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Republicanismo

Cazar o ser cazado

Por Santiago Cervera - Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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El personaje de Francis Underwood, presidente norteamericano en la serie House of Cards, es prolijo en frases que condensan el aspecto más cínico de la política. Justo por eso adquieren carácter universal, y parte de su éxito tiene que ver con la concordancia que se identifica en las estructuras de poder de cualquier país. Al inicio de la segunda temporada hablaba de la política como una cadena trófica en la que las especies luchan por sobrevivir, y concluía que “There is but one rule: hunt or be hunted”. Sólo impera una regla: cazar o ser cazado. Así se siente Rajoy, cazado, inesperadamente después de que hace diez días se creyera gobernando al menos dos años más tras aprobar presupuestos. A traición, abatido por aquel con el que creía haber llegado a un acuerdo generacional, “tu turno llegará, Pedro, pero más adelante”. Eso de pasar toda una tarde en el reservado de un restaurante, además de chabacana demostración de su displicencia, asemeja a cuando el animal se sabe herido de muerte y busca guarida cálida para sus últimos alientos.

La frase de Underwood, sin embargo, va mucho más allá de lo cinegético. Enseña que en política hay que saber moverse constantemente. La pieza hoy abatida es la que prefirió que no le movieran a moverse. Su estilo político pasivo y reactivo, incapaz de ejercer con ambición y coraje alguno su desempeño, ha sucumbido a la osadía de Sánchez. Alguien me dijo un día que gobernar significa coger una bandera. ¿Cuál ha sido la bandera que ha portado Rajoy durante estos años? Yo, sinceramente, no la identifico. Es falsedad lo que dijo en la tribuna del Congreso al despedirse, que España estaba hoy mejor que cuando él la cogió. No lo está en relación con la cimentación política del Estado, como se pone de manifiesto, al borde del enfrentamiento civil, en Cataluña. En la economía dice haber evitado un rescate, pero es también falso. Primero, porque hubo un cierto rescate con la ayuda europea a la banca, que no fue caritativa;y segundo, porque si alguien ha rescatado al país ha sido la muy puteada clase media, que ha pagado con más impuestos la incapacidad del Gobierno de domeñar el gasto público. Quienes hoy se van han tomado a los contribuyentes como una gran vaquería a la que siempre se puede seguir ordeñando a cambio de una pacas polvorientas, y aun así la deuda acumulada es considerablemente mayor que la que había hace seis años. Preguntemos también si hay alguna reforma digna de este nombre, algo que identifique una impronta durante este periodo. Nada. El sistema de pensiones nunca ha estado peor, hablan los números. Y en el concierto internacional, la ampulosa marca España es sólo la que algunos deportistas alcanzan a representar. Un gobierno que no pasó de ser el calco burocrático de quien lo presidió, que perdió muy pronto la percepción de los cambios y pulsiones sociales, y que no fue capaz de articular un proyecto común. Un gobierno que al final ha sucumbido a la peste del arriolismo, el trilero que dice a cada cual lo que quiere escuchar, cuya postrera invectiva consistió en alimentar el fenómeno de Podemos para que el miedo al de la coleta galvanizara más voto al PP que el que la simpatía del elector podría motivar por sí misma. Al final, criaste cuervos y te sacaron los ojos.

El PP se enfrenta todavía a lo peor. Sólo con una profunda renovación podrá detener una caída que se acelera a sí misma con la pérdida del poder. Pero renovar algo que ha sido creado a imagen y semejanza de quien lo ha llevado al guano es complicado. Ya no se trata de saber si Rajoy se marcha al Consejo de Estado, sino de qué tipo de sustancia decapante hay que utilizar en todas las paredes de Génova. A Sánchez le aguardan dos años en Moncloa, dos. Sabe que el Congreso no le va a destituir y cree tener a la diosa fortuna de su lado. No convocará elecciones este año, se dedicará a una política de gestos amables, ejercerá moderación, verá qué rédito tiene en las municipales del año que viene, y si no es malo, aguantará hasta el último día. El PP habrá de optar entre el post-marianismo o la catarsis. Ciudadanos tendrá que calcular cómo cambiar de ritmo en su carrera. Y los de Podemos, que ya aburren a quienes antes sedujeron, seguirán a merced de cómo se levante Pablo cada mañana. El día que se le estropee la depuradora de la piscina es capaz de pedir la dimisión de alguien.