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La política penitenciaria en la era post-ETA, tarea del juez bilbaíno Grande-Marlaska

En la Audiencia Nacional procesó a Otegi y llevó la causa por el accidente del Yak-42

Jueves, 7 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El magistrado Fernando Grande Marlaska será el ministro del Interior en el Gobierno de Pedro Sánchez

El magistrado Fernando Grande Marlaska será el ministro del Interior en el Gobierno de Pedro Sánchez (EFE)

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El magistrado Fernando Grande Marlaska será el ministro del Interior en el Gobierno de Pedro Sánchez

pamplona- Fernando Grande-Marlaska, nacido en Bilbao en 1962, es vocal del Consejo General del Poder Judicial y fue juez de la Audiencia Nacional, donde, entre otras causas, procesó a Arnaldo Otegi, ordenó el ingreso en prisión de José Ignacio de Juana Chaos e instruyó el caso Faisán sobre el chivatazo a ETA. También fue el magistrado que instruyó y archivó inicialmente la causa contra los cargos militares por los errores que hubo en la identificación de los cadáveres tras el accidente del Yak-42, procedimiento que reabrió por orden de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional.

Marlaska llegó a la Audiencia Nacional en 2004 y poco después sustituyó al juez Baltasar Garzón en el Juzgado de Instrucción número 5 durante la licencia que solicitó para impartir clases en Nueva York. A la vuelta de Garzón, Marlaska pasó al Juzgado número 3, donde permaneció hasta 2012, cuando fue elegido presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Llegó al CGPJ propuesto por el PP, y fue el primero en hacer público su patrimonio en el Portal de Transparencia sin estar obligado a hacerlo. Mucho antes se había convertido en uno de los primeros jueces en hacer pública su homosexualidad.

Estuvo amenazado por ETA, que planeó atentar contra él durante unas vacaciones en Ezcaray, y ahora, con la banda disuelta, le tocará encarar el posible cambio en la política penitenciaria. Son desafíos a los que se enfrentará junto con la amenaza yihadista y la reforma aún pendiente de la ley Mordaza.

Como gesto inicial, podría acceder a la petición que el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, le hizo al presidente del Ejecutivo: que su primera medida sea la retirada de la Medalla de Plata al Mérito Policial a Billy el Niño. En manos del departamento de Marlaska, concretamente en la Secretaría de Instituciones Penitenciarias, también puede estar atender a la solicitud de los dirigentes soberanistas presos de ser acercados a cárceles catalanas.

La presión del narcotráfico en el Campo de Gibraltar, el aumento de la llegada de inmigrantes de forma irregular, una nueva ley de Tráfico o la reforma de la Ley Penitenciaria serán otros de los asuntos en los que deberá afanarse.

De trato amable, amante de los animales, defensor de los derechos humanos y crítico con el nacionalismo que ahora estará al cargo de las fuerzas de seguridad del Estado, convivió muchos años con ellas dirigiendo investigaciones desde sus diferentes destinos como juez instructor.

Fue en 2003 cuando dio el salto a Madrid, primero a plaza de Castilla y, tan solo un año después, a la Audiencia Nacional, donde pasó por hasta tres juzgados de instrucción sustituyendo a Guillermo Ruiz Polanco, Baltasar Garzón y Teresa Palacios, hasta que en 2012 fue nombrado presidente de la Sala de lo Penal.

En la Audiencia Nacional también compartió sumarios con la fiscal Dolores Delgado, nueva ministra de Justicia y con la que tiene una buena relación, lo que les convierte en un tándem bien engranado y de perfil marcadamente técnico.

salida del armarioSu salida del armario pública fue en 2006, en la cima de su popularidad, cuando concedió una entrevista a la escritora y amiga Rosa Montero bajo el título El juez rompe su silencio, que lo convirtió en uno de los primeros (y pocos) jueces que han reconocido esta condición.

Marlaska es un magistrado difícil de etiquetar políticamente. Contrario a los nacionalismos y con una ideología marcadamente social, fue designado a propuesta del PP vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en 2013 y ha presidido desde 2016 la comisión contra el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia, integrada por personalidades de la justicia y la política.

Una de sus últimas decisiones como magistrado de la Audiencia Nacional, puesto que compaginó con el del CGPJ hasta junio de 2017 (cuando entró en la comisión permanente), fue el voto particular que emitió unos meses antes negándose a absolver a un tuitero de enaltecer a ETA con mensajes sobre Carrero Blanco, en contra así de la línea que ha ido perfilando el tribunal respecto de este tipo de tuits.

En 2016 publicó su primer libro, Ni pena ni miedo, en el que habla a calzón quitado de su vida, de amor (especialmente de su marido, Gorka, con quien vive junto a sus tres perros) y de heridas familiares, pero también de feminismo, corrupción, nacionalismo, religión y prostitución. En ella se calificaba como una persona “muy sobria” y “muy del norte” y confesaba que nunca se había planteado saltar a la política, lejos seguramente de imaginar lo que ocurrió ayer. - D.N.

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