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Osasuna se queda en la orilla

Derrota en Valladolid | El equipo de Diego Martínez no se clasifica para la promoción de ascenso y consuma, en un partido para olvidar ante un rival directo, el suspenso en un curso sólo planteado para el regreso a Primera

Javier Saldise | Patxi Cascante - Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Miguel de las Cuevas se tapa el rostro al término del partido en presencia de Róber Ibáñez.

Miguel de las Cuevas se tapa el rostro al término del partido en presencia de Róber Ibáñez. (PATXI CASCANTE)

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Miguel de las Cuevas se tapa el rostro al término del partido en presencia de Róber Ibáñez.

Valladolid- Osasuna terminó con suspenso el curso porque no logró clasificarse para el único premio que le quedaba en esta campaña y no accedió a una de las plazas de la lucha por la promoción de ascenso. El irregular comportamiento del equipo de Diego Martínez, enclenque en casa, fornido fuera, poco fiable en general pese a la inversión en la plantilla, le fue quitando poderío a su condición autoexigida de gran favorito hasta hacerlo uno más y concederle la pelea por la promoción en la última jornada como posibilidad final. El partido decisivo contra un rival directo, una final en toda regla, dejó a Osasuna fuera del último reparto de papeletas para el ascenso con una imagen paupérrima, en absoluto de candidato.

Millonaria la inversión en la plantilla, objetivo declarado el ascenso, pese a la moderación del discurso de la directiva conforme el paseo triunfal en el campeonato no resultaba tal, la no participación en ninguna de las modalidades del regreso a Primera, o paso directo o eliminatorias, supone un fiasco deportivo, una decepción de temporada y un fracaso del proyecto de este año. Jugadores, entrenador, director deportivo y directiva comparten los calificativos de lo acaecido en la temporada, cada cual en el tamaño y medida de su responsabilidad, pero sin responder a la expectativa generada y fomentada a su alrededor.

Osasuna, artificial y rácano durante muchas jornadas del torneo, hizo de la consecución del objetivo del ascenso, promoción últimamente, el permiso y salvoconducto para sus actuaciones. Asumido el plan, que no justificado, el batacazo resulta ahora más sonoro tras la retahíla de razones y justificaciones que se han ido soltando durante la campaña para, con un plantel que ha costado un pastón, con miras en lo más alto, terminar de esta manera. Si había que acabar así, quizá no era necesario un ejército de recién llegados.

Dentro de lo malo, de la deceleración del equipo y de la debilitación del proyecto, no estuvo mal llegar a la última jornada con la sartén por el mango, por el trocito de asa que quedaba si se miraban las necesidades del Valladolid. El conjunto pucelano, rival directo, dejó a Osasuna en la cuneta en un partido en el que salió con nervios, más templados estuvieron los rojillos en el inicio, pero en el que se fue imponiendo poco a poco ante la nadería de su rival, ante la propuesta inexistente de su adversario. Había demasiado en juego para salir a jugar con el plan de siempre, con la calculadora de siempre, pero Diego Martínez prefirió no cambiar, seguir con los tiempos de todo el curso, apagado al principio, agazapado para después.

Pablo Hervías, exrojillo que tenía claro que no se podía andar con tibieza en este encuentro, hizo saltar la banca para el Valladolid pasada la media hora. Una falta ejecutada de forma colosal desde el borde del área hizo que empezara otro partido para todo el mundo tras anotar un golazo. A Osasuna, aplanado tras el tanto en contra, le llegaban las urgencias. El Valladolid, con más sosiego desde entonces, estaba escribiendo la historia del partido de forma adecuada.

El segundo tiempo fue el de un Osasuna definitivamente desdibujado. Antes de la jugada decisiva de la reanudación, Xisco firmó un remate malicioso que se marchó fuera por muy poco. Quizá los rojillos estaban calculando los tiempos de comparecer en el partido. A Lillo el árbitro le había tomado la matrícula en una falta discutible y mientras, a la par, Mata estaba aplicándose al modo atosigador que corresponde a un delantero que, pese a no tener una buena tarde, tenía que enseñar su vitola de artillero impenitente. El ariete se había enredado en una jugada con Unai y andaba especialmente revoltoso en el área en la salida de un córner para, en el forcejeo con Lillo, irse al suelo. La acción fue letal para Osasuna porque pasaportó al defensa rojillo con la segunda amarilla a los vestuarios y el penalti consiguiente lo transformó sin pestañear Mata.

A Osasuna, liquidado en sus opciones para el ascenso, le quedaba media hora por delante para mantener el tipo o salir trasquilado de veras en el partido decisivo. El Valladolid dispuso de ocasiones clarísimas, manos a manos con el portero que no acabaron en gol porque la emoción y los nervios nublaron a los delanteros. Osasuna estuvo a punto de engancharse con un remate de David Rodríguez que salvó el portero. Hasta el final Osasuna dio la cara, pero era demasiado tarde. Como se ha andado quizá toda la temporada, sin haber cogido el paso.

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