Música

A modo de despedida

Por Teobaldos - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Último concierto del curso y de la titularidad de Wit, aunque es un hasta luego del maestro, porque seguirá con la orquesta como invitado. De la treintena larga de comentarios en los que nos hemos ocupado del director de Cracovia, entresaco aquel concierto de noviembre de 2010, cuando fue nombrado principal director invitado. Fue un concierto que planteaba las líneas a seguir, y que hoy vemos cumplidas: descubrimiento, para nosotros, de músicos polacos, cooperación con buenos solistas y gusto por el sinfonismo romántico. Curiosamente, aquel concierto se abrió con una obra del polaco Kilar (Orawa), donde la cuerda era protagonista;poderosa y envolvente en su arrebatador crescendo (DIARIO DE NOTICIAS 18-11-2010). Este periplo de titularidad invitada y oficial, se cierra, también, con una contundente versión de la Metamorphosen de R. Strauss, en la que una orquesta de cuerda de sonoridad apretada, frondosa y de enorme carga emocional, mostró la extraordinaria orquestación y tensión de la obra, aun siendo el comienzo un poco turbio.

Pero la gran cita de la tarde era el Réquiem de Brahms. Wit lo dirige de memoria, con un comienzo un poco pesante en el comienzo y que acelera muy adecuadamente en las fugas. Con detalles, sobre todo orquestales, muy hermosos y de maestro. Un coro que responde bien, en líneas generales. Y unos solistas desiguales: solvente la soprano, y que no dio la talla, el barítono.

1.- Precioso pianísimo del coro en el Selig sind, después de la oscura entrada de la orquesta;bonito color en altos, presencia sólida de bajos;los tenores, a veces aportan más luz que las sopranos, que debería ser la cuerda preeminente.

2.- Un poco pesante -es lo que pone la partitura, langsam-. Hermoso detalle del director al adelantar el fuerte en las trompas, preparan el del coro: redondo y de gran efecto, empastado pero sin emborronar. El maestro le pide más al arpa, queda muy bien. Brillante el Aber des Herrn, y buen tempo para la fuga;el agudo de las sopranos queda un poco inconcluso de fuerza.

3.- El barítono fluctúa en afinación y su color comienza un tanto gutural, sufre el fraseo. La primera gran fuga es correcta, la orquesta sale con limpieza;es uno de esos fragmentos en los que parece que lo que primea es llegar al calderón.

4.- El Wie lieblich, quizás, uno lo quiere un poco más volátil al comienzo, para contrastarlo más con el “Die loben”;aunque están muy logrados los acentos orquestales mientras el coro mantiene su fraseo lírico ligado. 5.- La soprano salva con gusto su preciosa parte: volumen suficiente, intensidad romántica, con algún adelgazamiento hacia el matiz piano que aporta espiritualidad. El coro en of, muy bien.

6.- De nuevo el barítono resulta muy angosto para que fluya el canto. El maestro toma la fuga final con un tempo cómodo para el coro;en medio de la espesa sonoridad se distinguen, sin embargo, las entradas de las diferentes cuerdas. El Kraft final, como su nombre indica, de fuerte granito.

7.- El maestro ataca el último número sin resuello después de la fuga. El coro aguanta -un poco desfondado a estas alturas, la obra es muy dura- un mesoforte mantenido que va disolviendo la magistral partitura. Los contrabajos abren y apoyan el final;así como la presencia, casi fuerte, de la orquesta sostiene la desnuda e ingrata entrada de tenores;son detalles del maestro para que el final no decaiga, como suele suceder. Buena pronunciación alemana del coro. En cualquier caso, por encima de todo, está Brahms, y el enorme privilegio de escucharlo con los elementos de casa. Gracias por todo.