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A la ikastola: de allá para acá

La escuela en euskera no es exclusivista ni discrimina, como dicen los convocantes de la marcha del 2-J. Familias de escolares, también de diferentes orígenes y naciones, defienden el papel integrador del Modelo D.

Un reportaje de Daniel Burgui Iguzkiza | Fotografías Unai Beroiz y Fermín Pérez-Nievas - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Fatima, Leila, Rachida, Chofik y Khalid, con sus hijos/as en el patio de la ikastola pública Hegoalde de Pamplona.

Fatima, Leila, Rachida, Chofik y Khalid, con sus hijos/as en el patio de la ikastola pública Hegoalde de Pamplona. (UNAI BEROIZ)

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Fatima, Leila, Rachida, Chofik y Khalid, con sus hijos/as en el patio de la ikastola pública Hegoalde de Pamplona.

En casa de Teresa Nkatia se entienden por lo menos en cuatro idiomas: en castellano, inglés, euskera y habitualmente también en twi, una de las 79 lenguas autóctonas de Ghana, país de nacimiento de Teresa. No muy lejos de allí, en el mismo barrio pamplonés de La Milagrosa, en el hogar Khalid Elbouhali o en el de sus vecinos, el de Chofik Handat y Rachida Doudouhi, ocurre similar: entre ellos y sus hijos se escuchan conversaciones en bereber rifeño, árabe magrebí, castellano, francés y euskera. Todas estas son familias de niños y niñas que cursan sus estudios en el Modelo D, en euskera, en la ikastola pública Hegoalde de Pamplona-Iruñea. Y todas estas familias provienen de diferentes orígenes y países. Aunque como reconoce Inés López, directora del centro, la presencia de familias de origen migrante no es masiva sí que su centro reúne más de once nacionalidades diferentes, prácticamente en cada clase y curso hay niños y niñas de diferentes orígenes. Una realidad social común y normal en un barrio diverso como es La Milagrosa, independientemente del modelo lingüístico.

“La gente tiene una idea muy falsa, muy errónea de que si aprendes una lengua vas a perder otra. Estudiar otro idioma siempre es ganar. Quizás es más complicado para nosotros para los papás y mamás, pero en la ikastola todo han sido facilidades”. El que habla así es Chofik Handat, padre de Malak de 8 años y de Iman, de 6 años. Su mujer Rachida habla con entusiasmo sobre el trato que reciben en la ikastola: “Las niñas son como esponjas, a esta edad aprenden de todo, pero lo más importante es que estén felices, que tengan gusto y ganas de ir a la escuela cuando se levantan por las mañanas”. Esta era su mayor preocupación, porque hace tan solo tres meses que van a este colegio, antes estuvieron viviendo en Otsagabía durante años y las niñas se escolarizaron allí, por eso la decisión de matricularse en Modelo D. Tanto ella como su marido nacieron en Marruecos y han vivido por motivos de trabajo en Málaga y en Palencia. “Me ofrecieron trabajo en otro lugar, pero en Navarra estamos felices”, cuenta Chofik que se emplea como mecánico. “Ahora no me imagino que estén en otro colegio, y además una de las cosas que me pidió Malak al venirnos a vivir a Pamplona fue que quería seguir estudiando en euskera, que le gustaba mucho. Cuando nos fuimos de Otsagabía fue muy emotivo hicieron en el colegio un vídeo, una fiesta y nos pusimos todas a llorar, nos querían mucho allá y también aquí”, relata Rachida.

Para Khalid Elbouhali, que lleva 15 años viviendo en Pamplona, decidió enviar a su hijo Adam, de 7 años (y pronto a lo hará la pequeña Malak, de 3 años) porque “tenía muy buenas referencias del colegio”. “Está cerca de casa y todo el mundo hablaba muy bien de esta escuela. Mucha gente en la mezquita o amigos marroquíes también les gustaría enviar a sus hijos aquí, aprenden mucho”, asegura.

Lo mismo le ocurrió a Teresa y a su marido Steven cuando estaban paseando por el barrio y tenían que matricular a su hija Gifty: “Nos enamoró cómo jugaban los niños en el patio y la escuela, y al día siguiente vinimos a verlo a ver si conseguíamos una plaza para ella”.

