El esplendor perdido

ILUSIÓN | LOPETEGUI MEZCLA LA VIEJA GUARDIA y la nueva saVia para reconstruir a la selección

Julián Goikotxeta - Lunes, 11 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los 23 seleccionados por Lopetegui posan con el presidente de la RFEF en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para la foto oficial.

Los 23 seleccionados por Lopetegui posan con el presidente de la RFEF en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para la foto oficial. (Foto: Agencias)

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Los 23 seleccionados por Lopetegui posan con el presidente de la RFEF en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para la foto oficial.

PAMPLONA- El declive fue tan estruendoso que el memorable ciclo triunfal que vivió la selección española con Luis Aragonés y Vicente del Bosque se evaporó como por encanto. Por fin un grupo de gran nivel futbolístico afrontaba las grandes citas con mentalidad de campeón, proponiendo además una concepción del juego tan sugerente que provocó el unánime elogio entre los aficionados de todo el orbe. Jugar así de bien al fútbol y encima ganarlo todo. La Eurocopa 2008 de Austria y Suiza con el Sabio de Hortaleza. El Mundial de Sudáfrica 2010 (¡un Mundial!) y otra vez la Eurocopa, la de 2012 en Polonia y Ucrania, bajo la batuta de Vicente del Bosque.

Instalados en la élite, el seleccionado del técnico salmantino bajó a los infiernos en la siguiente cita mundialista, competición a la que acudió, ¿quién podía dudarlo?, con el cartel de favorito. No en vano en Brasil 2014 repetían dieciséis jugadores que se habían proclamado campeones del mundo cuatro años atrás, con las incorporaciones de Diego Costa, Koke, Azpilicueta y David de Gea. Pero aquel fantástico equipo se derrumbó con estrépito. No fue capaz ni de superar la fase de grupos, con bochornosas derrotas con Holanda (5-1) y Chile (2-0) y una victoria ante Australia (3-0) que no impidió que España pasara a los anales de la historia como la primera selección que caía a las primeras de cambio después de ganar un Mundial.

Sin embargo las críticas no se cebaron con el colectivo, y mucho menos con Vicente del Bosque, viniendo de donde venían, pero en la Eurocopa de Francia, dos años después, la selección española confirmó el final de un glorioso ciclo y la impotencia del seleccionador para remediarlo, aunque fuera despedido con honores.

España, que ya no contaba con dos jugadores antaño fundamentales como Xabi Alonso y Xavi Hernández, no pasó de los octavos de final de la Eurocopa, donde fue superada claramente por Italia (2-0).

El cambio tranquilo En plena fase depresiva, el defenestrado Ángel María Villar, por entonces plenipotenciario presidente de la Federación Española, optó por un relevo tranquilo, promoviendo en julio de 2016 a Julen Lopetegui, el seleccionador de los sub-21, para iniciar una nueva era con la mirada puesta en Rusia 2018 y la regeneración del colectivo.

Para su nuevo proyecto, el técnico guipuzcoano se apoyó en el núcleo duro de su antecesor, pese a los fracasos, donde estaban Jordi Alba, Piqué, Sergio Ramos, Busquets, Koke, Iniesta, Silva y Diego Costa. Pero también abrió las puertas a los nuevos talentos, como David de Gea o Kepa Arrizabalaga en la portería, Carvajal, que se había perdido el anterior Mundial por lesión, lo mismo que Thiago Alcántara;Saúl Ñíguez, Odriozola, Isco, Marcos Asensio, Lucas Vázquez, Iago Aspas o Rodrigo Moreno.

En el camino se quedaron Iker Casillas, Cesc Fâbregas, Pedro o Nolito, y en la lista definitiva Morata.

La fase de clasificación fue un paseo militar, donde la selección española se tomó cumplida revancha de Italia, relegándola a la segunda plaza del grupo G tras un empate en Turín (1-1), y una clara victoria en el Bernabéu (3-0), en una memorable actuación de Isco Alarcón.

Este episodio, que mandó al equipo transalpino a la repesca, y de ahí al ostracismo tras perder el último tren frente a Suecia, reactivó la fervorina ante la nueva cita mundialista, una circunstancia que asume con filosofía Lopetegui, finalmente agotado de tanto repetir que él no considera que su grupo sea favorito para ganar el Mundial. Porque, con los antecedentes, se impone la prudencia.

“No me pelearé con nadie que no ponga la etiqueta de favoritos. Todos los equipos vamos con los billetes de tres partidos y no hay ningún equipo que tenga garantizado el billete para el cuarto. Hay que ganárselo”, reflexiona el técnico vasco, que ha sabido ensamblar un conjunto de buen trato con el balón, pero con poco gol. Y eso, en el fútbol, se penaliza. Su apuesta arriba es la misma que la de Del Bosque en Brasil 2014: Diego Costa, pero, como entonces, ahora tampoco termina de cuajar en un estilo que difiere al de su espacio natural, el que pone Simeone en el Atlético.

Resolver esta ecuación (Aspas, Moreno, ¿un falso nueve?) tiene premio. Es el Mundial, donde la gloria y el fracaso están a un paso.