Begoña Zabala González Abogada sindical y feminista

“El feminismo en 1978 estaba en pleno auge: supo buscar espacio y alianzas para oponerse a aquella tremenda represión”

'Feminismo, Transición y Sanfermines del 78' narra la lucha feminista "radical" y desobediente contra el régimen y la dominación patriarcal

Una entrevista de Ana Ibarra Lazkoz Fotografía Patxi Cascante - Domingo, 3 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Zabala posa en la plaza de toros con su libro.

Zabala posa en la plaza de toros con su libro. (PATXI CASCANTE)

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Zabala posa en la plaza de toros con su libro.

Pamplona- Txaro Pardo, primera mujer en presidir una peña sanferminera y portavoz de la Comisión de Peñas durante diez años, ha prologado un libro que pretende ser un acercamiento a la situación de las mujeres en los inicios de la Transición, todavía postfranquismo, la aparición de un movimiento feminista radical y rupturista que va a enfrentar a la Dictadura y a “la dominación patriarcal más abominable, sustentada en la ideología del nacional catolicismo”. El libro recoge también testimonios protagonistas de aquella lucha como Sole Aristu, Rosa Saralegi, Miren Egaña, Julia Munárriz o Patxi Tuñón.

¿Cuándo comienza el movimiento feminista y cómo se fragua? ¿Qué características tenía en Navarra ese activismo y qué reivindicaba?

-El año clave para el movimiento feminista autónomo, que se organiza en las Asambleas feministas a lo largo de Euskal Herria, y también en el resto del Estado español, es el año 1975. Curiosamente, todavía sin haberse muerto el dictador se celebra por primera vez por parte de la ONU el año Internacional de la Mujer, “por la paz, la igualdad y el desarrollo”. En este momento se produce algún cambio interesante en la legislación civil, sobre todo en el estatus de la mujer casada. Ese mismo año, en diciembre de 1975, en la clandestinidad y sin ningún boato ni ceremonial, se celebran las Primera Jornadas por la Liberación de la Mujer en Madrid. Y ese será el aviso para que de forma impresionante empiecen a nacer y multiplicarse los grupos feministas y asambleas de mujeres, por todo el Estado, y por supuesto, también en Euskal Herria. De ahí empieza una trayectoria imparable: celebración del 8 de marzo, participación en las movilizaciones contra la Dictadura, con reclamaciones específicas para las mujeres... Este feminismo rupturista y autónomo en Nafarroa se representó en un primer momento por la Organización EAM (Emakume Askapenaren Mugimendua, Movimiento por la Liberación de la Mujeres). A partir del año 1978 se estructuró la Coordinadora Feministas de Navarra, que aglutinaba a un montón de grupos de mujeres de barrios y comisiones de problemáticas específicas como antiagresiones, lesbianismo, aborto... Son unos grupos muy alternativos en la forma: asambleas, sin representantes ni secretarías generales, sin personal liberado, compuesto por mujeres que a la vez debatía, que aprendía, que escuchaba y trataba de resolver problemáticas concretas, que rehacía grupos de auto ayuda, que aconsejaba en los procesos de aborto, en las separaciones, en las agresiones... Pero, sobre todo, son unos grupos que luchan de frente contra la Dictadura y, en especial, contra la dominación patriarcal que ésta sustentaba y apoyaba. Eran grupos radicales en las propuestas osaron decir No a la Constitución porque no recogía ni uno solo de los derechos de las mujeres que se estaban reivindicando. Dijeron que No a la Transición impuesta pues no aceptaba la amnistía para los delitos de las mujeres, además de todos los delitos políticos. Tenían enfrente a la familia patriarcal, al Estado, y a la Iglesia Católica. También al Ejército, y las feministas se hicieron antimilitaristas. Denunciaban la dicotomía de lo público y lo privado, y la asignación del rol de mujer ama de casa y esposa, sin derechos y sometidas a los varones. Y, sobre todo, este movimiento construyó un sujeto colectivo de mujeres, que plantaron cara al régimen. En el momento en que se constituye la Coordinadora Feminista de Navarra, que aglutina a muchos grupos de barrios y pueblos, se pretende hacer frente a un proceso histórico en el movimiento feminista de Euskal Herria, como es el juicio contra las once mujeres de Basauri, acusadas de abortos ilegales. La movilización es impresionante. Hasta 1982 no se realiza la vista oral -las detenciones habían sido en el mes de octubre de 1976- y la exigencia del derecho al aborto libre y gratuito y en la Seguridad Social se extiende por toda la sociedad. También, y unido a ello, está todo el elenco de los derechos sexuales y los derechos reproductivos de las mujeres.