Todas estas familias, al margen de toda polémica, reconocen que no entienden las palabras de quienes argumentan que este puede ser un modelo lingüístico discriminatorio, tal y como señalaron algunos de los convocantes de la manifestación que hoy sábado recorrerá las calles de Pamplona contra la política lingüistica. Lejos de sentirse discriminadas o una rareza o excepción, ofrecen una gran variedad de ejemplos diarios en los que tener hijos/as euskaldunes ha sido y es una puerta que les abre las simpatías de sus vecinos, una herramienta para el futuro de sus hijos y fomenta una gran sensación de arraigo en Pamplona. “Causa mucha sorpresa, cuando mi hija Gifty -de 7 años- y su hermano Enmanuel -de 5 años- van cantando canciones en euskera en la villavesa o entran a una tienda y charlotean entre ellos, en seguida se les acerca alguien a hablar en vasco y provocan admiración”, cuenta Teresa que confiesa que ella también trata de entonar esas canciones aunque luego su hija le recrimina que “no sabe”. “Pero me encanta como suena este idioma y su música”, dice. Y relata que siempre los profesores han sido muy cariñosos: “Al día siguiente que Gifty comenzó las clases, el 7 de septiembre, era su tercer cumpleaños y Josune la profesora le dio un gran abrazo y cantó el zorionak y en seguida me hablaron a mi en inglés porque entonces yo no entendía tan bien en español”.

También en la Ribera

De Medellín a Tudela

La ikastola no era la primera opción de Claudia para matricular a su hijo Naim, pero resultó ser la más conveniente. Claudia Carmona, de 47 años, nació en Medellín (Colombia) y desde hace 14 de años vive y trabaja en Tudela. Cuando se quedó embarazada de Naim ya había oído hablar muy bien de la ikastola Argia de Fontellas y cuando empezó a buscar una guadería para su hijo, la de la ikastola era el único lugar cerca de casa donde el niño podía estar desde las nueve de la mañana hasta la tarde. Supuestamente la idea era solo que estuviese en la guardería. “Pero como el trato era tan bueno... pues ya han pasado 12 años”, dice divertida Claudia. “La ikastola es una gran familia, se preocupan mucho por él, el trato de los profesores es extraordinario y estoy encantada. Se implican mucho con los niños”, explica Claudia.

“No en todos los colegio se ve eso, por ejemplo mi hijo mayor (que ahora tiene 29 años y vive en Zaragoza) estuvo en un colegio en La Rioja y lo pasó muy mal, le hicieron la vida imposible, son a veces circunstancias, la clase, los otros niños, pero se le quitaron las ganas de ir al colegio. Finalmente se sacó sus estudios en la escuela nocturna por su cuenta”, relata.

“A veces me preguntan ¿y cómo es que tu colombiana llevas a tu hijo allí? Pues porque mi me parece que Naim aprende mucho, veo lo bien que va y es una maravilla. El mayor problema es más la mentalidad de algunas personas, sobre todo españolas, algunas vecinas aquí en Tudela que escuchan hablar de los vascosy te dicen: ¡Uf, tú llevas tu hijo a la ikastola pues le van a meter ideas en la cabeza y no sé qué. Pues no veo yo que mi hijo venga a casa diciendo ninguna cosa mala, es más, todo lo contrario. Y estoy orgullosa de que hable más idiomas. El único inconveniente es el esfuerzo económico. Si en la Ribera fuese pública más gente que vendría aquí. Yo solo tengo buenas palabras”.

manifestación 2-j

el psn defiende su participación

Coherencia. El secretario de Organización del PSN, Ramón Alzórriz, defendió el apoyo de su partido a la manifestación de hoy contra “una política lingüística que discrimina al 93% de la sociedad” y aseguró que su respaldo es “cuestión de coherencia”. “Ni Navarra es patrimonio de UPN, ni el euskera es patrimonio de nacionalistas. Navarra y el euskera son patrimonio de todos los navarros y todas las navarras”, reivindicó Alzórriz que también se refirió a las declaraciones de Pachi Mendiburu, uno de los convocantes de la manifestación, quien sobre el Modelo D en la Ribera dijo es “una discriminación porque ahí te quitas a los deficientes, a los inmigrantes, y os quedáis los guays, y encima bien pagados”. Alzórriz le pidió que “rectifique” unas palabras “improcedentes, ofensivas y fuera de lugar”.