Ley inútil sobre accesibilidad

Paco Monente Zabalza - Martes, 12 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

No quiero una nueva Ley de Accesibilidad. Era sobre 2009-2010 cuando se redactó una Ley de Accesibilidad Universal tan maravillosa que fue calificada como de “segunda generación”. Definición que nunca he acabado de comprender y que aparecía en los medios oficiales como la panacea para abordar toda la problemática de la discapacidad de las personas. Iba a ser una maravilla, y a partir de ese momento todos tranquilos que aquí estamos para todo lo que sea necesario.

Ya se veía en su momento que iba a ser una ley inútil, pues estaba llena de frases bien sonantes con afirmaciones en el vacío que expresaban muy bien ideas y objetivos importantes pero basados en sueños inalcanzables. Era como parte de un programa electoral que ya se sabe que es mentira por imposible.

De todo lo que se aprobó ni un solo objetivo se ha cumplido. No se han desarrollado los reglamentos indispensables declarados como obligatorios ni se han llevado iniciativas reales de implantación de los servicios anunciados, ni se han acometido esas comisiones necesarias que desde su definición se vislumbraban ineficaces. Su única utilidad ha sido la de ser invocada continuamente para mal disimular su no cumplimiento.

Así, en vez de hacer algo real impulsando el cumplimiento de aquella Ley obligatoria, hacemos un estudio, hacemos un proyecto o una Ley aunque ninguno de ellos sea necesario, y así pretendemos dar una imagen dinámica y de eficacia a ver si engañamos a alguien. Me recuerda al escultor de humo de Gog de Giovanni Papini: emito humo como alegoría de que tal vez creamos que existimos y que somos conscientes de algo de lo que nos rodea. Y, desde la gobernabilidad, esperan a verlas venir.

Esta nueva Ley se plantea muy similar a la anterior y va a ser igualmente inútil: con una redacción engorrosa, amplísima y repetitiva con afirmaciones en el vacío que ordena metas imposibles y con compromisos a los gobiernos mucho más amplios que la anterior tales como cientos de estudios y cientos de planes de actuación con lo cual se van a cumplir los mismos cero objetivos. Otro lapsus notable es que no tiene en cuenta normativas nacionales como el Código Técnico de la Edificación o el Decreto 561/2010 y tal vez pretende corregirlas aportando confusión al tema.

Si se hubiese alcanzado algún objetivo concreto con la ley vigente me callaría, pero me atrevo a reafirmar la afirmación anterior.

Aunque por otra parte, la verdad, tampoco veo a los colectivos reclamando sus reivindicaciones con energía y decisión y aportando ideas concretas. Esos colectivos que tienen que tener como motivo principal de su existencia la reivindicación de soluciones a sus problemas.

Me da la impresión de que ocurre como en Pío XII: ya que no sabemos qué hacer nos gastamos 330 millones de las antiguas pesetas. Y para contentar al minusválido hacemos una nueva Ley de Accesibilidad, inútil eso sí.