Árboles, bosques

Por Javier Otazu Ojer - Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Dice el dicho popular aquello de que “no dejes que los árboles te impidan ver el bosque”. Esta frase tiene muchas interpretaciones;por ejemplo, podemos estar pasando un momento difícil y estar tan preocupados por un hecho concreto que no vemos los aspectos positivos en nuestra vida. De hecho, existe un método muy sencillo para aliviar preocupaciones. Basta ir hacia atrás y realizar la siguiente reflexión: ¿qué nos preocupaba hace diez años? A no ser que hayamos tenido un problema muy grave, ni lo recordamos. Es la vida: cuando recordamos nuestro pasado, creemos ser más felices de lo que realmente éramos ya que no tenemos en cuenta la incertidumbre de esos momentos.

En la vida real, existen muchos árboles que nos impiden tener una percepción más correcta de la realidad, que sería el bosque en el que vivimos. A nivel informativo, siempre hay algún tema central y todos los debates o comentarios de los medios de comunicación y de las personas más próximas a nosotros pivotan alrededor de dicho tema. Los ejemplos abundan: puede ser la final de Champions, la moción de censura, la posibilidad de adelantar las elecciones, la hipotética reunión de Donald Trump con su amigo coreano o la igualdad de género. Y cuando no se sabe de lo que hablar, siempre está el procés. ¿Es eso lo más importante? Pues seguramente no. ¿Por qué no lanzar un debate sobre los problemas más preocupantes a los que nos enfrentamos como sociedad a medio o largo plazo?

Las posibilidades serían las siguientes: a medio plazo, la sostenibilidad demográfica (en tres ámbitos fundamentales: las pensiones, la sanidad y la despoblación del medio rural) y el desempleo (muy relacionado con el sistema educativo y las estrategias público-privadas que nos permitan competir en el mundo global del que formamos parte). A largo plazo, el cambio climático y cómo afrontar una situación en la que ya no hará falta que todo el mundo trabaje. ¿Cuál será el nuevo contrato social que necesitaremos? Lógicamente, no es esto lo que esperamos de nuestros representantes políticos. La mayor parte de las estrategias buscan traducirse en votos. No hay más.

Ahora bien, ¿por qué no volver a los bosques y a los árboles, pero a los de verdad? Podríamos comenzar por una paradoja: se están repoblando. Claro que en el Amazonas, que es lo primero que nos aparece en el imaginario colectivo, persisten los problemas de siempre. Pero según las últimas estadísticas las cosas están mejorando. Sorprendente, ¿no?

Hoy en día, nos hemos acostumbrado a estar conectados todas las horas del día. Y no me refiero sólo al móvil: en la vida familiar no es anómalo que cada uno esté enganchado a su pantalla particular: tablet, ordenador o televisión están siempre delante de nosotros. Lo decía el escritor recientemente fallecido Philip Roth: “las pantallas han ganado”. Tiene razón: vayamos a una sala de espera y comparemos el número de personas pendientes del teléfono móvil con aquellos que están leyendo un libro, una revista o un periódico. Preocupante, ¿verdad?

Y sin embargo nos alertan de que el estrés o las enfermedades mentales van a ser cada vez más comunes en nuestras vidas. Algo estamos haciendo mal. Y podemos aplicar los remedios habituales para estar bien: comer sano, hacer deporte, no fumar... ya se sabe, esas cosas que se repiten un día sí y otro también. Es uno de los mayores absurdos: ¿cómo puede existir un mercado tan gigante asociado al bienestar cuando todos sabemos lo que se debe hacer y no lo hacemos? Buda tenía razón: peor que no tener conocimiento es tener conocimiento y no aplicarlo.

En todo caso, ha aparecido una nueva solución para el estrés. Y algo tendrá, ya que las empresas están financiando estas terapias para sus trabajadores. Para comprender esta técnica pensemos en un lugar donde se trabaje mucho. Un sitio donde incluso existe un nombre para las muertes por exceso de trabajo: karoshi. Sí. Es el país del sol naciente.

El shinrin-yoku es una técnica japonesa para poder estar mejor con nosotros mismos. Literalmente significa baños de bosque. No es muy difícil adivinar en qué consiste. Se trata de perderse entre los árboles, dejar flotar la mente, volar y, por supuesto, desconectar el móvil. Se han comprobado estadísticamente aspectos que nos parecen intuitivos, por ejemplo, las personas que son tratadas en los hospitales se curan mucho mejor si tienen vistas a los árboles en lugar de un bonito hormigón exterior.

Cuando paseamos y dejamos volar la mente surgen pensamientos. Se nos ocurren ideas nuevas. Sonreímos. Nos recargamos de energía. Fluimos con lo que somos: naturaleza. Cambiamos de un mundo de pantallas a otro de colores, verde y azul. Bosques y árboles. Cuidarlos es cuidarnos a nosotros mismos.

El autor es profesor de Economía de la UNED Tudela