“Tu viento sigue soplando con fuerza por aquí”

Por Fermín Rodríguez - Sábado, 9 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

hermano, se van a cumplir 40 años desde aquel día en que una bala disparada desde la impunidad que da el anonimato, disparada por el odio y la venganza de quienes no saben que el viento no se detiene con balas, disparada por los que no se resignan a que el mundo cambie, acabó con tu joven vida en un instante.

Seguimos sin conocer quién apretó aquel gatillo, pero nadie duda ya de quiénes lo mandaron apretar. Acabamos de escuchar las conclusiones de una Comisión de la Verdad tantos años reivindicada y que por fin se constituyó por acuerdo municipal.

Hay que agradecer a quienes lo lograron, al Ayuntamiento y a los hombres y mujeres que han dado sus testimonios, y que dejan así, para el futuro, la memoria de quienes la quieren dejar en el olvido.

El olvido. El olvido... herramienta imprescindible de una impunidad a la que, no por ser norma en la mayoría de los casos de agresiones del Estado contra la población civil, nos acabamos de acostumbrar. Seguimos adelante todos los días, siempre buscamos la forma de contrarrestar esa impunidad de la forma que podemos. Con trabajo, con constancia. Con la memoria.

Últimamente las instituciones nos han escuchado y dado su apoyo en las reivindicaciones largo tiempo realizadas. Te alegrará saber que lo han hecho en Navarra, pero también han traspasado las mugas hasta llegar a Europa. Incomprensiblemente hay grupos que aquí y allá han votado diferente. Y no hablo de las instituciones porque el silencio de ellas es otra de las herramientas de impunidad. Pero como decía Lluís Llach, a quien tanto te gustaba interpretar a la guitarra, “sois vosotros los que hacéis del silencio palabra”. Su silencio es nuestro cómplice y les señala con el dedo. Señala su culpabilidad y señala sus vergüenzas.

Algunos de tus amigos y amigas, de tus camaradas, llevan desde el minuto uno de tu asesinato reivindicando tu figura y el esclarecimiento de aquella agresión salvaje e indiscriminada. Pues bien, te alegrará saber también que a estos hombres y mujeres que compartieron contigo tiempos de clandestinidad y revuelta, se han unido jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando caíste, pero son conscientes que mantener la memoria viva es una parte fundamental para que la historia recoja la verdad.

El día de tu entierro alguien reprodujo estos versos: “Mañana, cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo la tierra. Soy viento de libertad”. Tu viento sigue soplando con fuerza por aquí. Las luchas a las que diste impulso continúan vivas y activas. La justicia social, el euskera... todo va avanzando con luchas, con protestas, con éxitos y, lamentablemente, también con fracasos. Pero el fracaso jamás te detuvo. Caer. Levantarse. Seguir siempre hacia adelante. No retroceder jamás. Esa fue tu forma de vivir. Una forma de vivir en la que nos gusta mirarnos, en la que nos gusta recordarte.

Hay veces que nos dicen que ya han pasado demasiados años, que por qué seguimos insistiendo. Que por qué no lo dejamos ya. No lo hacemos, en primer lugar, porque en su día lo prometimos. En segundo lugar porque, si bien tu asesinato fue la consecuencia más grave e irreversible de aquel maldito día, este no fue un hecho aislado. En este punto quiero mostrar también la solidaridad con la familia aquí presente de Joseba Barandiaran. Tu asesinato le costó también a él la vida, ya que murió bajo las balas de la misma Policía.

Voy terminando, Germán. Queremos conseguir, y vamos a conseguir, el reconocimiento, la verdad y la justicia. Puede que no sea hoy ni mañana. Pero te aseguro que un día será. Te aseguro también que afortunadamente vivimos sin odio, porque el odio nos amargaría y nos pudriría el alma. Y no queremos darles ese gusto. Quién sabe... igual un día hasta podremos juntar el perdón a la verdad y la justicia. Lo que te aseguramos es que jamás olvidaremos. Jamás te olvidaremos.

Te echamos de menos cada 8 de julio. Y cada julio. Y todos y cada uno de los días desde hace casi 40 años.

Tu hermano, Fermín.

El autor es hermano de Germán Rodríguez

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