El rincón del paseante

De follajes, caudales y derribos

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 10 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hola personas, ¿qué tal?, planchando fajas y pañuelicos, supongo, hay que darse prisa que luego no aparecen las cosas, la faja está hecha jirones, el pañuelo tiene algún resto biológico que no desaparece, el pantalón ya no te ata, las alpargatas se han podrido dentro de la bolsa de plástico donde las dejaste el 15 de julio pasado y entonces hay que ir deprisa y corriendo a comprar y a empezar a gastar.

Hoy me he ido a pasear a mi camino favorito del que ya os he hablado y del que os seguiré hablando;uno habla con ilusión de sus hijos, de su novia, de su perro o de su moto, de aquello que quiere, de aquello que le gusta y le ilusiona, y así hablo yo de mi camino porque es lugar que me tiene enamorado. Para quien no lo sepa diré que se trata de ese serpentín que baja de Beloso al río y que recorro en distintas condiciones estacionales y meteorológicas. He ido para ver como explotaba en él la primavera y me he quedado alucinado de la exuberante, valga el tópico, vegetación que presenta, las ramas justamente pueden con el peso de hojas y flores y se arquean fundiéndose las del margen derecho con sus contrarias del margen izquierdo formando un auténtico arco triunfal para recibir al paseante.

Cada vez que paseo por él la vista y el oído han sido los sentidos más afortunados, sin embargo esta noche ha sido el olfato el mejor atendido, un intenso olor a jazmín, un fresco olor a verde y un cálido olor a tierra mojada han regalado mi asombrada nariz, he aspirado fuerte como si se me fuese a acabar el aire y he llenado los pulmones de sana vida, todo eso a cinco minutos de casa, ¿cómo no me va a gustar?, os aconsejo que le dediquéis un paseo nocturno, vale la pena. Sus castaños, chopos, hayas, avellanos, robles, plátanos, buganvillas, jazmines, y miles de especies que desconozco os darán su compañía, y os aseguro que acompañan, incluso si el viento mueve sus hojas os contarán sus secretos, ahora, que están recién vestidos con galas nuevas, cuentan mucho aunque a veces se van por las ramas, normal son árboles;en invierno, con la timidez que causa el estar desnudo enseñando las vergüenzas, hablan poco. También limacos y caracoles saldrán a recibiros, se juegan la vida por salir a pasear.

Al final del camino vuelvo a pasar la peatonal que salva el Arga, mi “pasarela txalaparta”, con el bastón intento sacar algún ritmo parecido al que producen los txalapartaris con sus maravillosas maderas sonoras pero… he fracasado, de todas todas me sale ritmo de zortziko o de habanera, que al fin y al cabo son lo mismo, solo que en una la chica se llama Maitetxu y en la otra Mari Carmen.

He seguido mi paseo pasando por la granja de caballos de Goñi;dos mastines y algún relincho se encargan de la banda sonora, el relincho rasga el silencio con fuerza y los dos chuqueles le hacen los bajos con unos ladridos graves, casi sordos, de perro grande. Rebasada la casa y el jardín, en pieza a parte, había una yegua preciosa con un potrillo que era como para llevárselo a casa. Chulo.

He llegado a las pasarelas y las he recorrido con cierta prevención, el río bajaba muy fuerte y muy alto, a no más de un palmo de mi pie, y el ruido, la espuma y la velocidad del agua dan un poco de jindama.

Hoy no he subido en el ascensor, no, señoras y señores, me he armado de valor y he subido la cuesta de Labrit hasta la calle Amaya. Tampoco es para tanto diréis algunos, de acuerdo, pero pudiendo haber subido en el “parato”, pues… tiene su mérito, ¿no?

A mi derecha, subiendo la cuesta, quedan todas las casas de Juan de Labrit que es lo más nuevo de lo Viejo. Ciertamente toda esa zona del final de San Agustín, Merced, Labrit , Dormitalería y Plaza de Santa María la Real, se considera casco antiguo, pero todas esas casas son de nueva planta, esos terrenos los ocupaban las murallas, derribadas a partir de 1915;el seminario episcopal, que ocupaba desde donde acaban las traseras de Tejería, hasta la calle de la Merced;la iglesia y el convento de los mercedarios (cuyo arco de entrada ostentando el famoso escudo de la orden podemos ver ahora de forma ornamental en la plaza de Compañía adosado a la fachada lateral de la escuela de idiomas), en terrenos de la plaza del palacio arzobispal y la residencia sacerdotal del Buen Pastor;la calleja de la Merced, etc.etc.

Ninguna zona de lo Viejo ha sufrido una intervención tan fuerte como esta. La verdad es que era una zona muy deprimida, con infraviviendas, sin ningún tipo de urbanización, con un vecindario escaso de fondos para alimentar a sus muchísimos retoños, ¡cuánto menos para engalanar y arreglar sus casas!, que ni siquiera eran suyas, fotos antiguas de la época dan fe de lo que digo. Sin embargo creo que el Convento y la Iglesia de la Merced, orden fundada por San Pedro Nolasco en el siglo XIII, víctimas del desamortizador Mendizabal, del que ya hablamos en otro Rincón, deberían haber sido conservados y restaurados, pero los políticos de la época no tenían una sensibilidad muy desarrollada para ver a futuro. Ni a pasado, por lo visto. En 1945 fueron demolidos.

Siguiendo hacia arriba voy pasando junto a las traseras de Tejería, esas traseras daban directamente al talud de la muralla y tenían entrada por ahí o por su calle por eso les hicieron esa especie de jardincillos o patios que tienen delante. Cuando éstas acaban aparecen otros edificios de los años 30-40 ,la calle Estafeta también sufrió cambios con el derribo de las murallas y el cambio de emplazamiento de la plaza de toros, tengamos en cuenta que el encierro salía de la famosa calle y doblaba a la derecha, ahora lo hace a la izquierda. Su esquina con Juan de Labrit es nueva hasta las mentadas casas de Tejería.

Por fin he coronado mi Tourmalet y tomando Carlos III he puesto rumbo a casa que las 0,30 horas no son horas de seguir por ahí.

El próximo domingo más y recordad que… ya falta menos.

Besos pa tos.

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