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Riezu cree que el Gobierno de UPN debió haber vigilado la fusión de Banca Cívica

Recuerda que el Amejoramiento del Fuero otorga a Navarra competencia sobre sus cajas de ahorros
Señala que su gestión fue más austera e insiste en que Can podría haber seguido sola

Juan Ángel Monreal Mikel Saiz - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Lorenzo Riezu, durante su comparecencia, escucha la pregunta de Koldo Martínez.

Lorenzo Riezu, durante su comparecencia, escucha la pregunta de Koldo Martínez.

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Lorenzo Riezu, durante su comparecencia, escucha la pregunta de Koldo Martínez.
“La solvencia hay que mimarla y durante años se sostuvo a base de talonario, con los ingresos extraordinarios”

pamplona- Si la comisión de investigación de Caja Navarra debe servir para depurar responsabilidades políticas, Lorenzo Riezu, un cuarto de siglo en Caja Navarra, ocho años como director, apuntó ayer alguna. A su juicio, habría sido “razonable” que el Gobierno foral siguiera mucho más de cerca la deriva final de Caja Navarra y en especial la creación de Banca Cívica, valorándola o sometiéndola incluso a su aprobación.

Riezu, que se basó para ello en la competencia exclusiva sobre cajas de ahorro que otorga a Navarra el Amejoramiento del Fuero, recordó esta vez, a preguntas de Koldo Martínez, como la fusión con la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona en 1999 sí mereció de un acuerdo del Ejecutivo foral. En su primera comparecencia, de hecho, Riezu ya apuntó a la responsabilidad directa de Miguel Sanz, presidente del Gobierno y de Caja Navarra desde 1996 y hasta 2010, cuando cedió el testigo en la entidad financiera a José Antonio Asiáin. Durante este tiempo, sin embargo, el Ejecutivo foral en ningún momento vigiló la marcha de la entidad, que perdió buena parte de su solvencia (de un 14% a poco más de un 8%, en el límite de lo aconsejable) entre 2002 y 2008.

Lorenzo riezu

Exdirector de Caja Navarra

En su tercera sesión de comparecencia, que continuará el próximo viernes con las preguntas de Adolfo Araiz (EH Bildu), Riezu respondió en exclusiva a Koldo Martínez (Geroa Bai), cuyo grupo ha defendido estos años no solo que el Gobierno de Navarra hizo dejación de sus responsabilidades, sino que existían dos maneras de gestionar la entidad financiera. Una, más prudente, estaría representada por Lorenzo Riezu. Otra, más agresiva, la encarnaría Enrique Goñi, aupado hasta la cúspide de Caja Navarra por decisión del propio Sanz y sin una trayectoria financiera previa relevante. Y habría conducido al final ya conocido por todos.

Riezu no hizo sino corroborarlo. “Nosotros íbamos con más moderación, procuramos mirar más los gastos, no nos hubiéramos permitido hacer unas prejubilaciones que yo he calificado de innecesarias, todo lo demás es poner en peligro el coeficiente de solvencia. La expansión misma pone en peligro el coeficiente de solvencia, porque obliga a realizar una inversión y por los mayores riesgos que vas asumiendo en mercados que son desconocidos”, explicó ayer, siete días después de diseccionar quirúrgicamente los males que acumuló la entidad. El más grave de todos fue la pérdida de solidez. “Podríamos haber llegado con 1.700 millones de euros en recursos propios a 2009”. Con una solvencia por encima del 10% -el límite marcado legalmente-, Can habría podido continuar en solitario en 2010, sin necesidad de hacer ajustes inmediatos a valor razonables. “Y como yo sí me creo que la exposición inmobiliaria de Caja Navarra era menor que la media, creo que los decretos de De Guindos le habrían costado a Caja Navarra unos 200 millones de euros. Habría que haber hecho equilibrios, quizá pedir alguna ayuda, pero la posición inicial de Caja Navarra no era peor que la de Ibercaja o la de Unicaja”, insistió.

“La solvencia hay que mimarla”, dijo Riezu, quien cree que Goñi solo fue capaz de mantenerla a base de “talonario”, apoyándose en exceso en los ingresos atípicos, como la venta de participadas. Según sus cálculos, un 65% de los beneficios de Caja Navarra procedieron de extraordinarios entre 2002 y 2009, de tal modo que resultado ordinario habría estado, de media, por debajo del que consiguió Caja Navarra incluso en los dos años posteriores a la fusión, los más complicados.

“Parece que aquello no existió”, se defendió Riezu, que recibió críticas por los pobres resultados de Caja Navarra en 2000 y 2001 y puso el ejemplo de cómo se deterioró el ratio de eficiencia de Banca Cívica con la fusión, un indicador que es peor cuanto más alto resulta. “Llegó al 84%. En nuestro caso Caja de Ahorros de Navarra tenía una eficiencia del 48,36% en 1999, mientras que Caja de Ahorros Municipal se encontraba en el 82,91%. Con la fusión llegó al 63,91%, que rebajamos al 59,79% un año más tarde”. En 2010, además, Banca Cívica nacía herida de muerte: su coeficiente de solvencia sin el FROB, dijo Riezu, apenas era ya del 7,4%.