Toni Hill escritor

“La amistad es un gran motor vital y a veces se ha menospreciado literariamente”

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Iban Aguinaga - Jueves, 7 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Toni Hill, durante su última visita a Pamplona.

Toni Hill, durante su última visita a Pamplona.

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Toni Hill, durante su última visita a Pamplona.

las claves

pamplona- Toni Hill (Barcelona, 1966) está inmerso en la intensa promoción de su novela. Una ruta que siempre incluye parada en Pamplona, donde tiene muchos lectores y unos cuantos amigos. En este caso, presenta una historia de crimen, pero también de acoso escolar, de amistad, de diferencias sociales, de luchas sindicales, de familias...

Tigres de cristal llega después de la gótica Los ángeles de hielo, novela con la que, a su vez, rompió con la línea noir que había seguido con la trilogía de Salgado. Con esta nueva historia da un nuevo giro, ¿intenta ponerse retos, desafíos nuevos que superar?

-Sí, la verdad es que básicamente así es, aunque no de manera estrictamente deliberada. Lo que sucede es que, como autor, me interesan muchos temas y ambientes, y tengo la suerte de que mis editores me apoyan sin ninguna reticencia, al menos hasta el momento. Los ángeles de hielo rompía con la trilogía policial, y es una novela que me encanta, pero a la vez tenía algo de juego con el lector (narradores no fiables, sorpresas, giros) en una atmósfera gótica;después de eso me apetecía bajar de nuevo a la calle, acercarme a una historia mostrando las cartas desde el principio y dejar que fuera la tensión de la trama, y no el misterio, la que enganchara al lector.

En esta ocasión, nos lleva hasta la Barcelona de los años 70, que nada tiene que ver con la actual, que también queda reflejada en el presente de los personajes, ¿por qué quería mostrar ese momento tan importante en las ciudades y en la historia del país en general?

-Diría que, a pesar de que existen muchos estudios sociológicos sobre el tema de los movimientos migratorios de los 60 del campo a las grandes ciudades, no existe tanta literatura. Cuando empecé a buscar, me di cuenta de que en cierto sentido había calado el estereotipo que uniformizaba a esas personas: huían de la miseria, nivel de estudios muy bajo o inexistente, etcétera. Al mismo tiempo, es obvio que ese grupo desempeñó un papel trascendental en la lucha sindical de esos años, así que aquella descripción tan limitada no me encajaba. A partir de aquí quise contar la historia de cuatro familias que viven en el mismo barrio;diferenciar a los personajes y, sin caer en un buenismo nostálgico, darles categorías individualizadas, tratarlos de manera honesta y respetuosa. Por otro lado, en los años 70 se configuró la España que conocemos, con lo bueno y con lo no tan bueno, así que era un marco perfecto del que partir para explicar la situación del siglo XXI.

Y el lugar es muy determinante, Ciudad Satélite, concretamente San Ildefonso, ¿por qué? ¿Quería saldar una deuda personal con aquellos años suyos allí? En un momento escribe “dicen que el pasado se empeña en regresar...”

-Sí. Es curioso: estos días he hablado con muchos de mis compañeros de instituto de ese barrio -estudié allí del 80 al 84- y a casi todos nos ha pasado lo mismo. Hubo unos años en los que renegamos del barrio, quisimos huir de él y en general lo conseguimos, y, sin embargo, ahora me sentía en la obligación de reivindicar la lucha de unas personas que abandonaron sus lugares de origen y se instalaron lejos, que fueron recibidas con reparos, pero se integraron perfectamente, y que lograron una vida mejor para ellos y las generaciones siguientes. El pasado se empeña en regresar, sí… Aunque seguramente es una consecuencia de hacerse mayor y de volver a él con una mirada más comprensiva. Eso no significa aceptar que lo hicieron todo bien: en la novela queda bastante claro que no, que se alcanzaron pactos que no fueron del todo justos, que la democracia tardó más años en calar en la población, incluso en aquellos que la defendían a capa y espada en la calle. Quizá la conclusión, al final de la novela, sea que aun aceptando que en esos años se hizo lo que se pudo, ha llegado el momento de revisar lo que sucedió y proclamar algunas verdades.

