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Testimonio de un navarro en Guatemala

“La bruma de ceniza es constante e impide distinguir el día de la noche”

Santiago Oneca Agurruza lleva cuatro años viviendo en Guatemala y el domingo pasado le tocó vivir de cerca la erupción del Volcán de Fuego

Iosu Enguita Quiles - Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Cientos de personas acompañan los féretros de las víctimas. Sobre la imagen, una foto de Santiago Oneca.

Cientos de personas acompañan los féretros de las víctimas. Sobre la imagen, una foto de Santiago Oneca. (EFE)

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Cientos de personas acompañan los féretros de las víctimas. Sobre la imagen, una foto de Santiago Oneca.

Pamplona- El número de víctimas mortales a causa de la erupción del volcán en Guatemala ascendió ayer a 70 personas. Los servicios continúan sus labores alrededor del Volcán de Fuego. Numerosas ONG y países han prestado su apoyo e intención de colaborar en los servicios de mantenimiento y rescate en la zona. Toneladas de cenizas esconden a las personas que aguardan ser rescatadas.

Testigo directo de lo que está sucediendo al sur del país es Santiago Oneca Agurruza, un pamplonés de 52 años. Actualmente reside en Amititlán, un pueblo situado a 25 kilómetros del lugar de la catástrofe, junto a su pareja y los hijos de esta que son de origen guatemalteco. Hace cuatro años decidió cambiar de aires y se instaló en el país centroamericano con la perspectiva de empezar una nueva vida. “Sobre todo suelo volver a Pamplona para los Sanfermines”, argumenta Santiago Oneca.

A pesar de que su pueblo no ha estado en el epicentro de la catástrofe, Oneca afirma que los estragos son permanentes. Las cenizas han dejado a su paso una bruma que ha hecho más difícil el día a día de los vecinos de la zona. Santiago Oneca: “Aunque no se aprecia, la bruma de ceniza es constante e impide distinguir el día de la noche”.

“Me ha tocado pasar con el coche por la autopista situada en las faldas del volcán y da miedo”. El paisaje desolador que ha dejado la lava a su paso se complementa con la imagen de los trabajadores que continúan con sus rutinas laborales, aunque protegidos ante las adversidades del volcán.

En la desastrosa situación en la que se encuentran, la solidaridad se hace patente. Las labores de los servicios de rescate, bomberos y fuerzas de seguridad son imprescindibles junto a la ayuda prestada por los habitantes de la zona. “La gente aquí, tengan mucho o tengan poco, se ponen de acuerdo para acoger y ofrecer materiales y víveres a quién los necesite”, dice Santiago Oneca.

La temporada de lluvias acaba de comenzar en Guatemala. El viento y la lluvia dificultan las labores de rescate: “Cuando llueve se nota más el arrastre de las cenizas volcánicas por el aire. Para los bomberos y equipos de rescate es una dificultad añadida”.

En el pueblo en el que reside, los colegios se vieron obligados a cerrar sus puertas debido a la excesiva cantidad de ceniza volcánica que había en el ambiente. “La ceniza está provocando que la gente que sufre de asma agrave su situación, como por ejemplo mis hijos”. Todas las precauciones en esta situación son pocas: “ante todo hay que tener las ventanas cerradas y no salir de casa sin protección”.

Oneca asegura que tras estos días la calma se está asentando: “Poco a poco vuelve la normalidad tras este fatídico suceso”.

una nueva vidaSantiago Oneca Agurruza se dedica a las operaciones inmobiliarias, vende y alquila casas en la zona de Amititlán. Un pueblo de 125.000 habitantes dedicado principalmente al turismo, su atractivo principal es el Lago Amititlán. A su vez trabaja como guía turístico para los españoles que fijan Guatemala como su lugar de vacaciones. Desde que decidió dejar atrás su vida en la capital Navarra, Oneca vive con tranquilidad en este paraíso caribeño.