¿Derechos sexuales que se reivindicaban cuando la mujer dependía hasta la firma del marido...?

-En el ámbito de la lucha y la reivindicación, junto a los temas sexualidad y maternidad, cobran especial importancia los casos de las agresiones contra las mujeres, incluidas las que se daban en el ámbito de la pareja. Existía además, una legislación penal muy, muy deficiente y machista, que consideraba a las mujeres como sujetos dependientes de los hombres, y los delitos contra ellas cometidos se consideraban como una ofensa al hombre, depositario de la honestidad de las mujeres. Así que la reforma del Código Penal, que no llegó, en su mayor parte, hasta el año 1989, ocupó mucho de la reivindicación y la lucha. El trabajo asalariado y no asalariado -o sea, el doméstico, los cuidados- era un elemento principal también. Todo ello estaba imbuido de una fuerte carga ideológica, pues se veía claramente que el imaginario sobre las mujeres, y sobre los hombres y sus relaciones, y sobre los roles de ambos, estaba fuertemente atravesado por el nacional catolicismo y sus principios ultras y conservadores. Así que la pelea ideológica por la construcción de un nuevo marco teórico fue importante. Y los espacios en los que se desarrollaban, obviamente, estaban muy unidos a la educación, lo que equivale a decir a la familia, a la Iglesia Católica, a los medios de comunicación, y evidentemente a los proyectos educativos reglados.

Un paso importante fue la participación de las mujeres en el ámbito de la política. ¿Qué supuso?

-Este ha sido la gran aventura y la gran escuela de las mujeres: la lucha política vinculada a la calle y a la movilización. En este contexto miles de mujeres se unieron a la lucha política y se forjaron en ella. Esto supuso un aprendizaje práctico y teórico que no tiene precio. Todo se aprendió a través de experiencias políticas y sociales muy interesantes, y entre ellas el aprendizaje teórico y el intercambio de conocimientos y saberes nuevos, que no se aprendían, ni siquiera se soñaban en los centros docentes. Un aprendizaje paralelo a la educación reglada, incluida la universitaria, llevó a un conocimiento y un saber crítico que fortaleció todas estas militancias y luchas.

¿Qué significó para la lucha feminista los sucesos de 1978 y qué papel jugaron las mujeres en la reivindicación de derechos y, a su vez, en unas fiestas tradicionales con patrones masculinizados?

