El oro rojo de Etxauri resiste

Las lluvias castigan gran parte de la cosecha de cereza aunque algunas variedades se salvan

Un reportaje de Virginia Urieta. Fotografía Javier Bergasa - Miércoles, 6 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Redonda, bien hermosa y con un brillo especial. La cereza de Etxauri es diferente a las demás, dicen los que la cultivan -y muchos de los que la han probado- porque los 460 metros de altitud sobre los que se cultiva “se notan. Y el microclima es diferente: muy favorecedor”, señala Ignacio Ciriza. A sus 68 años, lleva “toda la vida” entre cerezos desde que allá por 1981 plantara el primero en un terreno que ocupa ahora 5 hectáreas y en el que se reparten, fértiles, 2.500 de estos preciados árboles. Las que cuelgan de sus ramas, en Bidaurreta, son cerezas que han conseguido labrarse casi una Denominación de Origen, convirtiéndose también en seña de identidad del valle.

“Lo de este año no lo he conocido nunca”, señalaba ayer Ciriza, recordando las lluvias de los últimos días. “La mitad de la cosecha perdida. Con tanta agua se han agrietado y se encharcan. Las tempranas se ponen blandas, se hacen manchas y ya no valen para vender”, lamenta. Le ayudaban a recogerlas su mujer y su hijo, desempeñando un trabajo que esta campaña se les ha multiplicado por culpa del clima: la selección tiene que ser mucho más exhaustiva. “Tenemos que mirarlas casi de una en una para desechar las que no valen. Si no llegan a estar así las cogemos a puñados”, explica.

No todo está perdido, por suerte, y cuentan con buen material. “El año pasado la campaña fue menuda, pero cuando hay poco lo que queda es de mejor calidad. Este año se ha retrasado porque los primeros días de mayo fueron fríos. Hizo mucho calor en abril, y ahora con la humedad, vienen dos o tres variedades que están saliendo a la vez -explica-. Pero es que no ha dejado de llover, por la mañana y por la tarde”. Muestra, entre las ramas, las grietas que ha provocado el exceso de agua, destrozos que en algunos casos han hecho que los productores pierdan el 75% de la cosecha temprana, y según prevén, desecharán la mitad de la tardía, reduciendo la venta de los 300.000 a los 150.000 kilos en campaña.

Aunque las cifras asusten, todavía queda de lo bueno, tal vez porque a Ciriza le gusta arriesgar, y eso le ha valido para conservar parte de la cosecha con variedades más fuertes. Algunas vienen desde Tarragona. “Yo suelo ir fuera, veo lo que hay, y si me gusta me lo traigo. Y eso que me dicen que me la estoy jugando, pero de momento me sale bien”, bromea. La apuesta por la Frisco le ha valido. También las de la Nimba y la Red Pacific. “De estas seguramente no encuentres en todo Navarra. Son tempranas y muy buenas, han salido extraordinarias. Para la fiesta de la cereza que íbamos a celebrar -se ha suspendido por la escasa cosecha- hubiéramos llevado casi todo Frisco. No se ha estropeado ni una”, revela.

microclima Se habrán sabido adaptar al lado privilegiado del valle. En Zabalza, Arraiza o Belascoáin, la cereza “no es como aquí, y no hacen carrera”. En Etxarri, Bidaurreta o Ciriza, al otro lado del Arga, existe ese clima que la hace especial, da el sol, y la tierra es “como cascajillo”, rojiza y con piedras. “Es lo mejor que hay para este fruto: en una tierra fuerte, arcillosa, el cerezo no florece”. Y es que en Etxauri el arbolado no pasa sed, con 800 o 900 litros por metro cuadrado de media al año, “le sobra”.

Y son diferentes también a las de la Ribera Alta, que tienen su mercado particular, “pero un clima más seco y nada de monte. No tiene nada que ver con esto”. La de Ciriza es una zona privilegiada para los cerezos y cuenta que, aunque él puso “los primeros, hace 25 años”, ahora es lo más común. “Prácticamente todos los vecinos cultivamos y vendemos cereza, aunque ninguno nos dedicamos a ello exclusivamente. Pero el 60% de lo que entra en la cooperativa Orvalaiz es de Bidaurreta”.

Asegura que los precios, a pesar de la cosecha de este año, “se van a mantener. Siempre empiezan más caras las primeras, a tres euros, y ahora están a 2,50 euros el kilo. Es muy buen precio -señala-. No va a subir porque luego empiezan a venir otras frutas”. En Navarra, dice, somos cereceros. “Y el mejor mercado lo tenemos en Pamplona. La cereza del Valle de Etxauri allí tiene mucho tirón. Gusta más, yo creo que por el sabor, el brillo... Porque es especial”.