Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra

Rajoy contradice a Aznar en su adiós: “No hay que reconstruir el centroderecha”

Expresa su intención de abandonar la política de manera definitiva porque "no tiene sentido permanecer más tiempo aquí"

La carrera política de Rajoy ha estado jalonada de problemas que siempre hasta ahora había superado

Su peor año fue 2008, cuando perdió las elecciones y estuvo a punto de dejar el liderazgo del partido

Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Mariano Rajoy, en el jardín del palacio de Marivent, en Palma de Mallorca.

Mariano Rajoy, en el jardín del palacio de Marivent, en Palma de Mallorca. (EFE)

Galería Noticia

Mariano Rajoy, en el jardín del palacio de Marivent, en Palma de Mallorca.

pamplona- El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy ha afirmado este miércoles que "el centro derecha no hay que reconstruirlo" porque "el partido de centro derecha es el PP", que saca más de cincuenta escaños de ventaja al siguiente, de distinto signo político. Ha expresado su intención de abandonar la política de manera definitiva porque "no tiene sentido permanecer más tiempo aquí".

En una entrevista en COPE recogida por Europa Press, respondía así preguntado por las declaraciones de su antecesor, José María Aznar, quien este martes se ofrecía para ayudar en para volver a "unir" el centro derecha en España.

"Creo que el centro derecha no hay que reconstruirlo. El partido de centro derecha es el PP, que tiene 137 escaños, más de 50 escaños más que el segundo, que no es de centro derecha", ha señalado Rajoy, para incidir en que los 'populares' han ganado en las tres últimas convocatorias electorales.

Considera no obstante que "el PP tendrá que seguir trabajando con intensidad, resolver bien ahora el problema del congreso y elegir un nuevo líder", algo para lo que descarta dar "lecciones ni instrucciones" porque no es su "papel". "Puede ocurrir que no me hagan caso o que dejen de tomarme en serio", ha comentado.

Sobre su futuro sucesor, Rajoy considera que "no tiene ningún sentido" que él "entre en eso" porque "será el que digan los militantes del PP. Tampoco ha querido posicionarse sobre si es mejor o no que de ese congreso extraordinario salga una única candidatura: "No voy a entrar en esas cosas".

"Lo importante es que del congreso el partido salga unido, es fundamental. El partido ha mantenido la unidad todos estos años en circunstancias enormemente difíciles y complicadas. Si se mantiene la unidad, las cosas van a ir bien. Lo demás a mi ya no me corresponde decidirlo", ha sentenciado.

En cualquier caso, mantendrá lealtad a la persona que resulte elegida por el partido. "Dije que yo estaré a la orden del presidente de mi partido, seré un simple militante de base, no tendré actividad política pero mi conciencia y mis 40 años de pertenencia al PP me exigen ser leal y seré leal", ha añadido.

EL HOMBRE PREVISIBLE El hombre previsible, como el mismo Rajoy se ha definido tantas veces a lo largo de su carrera política, la dio por terminada ayer con un final imprevisible, atropellado por los acontecimientos de la última semana y presentándose ante su partido y ante la ciudadanía como víctima de una injusticia. Ayer en Génova hubo mucha lágrima, en su cara y en las de sus fieles, pero ninguna autocrítica. Mariano Rajoy ya ha pasado a la historia como el primer presidente del Gobierno derribado por una moción de censura, un procedimiento tan democrático como su elección, y ahora anuncia que se va del PP. Un final con sorpresa.

De la reunión del Comité Ejecutivo Nacional de ayer se podía esperar que el Partido Popular convocase un congreso extraordinario, pero pocos analistas vaticinaban que Rajoy iba a anunciar su marcha definitiva. Un superviviente político que ha logrado salir a flote en al menos una decena de ocasiones en las que existía el convencimiento de que su tiempo político había acabado, no ha logrado salir de la última. Esa piel de elefante que vio la canciller alemana Angela Merkel no ha resistido el pinchazo final. La sentencia de la Gürtel ha desbordado el vaso de la corrupción, pero llevaba años llenándose.

el supervivienteDe la carrera política de Rajoy, prácticamente no ha tenido otra, se destaca hoy su principal virtud, la administración de los tiempos que llevó a un relato colectivo de que era un político casi indestructible. En la mayoría de las ocasiones Rajoy administraba el tiempo dejándolo pasar. Cuando aún era solo vicepresidente del Gobierno salió casi indemne de la catástrofe del Prestige, a pesar de que cometió un error tras otro que en cualquier país civilizado le hubiera llevado a la dimisión. Superó también su derrota frente a Zapatero de 2004, aunque esta vez podía tener la excusa de la taimada gestión que su partido hizo de los atentados de Madrid.

Tal vez su peor año fue 2008, cuando no solo volvió a perder las elecciones sino que estuvo a punto de perder a su partido. Llegó al Congreso de Valencia solo y allí tuvo que superar las zancadillas de la vieja guardia, encabezada por la entonces presidenta madrileña Esperanza Aguirre y por el propio Aznar. Pero aún no había llegado su hora política y el apoyo decisivo del PP valenciano le valió para dejar atrás el aznarismo. Paradójicamente, la corrupción de ese PP valenciano cavaría buena parte de su tumba.

A partir de aquí, todo le fue mejor y la crisis económica que destrozó al PSOE le llevó a la Moncloa en 2011. En la primavera de 2012 salió otra vez indemne de los negros presagios que acechaban a la economía, eso sí, a costa de recortar todo lo recortable y aún más. Esa es otra de sus herencias: los ricos son ahora más ricos y los pobres, más pobres que cuando él llegó a la presidencia.

Ganó las elecciones de 2015 pero no pudo formar Gobierno, ni siquiera lo intentó. Dejó pasar el tiempo y que se estrellase Pedro Sánchez, y en 2016 volvió a la Moncloa de la mano de una abstención socialista inexplicable. Entre 2015 y 2017 la corrupción de su partido pareció que iba a devorarle, sobre todo cuando tuvo que declarar como testigo en la Audiencia Nacional, pero volvió a salir a flote. A la vez le tocó lidiar la crisis catalana, que gestionó a su estilo: mano dura y politización de la Justicia.

el imprevisto finalY fue cuando parecía haber llegado a un oasis de tranquilidad con los presupuestos aprobados, el 155 a punto de decaer y la macroeconomía en sus mejores cifras, cuando Rajoy se tiene que ir. No vio venir que la moción de censura iba a prosperar e incluso, en un alarde final de su famoso control de los tiempos políticos, la adelantó para pasar el trago cuanto antes y que sus adversarios no pudieran organizarse. Se equivocó porque el vaso de la corrupción estaba ya rebosante, porque sus políticas de recortes han perjudicado a mucha gente y porque los soberanistas catalanes votarían a quien sea con tal de quitárselo de encima. El pasado siempre vuelve. También para Rajoy. - P.G.