cartas al director

Pintadas . Actos incívicos

Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Qué tristeza y vergüenza da nuestra bonita ciudad con tantas pintadas (la mayoría de signo político), por llamarlas de alguna manera, a cada cual más ofensiva. Nadie parece verlas;si no, no se entiende que pasen días y días y ahí sigan. Por supuesto que la responsabilidad mayor es de los autores que, por cierto, me gustaría saber si alguna vez se les ha pillado in fraganti. Me temo que no.

También tiene mucha responsabilidad nuestro Ayuntamiento y las autoridades competentes. ¿De qué sirve gastarse el dinero en campañas publicitarias para que venga el personal a nuestra ciudad si no somos capaces de mantenerla limpia y bien cuidada, con lo bonita que es? Al reponsable de servicios, que para más inri, creo que es el señor alcalde, el suspenso más rotundo. Espero y deseo que con el fin de la banda terrorista ETA se termine con este problema, cosa que dudo, por el bien de la ciudad.

Le pediría un pequeño favor al concejal de Hacienda, Pablo Ezcurra: que en los presupuestos del año que viene ponga una buena partida para la limpieza de las pintadas. La ciudadanía se lo agradecería. Gracias de antemano.

Todo no van a ser críticas constructivas, por supuesto: felicidades por la gestión que están llevando en el famoso Caso Oncineda. Y dicho sea de paso: el que esté libre que tire la primera piedra.

Por cierto, el enfermo no debía de estar tan grave como nos habían vendido y, en lugar de ser una neumonía terminal, era un simple catarro.

Javier Azcona Graín

Los niños son adorables. A veces. Eso sí, los del vecino lo son algo menos. Les cuento: estoy ojeando libros en una librería cuando entra una madre con dos niños de, aproximadamente, 8-10 años. Al instante, los niños se dedican a correr por toda la tienda;literalmente, el pequeño pasa entre mis piernas;sus voces y risas las escuchamos todos. La escena es encantadora.

A mí me parece una gozada tener un parque (Travesía de la plaza de la Paz) debajo del balcón y verlos que juegan, se mueven, hablan y se ríen, mientras estoy leyendo un libro. Me molesta la actitud de las madres, que hablan entre ellas y no están en lo que se celebra;como la de la librería y sus hijos, más de un día, golpean con palos el soporte de los columpios, llegando a romper uno de ellos. Como es un fin de semana largo, el del Puy, no los arreglan, y ponen una cinta. A la noche alguien rompe la cinta .

Uno de los niños rompe hojas del seto y deja el parque sembrado de hojas. Defiendo el valor de la espontaneidad y de que los niños jueguen en la calle, que cada vez juegan menos. Pero, lo confieso, en ocasiones me acuerdo de lo que cantaba Serrat: “Niño, deja de joder con la pelota”. Sí, de lo que se trata es de encontrar la medida justa.

Loli Otaño Linazasoro