-En el año 1978 el feminismo estaba en pleno auge. Además de las reivindicaciones que se planteaban desde el feminismo radical y autónomo, aquí las fiestas sanfermineras suponían un reto importante dado que eran unas fiestas muy masculinizadas, bastante machistas y con una división de espacios para ambos sexos, que marginaban a las mujeres del espacio festivo. En esta pelea, el golpe dado por la Dictadura moribunda al pueblo de Iruñea y a los procesos de revuelta y rebelión, fue enorme. El feminismo supo buscar espacio y alianzas para oponerse a aquella tremenda represión y, sobre todo, al silenciamiento y ocultamiento de las responsabilidades gubernamentales. Las mujeres no se escondieron en las casas para escapar de la represión sino que enfrentaron, en lo que pudieron, a los agresores. Y el proceso que se había iniciado en el año 1975, siguió su itinerario en buena medida con las reivindicaciones pendientes. Y, lo que es muy importante, es que las mujeres supieron seguir aprovechando las grietas de la dominación para ir apostando por su liberación cotidiana: a pesar de ser delito, se compraban anticonceptivos aquí o en Iparralde;se practicaban abortos, a veces viajando al extranjero, aunque podía suponer la cárcel;se abandonaban los hogares paternos y maternos para llevar vidas y existencias más independientes o con otras personas;se incorporaban las mujeres a todo tipo de trabajos, aunque muchos de ellos no se consideraban para ellas o incluso ganaban menos que los hombres;se tenían criaturas si se quería, con quien se quería, en el momento que se quería, o simplemente, no se tenían hijos e hijas;no hacía falta casarse para vivir en pareja y la pareja no tenía por qué ser un hombre: se visibilizó la existencia lesbiana... También se enfrentó la represión. En todo momento se trataba de visibilizar la represión específica contra las mujeres. El caso de Amparo Arangoa, detenida en Leitza y torturada en el cuartelillo de Tolosa, reflejado en una fotografía que enseñaba su cuerpo, y especialmente su culo, totalmente amoratado de los golpes, recorrió la prensa gráfica. Enseñó al mundo que sí había una represión contra las mujeres y, muchas veces, era específica, machista, de agresión sexual. Se trataba también de denunciar la violencia en el mundo privado que sufrían las mujeres, y esto sí que era una tarea difícil.

¿La apertura de la oficina de Memoria Histórica en Pamplona va a permitir aflorar muchos testimonios de mujeres hasta ahora ocultos?

-Mujeres que tenían que cruzar la frontera para ponerse el DIU o que abortaban en condiciones penosas. Falta de libertades sexuales, una sociedad heteropatriarcal y sustentada en el nacional catolicismo, con un poder importante de la Iglesia que -imagino- recluía a la mujer a la cama y la cocina...

¿Cuáles son las historias de lucha que más admiras?

-Además de las luchas épicas, como la del aborto, antiagresiones, por los derechos laborales, por el divorcio... A mí me interesan mucho las luchas del día a día que sirve para que las mujeres sean en la práctica cada vez más libres. El hecho, por ejemplo, de que una mujer decida después de muchos años de matrimonio, normalmente celebrado en la Iglesia católica, con varios hijos e hijas, ponerse a trabajar para tener independencia económica y poder decidir en libertad o separarse tranquilamente para dedicar su vida a otras cosas que le interesan más que el trabajo de la casa, me parece un desafío a la norma heteropatriarcal importante. Las anécdotas más bonitas hacen referencia a estos temas. Por ejemplo, la decisión firme de una mujer de no volver a su casa, con su marido, en un 8 de marzo, que estábamos de celebración. En ese momento decidió que se quedaba de fiesta, sabiendo que eso le podía suponer una separación inmediata. En ese momento el eslogan de la calle y la noche también son nuestras, tenía un elemento reivindicativo importante de señalar que para eso, no hay que estar todo el día en casa, o en casa y en el trabajo.

¿Cómo ves la situación actual? El juicio de La Manada...

