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Eusko Ikaskuntza: ciencia, aciertos y retos

La Sociedad de Estudios Vascos cumple un siglo de historia en el que ha sido puente de unión por encima de fronteras e ideologías y punta de lanza de una sociedad avanzada que debe actualizarse sin olvidar su origen

Lunes, 11 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Un siglo de Historia. Pocas instituciones públicas y privadas pueden presentar unas credenciales cuantitativas y cualitativas como Eusko Ikaskuntza. La Sociedad de Estudios Vascos nació desde el pueblo gracias al compromiso de las primeras instituciones de Navarra y la CAV, la Vasconia cultural, pero con unas tupidas raíces en el tejido municipal y social como lo demuestra su lista de socios y socias. Con sus altibajos propios y ajenos (como otras, sufrió el hachazo del franquismo) la principal enseñanza de Eusko Ikaskuntza es que la ciencia y la cultura unen por encima de fronteras geográficas, políticas, ideológicas e incluso socioeconómicas. Salvo el insólito episodio protagonizado por el gobierno de UPN en su momento, esta altura de miras académica e institucional ha prevalecido durante un siglo. La segunda lección que se extrae es que siempre tiene que haber personas y entidades que vayan un paso por delante y ejerzan de motor social. Los dos principales fracasos de la institución (el frustrado estatuto vasconavarro de los años 30 y su fallido empeño por crear una universidad) han sido a la larga dos de sus éxitos más importantes. Ni la doble autonomía de la CAV y Navarra ni la amplia red de campus de ambos territorios se podrían entender sin esa materia prima que se tejió en la edad de orode la SEV. Eusko Ikaskuntza afronta una nueva etapa con motivo de su centenario. La institución ha hecho bien en volcar su celebración no sólo en recordar el pasado sino en mirar y trabajar por el futuro. En esa línea va toda la dinámica de reflexión iniciada y que concluirá de nuevo en Oñati a la vuelta del verano. Qué somos y qué queremos ser en un mundo cada ver más abierto y cambiante. Ésas son las preguntas a las que las mesas plurales y las conclusiones deben responder. Pero Eusko Ikaskuntza haría bien también en no olvidar su ADN originario y conjugar la participación con el plus que da la experiencia de científicos y expertos en cada campo. Hay muchas y muchos en nuestro país. Los nuevos envoltorios metodológicos deben reforzar la esencia de una institución basada en la Ciencia. Y la Ciencia siempre necesita de especialistas y pioneros/as que, eso sí, no deben perder el suelo y la conexión con la ciudadanía. Muchos son los retos. Y uno de ellos es que la larga nómina de nombres propios que jalonan su Historia se enriquezca con los de mujeres en cargos y secciones. Las hay y muy prestigiosas. El futuro de esta tierra, también desde la Ciencia, se escribirá en femenino.

etiquetas: editorial, opinion

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