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Una mañana de rabia

Los arrestos a primera hora con un despliegue policial excesivo marcaron un día muy difícil

Nerea Mazkiaran - Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Concentración de vecinos de Alsasua, con el alcalde, ayer por la mañana en la calle principal de la localidad.

Concentración de vecinos de Alsasua, con el alcalde, ayer por la mañana en la calle principal de la localidad. (NM)

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Concentración de vecinos de Alsasua, con el alcalde, ayer por la mañana en la calle principal de la localidad.Edurne Goikoetxea, madre de Ainara Urkijo, atiende ayer a los medios.

altsasu- “Les podían haber realizado citaciones y hubiésemos ido a Madrid, tal y como lo hemos hecho cuando se nos ha pedido, para hablar y escuchar”, se lamentaba ayer Amaia Amilibia, madre de Jonan Cob, uno de los cuatro jóvenes detenidos ayer en Altsasu. “Presentíamos algo. A partir de la tarde del lunes empezó el movimiento. A uno de los chavales le siguieron dos personas mientras hacíafooting. Mi hijo también notaba cierto seguimiento”. Así, ayer cuando se dirigía a trabajar diez minutos antes de las ocho vio un coche con dos personas montadas dentro cerca de su casa. “Estaban donde suele aparcar la ambulancia de la DYA. He ido donde ellos y les he preguntado si pasaba algo. Han llamado a su mando y ha venido más gente con una orden judicial”, recordaba ayer antes de salir hacia San Fernando de Henares para estar cerca de su hijo.

Próximo al domicilio de Cob está el de Julen Goikoetxea, otro de los detenidos. “Hacia las ocho y media han golpeado varias veces a la puerta. Eran cinco guardias de paisano”, apuntó su madre, Ana Larraza. “Otra vez. No saben el daño que nos están haciendo”, confesaba. “Le han sacado esposado. Julen les ha pedido que le esposen por delante, que por detrás es muy molesto para el viaje. Le han dicho que luego”.

Iñaki Abad, el joven con la condena más alta (13 años), se entregó de manera voluntaria, después de que efectivos de la Guardia Civil fueran a su casa y no le encontraran. Tampoco se encontraba en su domicilio Aratz Urrizola. A él fueron a avisarle sus padres de los arrestos que se estaban produciendo y la detención se produjo en su lugar de estudios. Lo cierto es que ayer en Altsasu se hablaba de un gran despliegue policial desde primeras horas de la mañana, al igual que el 14 de noviembre de 2016, cuando se detuvo a estos mismos jóvenes así como a Adur Ramirez de Alda, Jokin Unamuno y Oihan Arnanz, en prisión desde entonces. Ese día también fue detenida Ainara Urkijo, puesta en libertad horas después, y que fue juzgada y condenada a dos años de cárcel en la Audiencia Nacional.

“La Guardia Civil con un gran despliegue y los métodos que utilizan para hacerse visible se han llevado a cuatro de nuestros hijos e hijas. De la manera que se los han llevado no esperamos nada bueno. A Rosalía, la de Bárcenas, no se la llevaron así cuando fueron a leerle la sentencia”, aseguraba Edurne Goikoetxea, una de las portavoces de Altsasu Gurasoak. “No entendemos muy bien porque en teoría ninguno de los cargos es superior a cinco años y considerábamos que tenían que estar libres hasta que la sentencia fuera firme. Siempre nos superan los acontecimientos. Siempre tiene que haber hacer su mediático. Aquí estamos, el pueblo decidido a hacer frente a una nueva vulneración”.

INDIGNACIÓN Ayer fue un día muy largo en Altsasu y también con muchas emociones, sobre todo de rabia, en palabras de muchos. Lo cierto es que pronto se supo de las detenciones, sobre todo a través de las redes sociales. Asimismo, a algunas personas les sorprendió en la calle, cuando se dirigían a llevar a cabo sus tareas habituales, como ir a trabajar o estudiar, a la hora de que niños y niñas se dirigían a los centros escolares. Así, a las diez de la mañana se celebró una asamblea en el edificio Gure Etxea para analizar la situación y decidir qué pasos dar a la que acudieron varias decenas de personas. Poco después se supo que la vistilla sería a las cuatro de la tarde y se decidió convocar una rueda de prensa masiva a las cinco y una manifestación a las ocho. “El pueblo está en shock”, señaló Aritz Leoz, de la plataforma Altsasukoak Aske. “Vemos que están interesados en mantener esta posición y enfurecer al pueblo. Quieren hacer daño”. Lo cierto es que las vecinas y vecinos de Altsasu se mostraban indignados, y hablaban de rabia, hartazgo y dolor para poner palabras a una pesadilla que no acaba, según destacaban. “Es una detrás de otra”, aseguraba una mujer.