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Fracasa la operación de desprestigio al euskera

9.000 PERSONAS SECUNDAN LA MANIFESTACIÓN, UN TERCIO MENOS QUE EL AÑO PASADO, TRAS UNA CAMPAÑA DE FALSEDADES, INSULTOS Y DESPRECIO AL EUSKERA | La cita deriva en una exaltación de nacionalismo español
Los convocantes exigen que el conocimiento del idioma no se valore en el acceso a la Administración

Ibai Fernandez | Unai Beroiz/Iñaki Porto - Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Miguel Sanz y Javier Esparza, al final de la manifestación.

Miguel Sanz y Javier Esparza, al final de la manifestación. (UNAI BEROIZ)

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Miguel Sanz y Javier Esparza, al final de la manifestación.

Pamplona- Miles de personas se manifestaron ayer en Pamplona en contra del euskera. En torno a 9.000 según la estimación por superficie ocupada, 5.000 menos de las que los mismos convocantes lograron movilizar hace un año con el argumento de la bandera, y pese a que esta vez había respaldado la protesta toda la oposición, los sindicatos afines, la patronal y hasta la Cámara de Comercio.

Las fuerzas representativas del viejo régimen que gobernó Navarra durante más de 20 años se habían unido en busca de una exhibición de fuerza tras las movilizaciones de carácter social que habían alejado la agenda política de la disputa identitaria. Un golpe de efecto a un año de las elecciones autonómicas que sin embargo ha acabado retratando a sus promotores, desnudando los argumentos de una operación de desprestigio al euskera y los euskaldunes que ayer se evidenció como un claro fracaso.

La marcha fue una muestra del rechazo que una parte importante de la población navarra siente hacia una de las lenguas propias de la Comunidad Foral. Muchos acudieron convencidos de que en realidad el euskera se está imponiendo en Navarra. Otros desde la consideración de que la lengua es un elemento ajeno, algo propio de nacionalistas y que, por lo tanto, no merece promoción. Y algunos más, sobre todo los representantes políticos, con la convicción de que la política lingüística es la mejor arma, casi la única vista la coyuntura social y económica, con la que cuentan para atacar al Gobierno de Barkos en este último año. La lengua se ha convertido así en un ariete político contra el cambio, y la manifestación no era otra cosa que un intento de visibilizar su rechazo social.

Si quedaban dudas de que la protesta era contra el euskera, las acabó de disipar el portavoz del acto, Ricardo Guelbenzu, que proclamó entre aplausos que “el euskera ni se necesita ni se usa tanto como dicen”. “El vascuence no debería contemplarse como mérito en la Administración”, reclamó Guelbenzu, que consideró “discriminatorio” que se reconozca su conocimiento como un mérito en las oposiciones porque “tan legitimo es estudiar algo como no hacerlo”. Y que incluso consideró que “es bueno que se fomente el euskera como el deporte o la cultura”, pero que “eso no implica exigir o valorar la forma física o los conocimientos de cine”.

El discurso fue más aplaudido cuanto mayor fue la diatriba contra el euskera, que por momentos jugó con la retórica xenófoba distinguiendo entre “los de aquí”, por los manifestantes, y “los euskaldunes venidos de fuera” para trabajar en la Administración. La guinda de una manifestación en la que se abuchearon las palabras en euskera de uno de los oradores, y eso de que los organizadores habían avisado antes pidiendo “respeto” para mostrar que allí no estaban contra la lengua.

La marcha fue un acto político con la escenografía habitual de la derecha, con el PSN recluido en un segundo plano y sin su secretaria general

Un acto político de la derechaEsfuerzos baldíos en una convocada que se presentó en nombre de la igualdad de oportunidades, y que incluso llevó la pancarta en euskera pese a que entre los argumentos contra la “imposición” estaba precisamente la rotulación bilingüe de la cartelería institucional y carreteras. Y que acabó convertida en una exaltación más del nacionalismo español a la que acostumbra la derecha en sus actos políticos. Con especial protagonismo además de Ciudadanos, a quien los organizadores hicieron hueco en la pancarta junto a UPN y PP pese a que no cuenta con representación parlamentaria.

La marcha partió puntual y entre algo de lluvia a las seis de la tarde desde la puerta del Parlamento. Una enorme bandera navarra abría la marcha y otra, bien grande también, coronaba el escenario junto a la Plaza del Castillo, desde donde se cantaron unas jotas para amenizar la espera de una marcha en la que también se dejaron ver muchas banderas españolas.

Toda la escenografía, incluida la apropiación habitual de los símbolos de la comunidad, recordaba ayer a los grandes mítines de UPN, promotor oculto de la convocatoria. Suya fue la logística y parte de su financiación, incluidos los autobuses que, tras la polémica generada, no se pudieron sufragar con cargo a los ayuntamientos.

Era un acto propio de la derecha con el PSN una vez más relegado a mera comparsa de la fiesta. Los socialistas se refugiaron en el interior evitando una foto que puede ser incómoda de recordar en los próximos meses. Sobre todo tras el escenario abierto en Madrid con la moción de censura que ha llevado a Pedro Sánchez a La Moncloa. Quizá por ello, María Chivite evitó participar en una protesta en la que una de las medidas más criticadas fue precisamente la Ley de Contratos Públicos, aprobada con el apoyo del PSN.

Operación fracasadaEn términos políticos, la manifestación volvió a mostrar a una derecha movilizada contra el Gobierno de Navarra, pero más débil y con más dudas que hace un año. Sobre todo tras el inesperado lastre añadido que ha supuesto el cambio de Gobierno en Madrid, lo que dificulta su vuelta al poder a corto plazo. A fin de cuentas, objetivo principal de la cita de ayer.

La manifestación también ha servido para desenmascarar la euskarafobia de quienes se han querido refugiar en la igualdad de oportunidades. Incapaces de argumentar de forma sólida su supuesta imposición, los promotores de la marcha han acabado mostrado abiertamente su rechazo al euskera. Una lengua a la abiertamente vinculan con una ideología y que, por lo tanto, rechazan promocionar porque entienden que va contra sus intereses políticos.

Ha sido una campaña dura, llena de falsedades e insultos contra el euskera, idioma que en los últimos días se ha vinculado con el terrorismo y con el nazismo, despreciando su uso y negando a los euskaldunes su derecho a relacionarse en su lengua con la Administración. Señalados de forma acusatoria como ciudadanos “privilegiados” frente al resto de vecinos. Una operación de desprestigio que no solo no ha logrado sumar apoyos respecto al año pasado, sino que ha servido también para activar a esa parte de la sociedad que apoyó el cambio en 2015, pero que ve insuficientes los avances logrados estos tres últimos años. Y para que asuma la necesidad de defenderlos en las urnas frente a quienes vienen dispuestos a arrasar con todo.