Francisco Narla | escritor

“En los sótanos del Vaticano había seis prepucios de Jesucristo y leche de la Virgen María”

Francisco Narla nos traslada al siglo XIII con ‘Laín, el bastardo’, una novela histórica que basa gran parte de su trama en Navarra y que ayer presentó en la Feria del Libro

Amaia Rodríguez Oroz | Iñaki Porto - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Francisco Narla, con un ejemplar de ‘Laín, el bastardo’.

Francisco Narla, con un ejemplar de ‘Laín, el bastardo’. (IÑAKI PORTO)

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Francisco Narla, con un ejemplar de ‘Laín, el bastardo’.

PAMPLONA.- Su primer libro apareció hace ya casi diez años y durante mucho tiempo sus historias giraban entorno al terror y al suspense, hasta que tocó las puertas de la novela histórica con Assur. Este año, Francisco Narla (Lugo, 1978) fue galardonado con el Premio Edhasa Narrativas Históricas por su novela Laín, el bastardo, un libro del cual el jurado resaltó la “calidad de la escritura y de la trama”, así como el “compromiso del largo aliento con una historia que atraviesa la convulsa historia de España y de parte del mundo conocido a lo largo del siglo XIII”. La novela tiene como protagonista a un hijo ilegítimo de dos Rodrigo Seijas, señor de San Paio. El anhelo de Laín es conseguir que su padre se enorgullezca de él tras su vuelta de las Cruzadas pero, al desaparecer, el protagonista se embarca en un viaje desde Galicia hasta las lejanas tierras de Mongolia para encontrarlo.

¿Podría decirse que Laín, el bastardo es una novela de aventuras más que de una novela histórica?

-Lo de los géneros es siempre discutible, pero sin duda se trata de una novela de aventuras. La novela histórica da margen a muchas cosas, como El nombre de la rosa, que es de misterio a la par que histórica. En mi opinión,Laín, el bastardo es una novela clásica, donde hay muchas aventuras y un viaje físico que supone, a su vez, un viaje intelectual que transforma al protagonista como persona. El entretenimiento es una premisa fundamental a la hora de escribir novelas;si escribes ensayos, hablaríamos de otra cosa. Yo siempre busco el entretenimiento, y cuando tengo que dar ambientación histórica, procuro ante todo que esté bien integrada. La novela debe respirar historia pero no tanto por dedicar párrafos enteros a presumir de todo lo que sabes, sino porque debe transportarte a esa época de la que hablas en todas las páginas del libro. Al final, se trata de contar una buena historia, y al contar una buena historia se desprenden consecuencias, como conflictos personales, interpersonales, narrar sociedades, momentos y tiempos, y si eso está bien hecho y funciona como historia, tendrá la parte intelectual que toda novela debe tener.

Laín, el protagonista, se mueve por una búsqueda constante de la aprobación de su padre. ¿Es esta relación entre padre e hijo la que marca el rumbo de la novela?

-Es uno de los leitmotiv de la historia. Uno de los grandes bastardos de la historia española es Guzmán el Bueno, quien intentó ganar una buena posición a pesar de ser bastardo. En el caso de Laín, viene a ser lo mismo. Pero lo que acaba descubriendo es que él vale por quién es y no por ser hijo de nadie, y es una de las lecciones de la novela. En ese punto de vista moral, tiene ese eje paternofilial, esa transformación del personaje cuando persigue un sueño que es imposible, y el ciclo se cierra en la novela.

Uno de los aspectos más curiosos del libro es el narrador: el trovador Martín Códax. ¿Cómo construyó este personaje del que apenas se encuentra información?

-Cuando estaba estudiando la lírica galaicoportuguesa descubrí que Martín Códax no tiene biografía y no sabemos nada de él. Y eso es un caramelito para cualquier escritor. ¿Cómo un hombre tan poderoso, cuyas cantigas ha interpretado hasta la Orquesta Sinfónica de Sidney, es tan desconocido? A nadie se le ocurrió construir una novela sobre él. Pensé que sería una gran idea y analicé la idea de inventarme su biografía, pero llegué a la conclusión de que las biografías no funcionan. ¿Por qué? Porque hay que hacerlo con mucho cuidado, nuestras vidas no están ordenadas como se cuenta una historia, y las historias funcionan con unas pautas. La novela no debe ser realista, pero sí debe parecerlo. Igual en el cine. Por ejemplo, en una película dos personas se acuestan juntos y a la mañana siguiente a nadie le huele mal el aliento o van a practicar sexo y no se paran para ponerse el preservativo. Las novelas, como las películas, deben ser realistas en apariencia. Y como las biografías no suelen funcionar, llegué a la conclusión de que el mayor objetivo de un trovador del siglo XIII sería contar su gran historia. Por eso, cuento cómo Martín Códax narra, descubre y se involucra en esta gran historia. De esta manera, la novela nos refleja un siglo XIII bastante completo desde el punto de vista de Occidente a través de todos los elementos que definen este siglo, con un elemento fundamental para mí, que es que los españoles estuvieron en las Cruzadas.

