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Comienza el efecto Sánchez

El regreso de los socialistas a la Moncloa ha reformateado el tablero político, entre sensaciones de alegría, cautela o decepción. Pero también de vértigo, por lo inesperado del giro.

por jesus barcos - Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Vista general del hemiciclo durante el debate de la moción de censura presentada por el PSOE.

Vista general del hemiciclo durante el debate de la moción de censura presentada por el PSOE. (EFE)

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Vista general del hemiciclo durante el debate de la moción de censura presentada por el PSOE.

Cuenta la periodista Pilar Cernuda en un interesante libro sobre Felipe González publicado en 1994, que durante la histórica noche del 28 de octubre de 1982, el líder socialista no fue del todo consciente del peso del triunfo. Algo aturdido entre un sinfín de besos y abrazos, se dejaba llevar, casi como un espectador de su propio protagonismo. El peso de la preocupación apareció unas noches después, sobrevolando Madrid en helicóptero. Al contemplar desde las alturas aquel inmenso paisaje luminoso, González, sintió el abismo de la responsabilidad.

Historia o leyenda, algún día conoceremos también las íntimas sensaciones de Pedro Sánchez durante este domingo 3 de junio. Su llegada al poder no tiene la explosividad de aquel lejano de 1982, pero es el primer vencedor de una moción de censura. Alcanzar el poder en solo unas horas tiene su miga, se mire como se mire. Desde un punto de vista político y psicológico. Por mucho que quisiera ser presidente del Gobierno, Sánchez no contaba con un giro tan rápido de los acontecimientos, aunque comprendió la disyuntiva del ahora o nunca. Casi no tendrá tiempo ni para gestionar el vértigo. La velocidad de crucero que ha tomado la política española le ayudará. Pero el vértigo brotaba a borbotones entre sus compañeros socialistas en el hemiciclo. La democracia es saber ganar y saber perder. En el otro lado de la moneda, en el PP, es previsible un estrés postraumático. Perder el Gobierno en un tiempo récord tiene muy difícil digestión personal y colectiva. Los próximos días no serán sencillos en la vida de Mariano Rajoy, por mucho aplomo que le ponga.

Dos comienzos, una oportunidad Sánchez desalojó al Partido Popular un 1 de junio, 8 meses justos después del referéndum del 1 de octubre. Y ha tomado posesión el mismo día que los consellers del Govern Torra. El alineamiento de Sánchez en el 155 durante estos últimos meses enfría las expectativas de un gran cambio. Pero el PDeCAT y ERC se acaban de apuntar un tanto. No hay república, pero no hay Gobierno del Partido Popular y sí nuevo Govern independentista. Un balance escaso, más bien pírrico, de resistencia. Pero que da pie a reabrir la vía reformista sobre dos preguntas entrelazadas, de sobra conocidas: si es factible plurinacionalizar el Estado español y si es realista confiar en el PSOE para ese cambio. El independentismo catalán evaluará cada gesto, cada decisión, cada palabra de cada ministro o ministra. Pero el punto de giro producido alimenta al mismo tiempo la posibilidad de desescalada. De un nuevo tono.

Tránsito y capacidad de adaptación Actualizando el balance de la semana pasada, en cuatro años hemos pasado por una abdicación, dos elecciones generales y dos mociones de censura, la última triunfante. Esta crisis galopante o esta suerte de Transición a futuro ya no pinta indefectiblemente involutiva, pero tampoco servirá gatopardiana. Madrid, Barcelona y Bilbao son ahora los tres vértices de un triángulo reforzado. Después de meses en el alambre, el PNV tal vez se erige como el gran partido de centro. Un aliado de Sánchez para contrarrestar a Podemos y atemperar la cuestión catalana. La entente entre el soberanismo catalán y el PSOE, aun muy frágil, es también un mensaje a Europa. Eso sí, se avecina una ofensiva inminente del España se vende por parte de las derechas del PP y Ciudadanos.

En cualquier caso, toca adaptación al nuevo escenario. Una suerte de ‘aggiornamento’ para todos. Sobre todo si el liderazgo de Sánchez se muestra consistente. La capacidad de resiliencia que ha mostrado este último año y medio tiene que servirle ahora para reivindicarse frente a su partido y como presidente del Gobierno. Dispone ya del éxito requerido de alcanzar la Moncloa, aunque no del definitivo de ganar unas elecciones. Tendrá vigilancia interna y palos en la rueda. La prensa de papel de Madrid le someterá a un juicio constante. Podemos y el independentismo le exigirá no quedarse en mal menor, y el clima general será el de una precamapaña. Pero Sánchez ha demostrado que no es un rival débil cuando está conjurado para ganar. Aquel hombre derrotado que compareció en la soledad de una cafetería frente a Jordi Évole en Salvados despertó conmiseración, pero muy pocos creyeron en que una kilometrada le devolvería a la primera línea. Sánchez ha resistido a su partido, a la derrota y a la soledad. Hoy es presidente del Gobierno. Y por cierto, un navarro, Santos Cerdán, tiene una parte de mérito en ello. La buena fontanería es clave, y en este Estado de las paradojas todos van a necesitar revisar la instalación:

pedro sánchezEl efecto Sánchez deberá percibir en medidas concretas y en algún que otro gesto. El primer golpe de efecto de Rodríguez Zapatero en 2004 fue sacar a las tropas españolas de Irak. ¿Cuál será el primero del nuevo presidente? Sánchez ha alcanzado la Moncloa a base de apoyos críticos, singularmente el de EH Bildu, pero también el del PDeCAT y ERC, que le pueden resultar incómodos a partir de ahora, con elecciones andaluzas, municipales, autonómicas, y europeas en el horizonte de 2019. Un densísimo calendario electoral sumado al de las futuras Generales, pero que al mismo tiempo refuerza la oportunidad del nuevo escenario.

mariano rajoySu futuro está en el aire. Jefe de oposición, piloto de la sucesión, paso atrás… la próxima semana despejará pistas. Durante su debate del jueves con Sánchez a Rajoy se le vio paradójicamente en buena forma. Lejos de la indolencia de otras ocasiones. Igual era un aviso a navegantes, o igual un deseo inicial de competir. Hasta que dijo eso de “yo seguiré siendo español” y por la tarde hizo un homenaje al surrealismo. Tanto si sigue Rajoy en primera línea como si da un paso atrás, Génova hará de la cárcel a los políticos y activistas independentistas en prisión preventiva una bandera como la de Colón. Lo advirtió el viernes Antonio Hernando. Y tendrá a buena parte de la prensa de su lado.

albert riveraEl otro gran damnificado de la moción de censura y de la caída del PP. Ha reincidido en sus debilidades y le han faltado reflejos. Conductor novel acelerado, mala combinación. Rivera es profuso, pero repetitivo. Las primeras encuestas de la era Sánchez darán una idea de lo perdido por el camino en estas últimas semanas, pero porcentajes aparte, Ciudadanos ha dejado definitivamente de ofrecer una imagen de centro para situarse como recambio de un partido que ha dejado de gobernar. La moción no era un acto de España Ciudadana. Rivera ha encogido de nuevo. Es menos presidenciable que hace unos meses, y el futuro inminente le puede desgastar, pero sacará orgullo.

pablo iglesias Ha mostrado que aún conserva parte de la astucia que le encumbró, y ha demostrado conocer a sus rivales;ha lanzado al PSOE y presionado al PNV. Pablo Iglesias ha contribuido a desalojar al PP sin tener que sumarse a una entente con Cs, al contrario de lo que se le requería en 2016. El líder de Podemos vuelve a cosechar éxitos. Aunque su formación no haya entrado en el Gobierno.