-El caso del juicio de la violación colectiva de Sanfermines de 2016 tiene dos vertientes muy importantes, muy diferentes y, sobre todo, que han aparecido muy dispares y enfrentadas. Cuando se produce la brutal agresión, la madrugada del 7 de julio, se produce una denuncia inmediata por parte de la agredida, una actuación policial eficaz y muy rápida que lleva a la detención de los agresores, y una respuesta encabezada por el movimiento feminista y apoyada por muchos más grupos y por el propio Ayuntamiento de Iruñea, que es ejemplar. Años de trabajo desde las filas del movimiento feminista de prevención y alerta de las agresiones que se producen en las fiestas, y de respuesta en otros casos anteriores, con el asesinato de Nagore Laffage, hace que la contestación sea impresionante. La mayoría de la gente entiende que se ha producido una violación múltiple, contra la voluntad de la víctima y se considera que es una agresión gravísima. En este sentido toda la contestación y lucha es impecable. Se puede decir que la mayoría de la sociedad, si esto fuese medible, está acompañando a la víctima. Y las instituciones más representativas y cercanas como son el Ayuntamiento de Iruñea y el Gobierno de Navarra ejercitan la acusación popular institucional. Así que en este tema, no hay ninguna duda. Después viene la sentencia, entremedio está la cobertura mediática, pero no voy a hablar ahora de eso, y se refleja justo lo contrario. Después de un proceso bastante demencial y muy agresivo contra la víctima, aparece una sentencia que trata de impugnar en términos de calificación jurídica la versión de la víctima. El “no es no” y el “yo sí te creo” que ha paseado por todas las calles el movimiento feminista, se rechaza de plano. Se pone en cuestión la versión misma y se aplica un tipo de abuso sexual, en lugar de agresión sexual, calificándolo de prevalencia, sin considerar que ha habido violencia o intimidación o las dos cosas a la vez. Como verás esto no es un problema de cuántos años de cárcel les van a caer a estos agresores. Este es un tema del relato. De cómo denominamos y de cómo contamos lo que ha pasado. Y que esto sí que es unánime: once penetraciones -anales, bucales y vaginales- perpetradas por cinco hombres, contra una chica que está encerrada en un portal, y en el tiempo récord de 18 minutos. Y sin su consentimiento. Y esto no es violencia, ni intimidación. Verdaderamente no se entiende, y lo poco que se atiende no se acepta. Por eso hemos vuelto al primer estadio, al primer espacio de la contestación: el movimiento feminista convoca una manifestación y acuden 35.000 personas. El lema es “No es abuso, es agresión”, “Yo sí te creo, nosotras sí te creemos”. Llama la atención que en estos momentos de luchas y manifestaciones importantes, por el fin de ETA, por las pensiones, por Catalunya, etcétera, las dos mayores, mayorcísimas manifestaciones que se han realizado en Iruñea, con diferencia abismal en cuanto al número y a la contundencia, han sido por dos nefastas actuaciones, en todo los sentidos, del poder judicial: caso Altsasu y su calificación de terrorismo y caso de violación múltiple de Sanfermines. Se puede deducir que algo habrá que mirar de estos tribunales....

¿Qué echas de menos de aquellos años de frentismo y transgresión? ¿En qué hemos retrocedido?

-El movimiento feminista de aquéllos tiempos tenía unos niveles de transgresión y desobediencia civil importantes. En el caso del feminismo, enfocado hacia lo que se llamaba la liberación de la mujer. Que, como se dice, empezaba por una misma. Así que las mujeres individual y colectivamente si confrontaban la norma heteropatriarcal y la incumplían abiertamente. Se dictaban las propias normas desde una perspectiva y una ética propias. Pasado un tiempo, la institucionalización del feminismo -que no del movimiento feminista- ha supuesto una suerte contradictoria. Por un lado, se ha extendido un ligero concepto de igualdad, más bien blando, que permea a las instituciones y les hace de paradigma ideológico. Lo cual puede ser interesante, pues antes el paradigma era la desigualdad y la secundarización de las mujeres. Y, por otro lado, se ha reducido tanto el paradigma que la lucha feminista la pretenden reducir a conseguir la igualdad, nada menos que con los hombres, sin que se sepa con cuáles a ciencia cierta. Esto no es ni la caricatura de la reivindicación feminista. Nosotras no queremos ser iguales, queremos ser diferentes y sobre todo libres, decidiendo sobre nuestros cuerpos y viviendo en condiciones dignas de vida. Pero sí hay un reducto que es muy amplio, que es el que ha movilizado en la última agresión de los tribunales y su sentencia, que sigue siendo muy transgresor y muy desobediente. Y es ese que susurra que “el miedo va a cambiar de bando” y que termina gritando “nosotras sí te creemos”, “nosotras no perdonamos”.

“La coordinadora osó decir no a la Constitución porque no recogía los derechos de las mujeres”

“Relato la decisión firme de una mujer de no volver a su casa con su marido un 8 de marzo”

“Nosotras no queremos ser iguales, queremos ser diferentes y libres”

“Falta de libertades sexuales, una sociedad heteropatriarcal y el poder de la Iglesia ”

“A pesar de ser delito, se compraban anticonceptivos aquí o en Iparralde”

“Que una mujer se pusiera a trabajar para tener independencia tenía mucho mérito”