La vida allí en los 70, con la llegada de numerosos inmigrantes de comunidades como Andalucía y Extremadura, entre otras, tiene claras reminiscencias con lo que está sucediendo en Catalunya hoy, ¿qué pueden enseñar quienes hicieron de aquella Ciudad Satélite un barrio de convivencia entre diferentes a quienes hoy se separan por diferencias que forman parte del ADN de Catalunya desde hace décadas? ¿Se ha perdido la empatía?

-Desde luego la gente de esos años podría enseñarnos a buscar objetivos comunes, que unan y no dividan. Ellos tenían clara su clase social y sus reivindicaciones, y por eso las fueron logrando poco a poco. Fíjate, yo creo que esa capacidad de empatía no se ha perdido, porque si hubiera sido así, con la tensión de los acontecimientos de octubre de 2017, hubiera estallado un conflicto callejero muchísimo mayor. Otra cosa son los políticos, que han extremado sus posturas hasta puntos que parecen irreversibles;de hecho, juraría que muchos preferirían no haber llegado tan lejos, pero a la vez no ven la manera de desandar parte de ese camino sin ser denostados por sus seguidores más sensibilizados. Es una situación compleja que requiere diálogo, pacto y asumir que es prioritario llegar a un acuerdo para salir adelante. Ya hemos tenido muchos gestos simbólicos y muchas banderas, ahora es momento de que la política haga lo que debe: resolver conflictos en lugar de generarlos.

Las series de dibujos animados, los cromos, las canicas, los juguetes... Son claros protagonistas de la infancia de estos niños y supongo que también de la de Toni Hill. ¿Qué papel juegan todos estos elementos en la ambientación de esta historia?

-La historia de Tigres de cristales bastante dura, así que a ratos necesitaba también ese punto de nostalgia que te acerca a los personajes, a sus infancias, y crear complicidades a partir de recuerdos comunes. Uno puede pensar lo que quiera del Víctor o Juanpe adultos, pero resulta difícil no enternecerse al verlos en su niñez. Además, los dibujos animados, los cromos, etc, ayudan a recrear ese mundo, el primero que vio su infancia marcada por la ficción televisiva.

En esta novela también hay un crimen, pero no podemos decir que sea una novela negra típica, porque, estando en el centro de todo, ese suceso, cuya autoría conocemos casi desde el principio, le ofrece la posibilidad de mostrarnos cómo el pasado afecta de distintas maneras a la vida de los personajes. Cómo evolucionan las personas en sus distintos ambientes. Supongo que era lo que pretendía.

-Exacto. Aunque el crimen es el núcleo de la trama, lo importante es cómo se llegó a él y qué consecuencias tuvo, y todavía tiene, en las vidas de quienes se vieron envueltos en él. Como decía antes, me apetecía jugar con las cartas sobre la mesa -aunque existe alguna sorpresa, también es cierto- y narrar el antes y el después del crimen: analizar el sentimiento de culpa, o la ausencia de este;las alianzas y las lealtades rotas, el ajuste de cuentas. Profundizar en los porqués, no en el quién y el cómo;es decir, abordar el crimen desde un enfoque realista y no como mero enigma que debe ser resuelto.

La novela discurre en dos tiempos, en ese pasado del que hemos hablado, y en el presente, donde, curiosamente, a una joven le sucede algo parecido a lo que les pasó a los adultos de hoy cuando eran niños ayer. ¿Por qué ese efecto espejo?

-El tema del acoso escolar es central en las dos historias de la novela y me servía mucho para contar cómo ha cambiado la sociedad. Existen otros delitos que no han vivido esa evolución: el asesinato sigue siendo igual, o los robos… En cambio, el acoso se ha transformado siguiendo el dictado de la modernidad: antes era físico, explícitamente violento, y ahora, sin embargo, se manifiesta a menudo a través de redes sociales, es más sofisticado y más insidioso;no se centra en un enfrentamiento cara a cara, sino en otro más cobarde, del que resulta casi imposible huir.

