guerra de banderas para intentar encender a las masas. Tuvieron que dar marcha atrás y pedir a los suyos que plegaran las banderas de los balcones porque las andanadas se volvían contra ellos en una sociedad real y plural que estaba a otras cosas más serias. Y se equivocan ahora al azuzar una supuesta batalla lingüística inexistente con el único propósito de utilizar a las masas y al euskera como ariete contra el Gobierno de Navarra. Y es que muchos ámbitos de la sociedad navarra -incluso no euskaltzales y votantes de la oposición- no entienden que a estas alturas se tenga que convocar una manifestación contra el euskera, una ocurrencia totalmente extemporánea, fuera de los tiempos.

Como subrayo en el título de este artículo, hay efectivamente buenas razones para sumarse a la manifestación contra el euskera de mañana. Que el Gobierno obligue a saber euskera para poder optar a una plaza en la Administración foral;que imponga el vascuence en todas las escuelas de Navarra y sustituya al inglés o al castellano;o que para los quirófanos de Osasunbidea prefiera a un euskaldun que a un buen médico -como si fueran cualidades contrapuestas y excluyentes- son, efectivamente, muy buenas razones para sumarse a la manifestación contra el euskera. Y no es una ironía;me he limitado a repetir los argumentos que he escuchado entre las arengas de estas últimas semanas. Sí, son buenas razones y hasta yo mismo me sumaría… si no fueran burdas falacias. O como diría aquel siniestro propagandista germano, sencillamente son mentiras repetidas mil veces.

La realidad hoy es que a quienes sean bilingües se les reducen las oportunidades como aspirantes a un empleo público porque se les segrega en listas incompatibles y tienen que renunciar a una lengua, y me limito a remitirme a aquel clarificador vídeo viral sobre las legumbres que divulgó la interina Dalia Rosagarai (https://www.youtube.com/watch?v=vM1Qf5bUEqk). La realidad hoy es que el conocimiento de las dos lenguas oficiales de la Comunidad Foral puntúa en una OPE únicamente 0,7 puntos más sobre 100 respecto a una lengua extranjera. La realidad hoy es que apenas 148 funcionarios no docentes de la Administración foral son bilingües por requisito de plaza. 148… ¡de un total 23.000! La realidad hoy es que en el Complejo Hospitalario de Navarra hay una única plaza de requisito bilingüe de 6.000. O que en Cultura no haya ninguna de entre 379. La realidad hoy es que el sistema educativo navarro permite elegir entre la escolarización en una sola lengua, en dos, en tres con inglés y hasta en cuatro a partir de Secundaria. No se excluyen. La realidad es que hay grandes médicas y médicos monolingües y grandes médicas y médicos plurilingües. Más allá de su competencia o méritos profesionales, la única diferencia es conocer una o las dos lenguas para atender a los pacientes. Y la realidad es, también, que el 75% de la población mundial vive en sociedades donde convive más de un idioma y la Unesco lo considera una riqueza digna de proteger.

Sí, es obvio, pero pareciera un gran descubrimiento pitagórico: las lenguas suman. Y en Navarra, la coexistencia de dos idiomas enriquece a la Comunidad. Es un error político -y peor aun, es un absurdo- pretender poner puertas al campo y manifestarse contra esa riqueza de Navarra. No caigamos en el ridículo de la polémica protagonizada recientemente por el abogado Aaron Schlossberg, quien llamó a la Policía de Inmigración en una cafetería de Nueva York para denunciar a dos mujeres por hablar entre ellas en castellano. Como en aquella cafetería neoyorkina, y vuelvo a la reflexión de nuestro Pello Salaburu con la que arrancaba, hay quien sigue pensando que, efectivamente, saber dos lenguas debe ser más perjudicial que conocer una sola.

El autor es portavoz de Geroa Bai