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La oposición identitaria de UPN y PP blanquea a Ciudadanos

La derecha acepta a los antiforalistas como un aliado para el futuro
Los ataques al euskera y el miedo al fin de Navarra encubren sus críticas al Fuero
Ciudadanos puede ser el principal beneficiado del mensaje alarmista de la oposición

Ibai Fernandez - Iñaki Porto - Lunes, 4 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Junto a las banderas de España y de Navarra, los globos con el logo de Ciudadanos fueron el elemento más visible en la manifestación del sábado contra el euskera.

Junto a las banderas de España y de Navarra, los globos con el logo de Ciudadanos fueron el elemento más visible en la manifestación del sábado contra el euskera. (Iñaki Porto)

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Junto a las banderas de España y de Navarra, los globos con el logo de Ciudadanos fueron el elemento más visible en la manifestación del sábado contra el euskera.

Pamplona- Apenas un centenar de votos dejaron a Ciudadanos fuera el Parlamento en las elecciones de 2015. Los antiforalistas estuvieron disputando un escaño con Geroa Bai hasta prácticamente el final de un ajustado recuento, pero los ataques recibidos los últimos días de campaña desde la derecha por su oposición a los Fueros los acabaron dejando sin representación parlamentaria. Haciendo posible por primera vez una mayoría alternativa a los gobiernos de UPN y PSN.

Desde entonces, Ciudadanos mantiene un impulso emergente. Mejoró sus resultados en las elecciones generales, y las encuestas lo han llegado a presentar como primera fuerza en intención de voto en España. En los distintos ámbitos sociales y políticos de la derecha se asume ya que el partido de Albert Rivera será una fuerza necesaria en cualquier alternativa para el futuro. Lo verbalizó recientemente el líder de UPN, Javier Esparza, cuando abogó por un acuerdo de Gobierno con PSN, PP y Ciudadanos tras las próximas elecciones. Y lo han aceptado así también las organizaciones y los medios afines, que incluyen a la formación naranja en sus actos y en sus valoraciones como una fuerza política más pese a no contar con representación parlamentaria.

Un protagonismo que la formación naranja ha recogido sin complejos, como volvió a quedar en evidencia en la manifestación del pasado sábado contra el euskera, en la que no solo asumió un protagonismo destacado en la pancarta, si no que aprovechó para colocar en las primeras filas varios globos con su logo. Un corazón formado por las banderas de Navarra, España y Europa que ha sido protagonista en la gran mayoría de las fotos de la convocatoria.

La derecha tiene así un nuevo compañero de viaje. Un partido que entre sus principios fundacionales incluye el rechazo al Fuero, y que tiene en la equiparación del régimen diferenciado de Navarra y la CAV al del resto de territorios uno de sus principales activos políticos fuera de la comunidad. Ciudadanos es, de hecho, el único partido que ha planteado un cambio de régimen jurídico sin consulta previa a la sociedad navarra.

Nada de eso parece importa ahora a la derecha foral, apurada por las prisas de recuperar lo antes posible el poder en una coyuntura en la que no les acaban de salir las cuentas. Ciudadanos posiblemente será una fuerza parlamentaria la próxima legislatura, y si sus votos son necesarios para sumar mayoría en el Parlamento, o en cualquier otro municipio, serán válidos sin ninguna condición especial.

Roto el dique de contenciónLa operación sin embargo entraña riesgos importantes. Hasta ahora, las encuestas siempre han mostrado a Ciudadanos como un partido minoritario en Navarra. Incluso en un momento en el que la formación naranja se encuentra en la cresta de la ola. Sus ataques al régimen foral le restan mucho atractivo en una tierra donde la inmensa mayoría tiene muy interiorizado el autogobierno, así como el hecho diferencial que supone el Fuero respecto al resto del Estado.

Pero esa línea, nítida y firme durante años, se ha disipado en los últimos meses. La agenda política marcadamente identitaria por la que han apostado UPN y PP, y muchas veces también el PSN, permanentemente centrada en el euskera y en los símbolos, ha hecho del antivasquismo el argumentario principal de la oposición al Gobierno de Uxue Barkos. La defensa de la foralidad que tradicionalmente han representado los regionalistas ha quedado diluida en beneficio de un discurso centrado casi en exclusiva en el rechazo al nacionalismo vasco. Magnificado hasta el punto de asegurar que está en riesgo la continuidad de la propia Comunidad Foral.

Un escenario perfecto para Ciudadanos, que no solo le permite blanquear su antiforalismo ante el electorado tradicional de UPN y PP, sino que cuenta además con la ventaja de ser el partido que más se ha opuesto al nacionalismo catalán. Si en España hay hoy un referente político españolista y antinacionalista, ese es sin duda Albert Rivera. Y eso, para muchos navarros puede llegar a ser más importante que la propia defensa del Fuero.

Quedan por ver las consecuencias electorales que el cambio de paradigma tiene en el escenario político navarro. Condicionado ahora por un nuevo de Gobierno en España que deja a UPN sin protagonismo en Madrid, y que abre la pugna por el liderazgo de la oposición entre PP y Ciudadanos. Pero el dique de contención que frenaba la entrada de la corriente antiforalista ha saltado por los aires.

La derecha navarra cuenta ya con Ciudadanos como una opción válida para hacer frente al cambio de Gobierno y, de la mano del PSN, ha abonado el terreno de juego que más beneficia a los de Rivera. Con el PP al borde de ser fuerza extraparlamentaria, UPN sin sus referencias ideológicas tradicionales, y los socialistas arrastrados por la corriente, el antiforalismo puede acabar siendo el principal beneficiado electoral del discurso identitario de la oposición.