Parece que el bullying, su origen y sus efectos, es un tema que le inquieta y preocupa, sobre todo por lo que ya ha comentado, por lo diferente y tremendamente demoledor que es hoy, por las redes sociales y demás.

-Es tremendo porque, a pesar de que la educación ha cambiado y de que los niños reciben ahora una educación en valores como la tolerancia o el respeto a la diferencia, parece obvio que algunos críos o crías aún necesitan esa descarga de placer que les proporciona el hecho de humillar a otro. Y sigue existiendo esa masa infantil que no acosa ni es acosada, pero se divierte o mira hacia otro lado. Da la impresión de que es muy difícil terminar con esto, aunque ahora al menos se le ha dado nombre y existen programas específicos que lo combaten, que es el primer paso a lograr derrotarlo.

La relación entre padres e hijos era muy diferente en esos años 70 a la de hoy, o eso parece reflejar también en la novela. ¿A qué cree que se debe?

-El mundo ha cambiado y la familia refleja perfectamente esos cambios. De entrada, antes los adultos tenían hijos mucho antes, a los 23 o 24 años, y tenían más… De todas maneras, yo creo que la principal diferencia era que antes los padres y madres educaban bajo la premisa de preparar a sus hijos para un mundo que era difícil y duro;ahora, a sabiendas de que el mundo es difícil y duro, lo que se intenta es proteger a los críos el máximo tiempo, retrasar en la medida de lo posible el hecho de que tengan que enfrentarse a él. Por supuesto, es una generalización, pero diría que no muy equivocada.

Y uno de los grandes temas, ayer y hoy, es la amistad, lo que uno puede llegar a hacer por esas relaciones que se forjan en la infancia/adolescencia y que marcan tanto la vida.

-La amistad es un gran motor vital y a veces se ha menospreciado literariamente a favor de otros más vistosos, como el amor o el sexo. Estoy seguro de que todos recordamos a nuestro amigo o amiga de la infancia, ese que era especial, tanto como recordamos el primer amor. Y es difícil que, una vez entrados en la edad adulta, generemos ese lazo de amistad sincera con alguien;es como si perdiéramos la capacidad o tuviéramos menos tiempo. El afecto por un amigo de la infancia reaparece en cuanto te lo encuentras, como si no hubieran pasado los años…

En cuanto al ritmo de la novela, quizá es más lento y pausado que en otros de sus trabajos. Se detiene más en detalles, da espacio y tiempo a los distintos personajes para hablar desde su punto de vista, huye de las sorpresas y el efectismo, ¿por qué?

-Sí, el otro día Carlos Zanón, que presentará la novela en Barcelona, me comentaba que en esta novela las páginas respiran más. Fue todo un reto asumir el ritmo que necesitaba esta novela y huir de algunos efectismos de la clásica novela negra, alejarlos a cambio de profundizar mejor en los personajes sin aburrir, desde luego, y sin perder esa capacidad de enganchar al lector. Digamos que no es una novela trepidante, pero sí adictiva, porque los personajes te importan y quieres saber qué será de ellos.

¿En qué momento diría que se encuentra como escritor?

-Eso deberíais juzgarlo vosotros, la verdad, pero yo me he visto más seguro, más maduro, con más capacidad de asumir las complejidades de varios personajes y de recrear dos épocas unidas por un barrio. Uno siempre piensa que la última es su mejor novela, pero en este caso yo lo creo de verdad, desde un punto de vista estrictamente literario. Es más sólida, más convincente, o al menos yo la veo así.

“En los 70 se configuró la España que conocemos, por eso era un buen marco para analizar lo que pasa hoy”

“Ya hemos tenido muchos gestos y banderas;ahora la política debe resolver los conflictos, no generarlos”

“No es una novela trepidante, pero sí adictiva, porque los personajes te importan y quieres saber qué será de ellos”

ficha

Título

‘Tigres de cristal’.

Autor

Toni Hill.

Editorial

Grijalbo.

Páginas.

480.

Precio

19,90 euros.