La semana

Una gran menestra

por F. Pérez-nievas - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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En mi comunidad de vecinos me ha tocado de presidente y como apoyo tenemos una junta de 5 vocales. Pues resulta que el otro día tuvimos una fuga de agua de mil pares y el descansillo del cuarto piso parecía más Venecia (el de Italia, no el barrio de Arguedas) que otra cosa. Pues ni corto ni perezoso uno de los vocales le propuso a un fontanero, que es amigo suyo, que a cambio de una docena de alcachofas convencía a los vecinos para que le diéramos la obra a ellos, presentando unos presupuestos de otras empresas para cubrir el expediente. El hombre se vino arriba y sucedió lo mismo semanas más tarde con los pintores. Los de la brocha solían ir de la mano siempre con sus amigos fontaneros y conocedores de los tejemanejes del vocal le ofrecieron un kilo de guisantes lágrima, recién cogidicos de la huerta... y pa’ellos que fue el encargo. Lo triste es que las desgracias no se quedaron ahí. Por la humedad que habían sufrido, las puertas de las entradas a nuestros pisos se doblaron y las cerraduras tampoco encajaban. De esa manera, pasaron por caja un par de empresas de carpinteros (que decidieron que los ingresos aunque sean repartidos siempre vienen bien) en forma de Unión Temporal de Empresas y un cerrajero muy amable y servicial que está casado con un hermano de este vocal de la junta. Pues bien, sus trabajos tuvieron una recompensa en forma de espárragos (2 kilos) y habas frescas (otros 2 kilos). Una vez terminado el trabajo, hubo otra reunión de vecinos porque ante el elevado coste que les había supuesto la obra decidieron cambiar de compañía de seguros porque la anterior no nos había cubierto bien. Mira por donde, el vocal se acababa de jubilar de una compañía de seguros, de cuyo nombre no quiero acordarme, y consiguió apañarnos un precio que parecía decente y que, en su beneficio, se convirtió en una cocina eléctrica de camping que se puede enchufar a la red. La semana pasada vi cómo nuestro vocal organizaba una gran menestra en el garaje con toda su familia y que habían enchufado en mi plaza la cocina eléctrica. ¡Qué gusto daba verlos!, ¡qué bien lo pasaron!, ¡qué envidia!... Lo malo fue que lo dejaron echo un desastre y luego me tocó a mí pagar la limpieza, pero en fin, así soy, de bueno a tonto solo hay un paso. No sé si se me entiende o no, pero algo parecido es lo que nos ha tocado vivir durante años con la corrupción y así nos luce el pelo.