Navarra es uno de los lugares donde acontece gran parte de la trama y, de hecho, donde comienza la novela.

-Navarra es eje fundamental de la novela desde el punto de vista argumental, porque el padre de Laín queda perdido en la cruzada de Teobaldo de Navarra. Sabemos que Navarra tenía relaciones con Galicia pero las tenía con todos. Al final, en aquellos años estaban todos liados entre sí. Cuando Teobaldo de Navarra dice que va a hacer una cruzada, hay gente que acude a su llamada. Y uno de los primeros pasos de la novela es qué sucedió allí. Ahí se descubren muchas cosas, como que Teobaldo no es un hombre tan simpático como parece y, además, entran en juego otros aspectos sorprendentes como el comercio de reliquias. Yo no tenía ni idea de que en los sótanos del Vaticano había seis prepucios de Jesucristo, plumas del Espíritu Santo, la leche de la Virgen María o, incluso, el suspiro de San José cuando María le cuenta que está embarazada. Pero sí, se vendían y además por mucho dinero. En Navarra se descubre esto y la implicación de los Templarios en este comercio de reliquias. El paisaje en Navarra es importante, además, para describir la ciudad y cómo los personajes tienen que ir de un lugar a otro.

Habla del tráfico de reliquias como aspecto sorprendente, pero también adquiere mucha importancia la cetrería.

-Pretendía sorprender con ello, porque tiene un rigor histórico absoluto. La cetrería era muy importante y, de hecho, las Cruzadas permiten que esta cultura se traiga aquí. Como no paraba de encontrarme referencias a la cetrería mientras me documentaba, me parecía algo interesante para incluir en el personaje. Los personajes, al final, siempre tienen cosas que les distinguen, que impacten. Como, por ejemplo, James Bond, que es guapo, hábil y nunca se le arruga la corbata. Y estas características originales ayudan a identificar al personaje y a darle mucha potencia. Convertir a Laín en cetrero era algo muy atractivo, que también reflejaba algo muy importante para mí en todas mis novelas, que son los animales, hacia los que tengo una especial querencia.

Documentarse sobre este siglo y los muchos lugares que recorre el libro, ¿le resultó un trabajo arduo?

-Siempre lo es. Sobre todo porque he descubierto que soy bastante pedante como lector. Por ejemplo, si escriben sobre aviones -Narla es también comandante de línea aérea- y veo que cometen fallos, me da mucha rabia. Y, por supuesto, tengo lectores que saben de tiro con arco, de cetrería, de la ropa y las costuras del siglo XIII, etcétera, y no puedo fallarles. Yo pago las facturas porque la gente compra mis novelas. Lo menos que puedo hacer es cuidar los detalles para que a ningún lector le disguste algo que he escrito. Eso sí, cuando la documentación es buena nunca debe dificultar la lectura, sino que debe pasar inadvertida para el lector. Quien sepa de lo que hablo, verá que hablo con conocimiento, y quien no sepa no se preocupará de que ninguno de estos detalles le interrumpa la lectura.

¿Qué diferencia Laín, el bastardo de sus trabajos anteriores?

-Lo primero es que la novela, a mi parecer, está mejor. Todo artista debe intentar que su próxima obra sea mejor que la anterior, y eso intento yo con mis novelas. Pero, sobre todo, la mayor diferencia se encuentra en que la carga femenina es más importante que nunca, pero no puedo decir más porque destriparía toda la novela.

Empezó su andadura como novelista con thrillers y, después, se pasó a la novela histórica. ¿Ha encontrado aquí su sitio o no descarta explorar nuevos géneros?

-No suelo pelear batallas en las que puedo perder. Los escritores debemos ser honestos y escribir sobre cosas que nos gustaría encontrar en las librerías. Creo que podría escribir con solvencia sobre muchas cosas diferentes y, de hecho, tengo muchas ideas. Pero soy Francisco Narla, no Stephen King. Me encuentro a gusto escribiendo novela histórica y el público me acepta y me sitúa en este género. Estoy encantado así, qué puedo decir.

las claves

“Una novela puede respirar historia y ser a su vez un libro de aventuras, teniendo siempre el entretenimiento como premisa fundamental”

“Martín Códax, el trovador, nos narra y descubre un siglo XIII bastante completo desde el punto de vista de Occidente”