Los escritores también construyen ciudades

Los novelistas leonardo padura y eduardo mendoza valoran la urbe como un espacio de libertad

Un reportaje de Amaia Rodríguez Oroz / Fotografía Javier Bergasa - Jueves, 14 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El escritor Eduardo Mendoza, mientras relaciona una ciudad con un disco de 45 revoluciones.

El escritor Eduardo Mendoza, mientras relaciona una ciudad con un disco de 45 revoluciones. (Javier Bergasa)

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El escritor Eduardo Mendoza, mientras relaciona una ciudad con un disco de 45 revoluciones.El escritor cubano Leonardo Padura.

“La Habana se va convirtiendo en una nueva ciudad dentro de la que era mi ciudad, que en ocasiones repelo y me repele” “Nos falta esa emoción que supone vivir en la historia, y las ciudades nos permiten volver a épocas históricas”

La ciudad como espacio de libertad, como lugar donde ocurren cosas buenas y no tan buenas, como una caja de recuerdos, de vivencias y de historia. Con su música, sus olores y, sobre todo, sus gentes. La ciudad, en definitiva, como espacio que toma forma bajo la pluma de un escritor. Porque los escritores, al igual que los arquitectos, también construyen ciudades. Construyen a sus personajes, sus calles y sus historias. Y qué mejores constructores de estas ciudades de papel que los escritores Eduardo Mendoza y Leonardo Padura, quienes con sus palabras han dado forma tantas y tantas veces a los más recónditos lugares que Barcelona y La Habana puedan albergar.

“Soy incapaz de colocar dos ladrillos rectos uno al lado del otro, así que no estoy aquí para hablar de la arquitectura”. Así de rotundo comenzó su intervención Leonardo Padura, Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, en la que se apropió de La Habana por unos momentos para hablar de su malecón, de la periférica Mantilla y de todas sus entrañas, que de buena mano ha podido conocer a lo largo de tantos años. “Escribir nunca es fácil;a veces supone una tortura o una condena”, dijo, antes de señalar que La Habana “es una ciudad que se construyó con palabras”. “Desde el mar impenetrable, los escritores colocaron unos personajes que dieron forma a una ciudad, una construcción que parecía fundamental y que después pasó a una deconstrucción”, una característica que, comentó, se “ha ido viendo en los edificios, ahora ruinosos, y en las palabras”. También en la partida de muchos escritores al extranjero, un hecho que Padura lamentó y que, no obstante, nunca es definitivo. “Ninguno ha conseguido irse del todo”, apuntó.

El escritor describió el malecón habanero como “el final del país, la última frontera”, para pasar a referirse a sí mismo como mantillero. “Haber nacido en un barrio de la periferia contribuyó a forjarme un carácter y un sentido de pertenencia”, señaló. Una razón por la cual, sostuvo, nunca ha abandonado su hogar. “A pesar de los pesares, yo soy escritor cubano y necesito a Cuba para escribir”, añadió. Para Padura, esta residencia, “más que dramática, es trágica”, aunque le ha permitido conocer la gran carga simbólica que envuelve al caminante por cada calle de la ciudad. “La ciudad es un cofre abierto de donde se desprenden recuerdos”, sostuvo, a la vez que comentó: “Nuestras percepciones cambian y la ciudad se va convirtiendo en una nueva ciudad dentro de la que era mi ciudad, que en ocasiones repelo y también me repele”.

No obstante, ese sentimiento de pertenencia nunca lo ha perdido. Tanto es así, que se atrevió a decir: “Mi pertenencia a esa ciudad resulta esencial, como una condena;soy porque pertenezco”. Un sentimiento que también se aprecia en cada uno de sus personajes, en especial en Mario Conde -su personaje fetiche-, al cual le ha “condenado” a ver toda la vida desde una esquina. “Lo he hecho irremediablemente habanero y con eso ha descubierto la ciudad”, una urbe que, para el autor, tiene “el alma a flor de piel” como pocas otras ciudades.

Un personaje más

“La ciudad es un espacio de conquista”

Como bien dice el refranero, una imagen vale más que mil palabras. Por eso, antes de comenzar a hablar, el escritor catalán Eduardo Mendoza sacó de su bolsillo un disco de 45 revoluciones del Dúo Dinámico. “Me recuerda a la ciudad”, dijo, y pasó a describir esta similitud: “La parte negra es el contenido, la ciudad en sí y todo lo que hay en su interior;la parte siguiente es la informativa, la técnica y la comercial, es decir, lo que quiere mostrar la ciudad que es;y esto último - dijo señalando a la parte hueca- es lo que vemos los turistas”. Y así comenzó el Premio Cervantes 2016 un discurso en el que describió las ciudades como “espacios de conquista imposibles de abarcar en su totalidad”, algo para lo cual, dijo, “sirven las novelas”. “El novelista trata la ciudad como un personaje más y se mueve a nivel de calle tratando de mostrar una perspectiva de una ciudad palpable”.

Para el autor, existen dos concepciones de ciudad: la diabólica y la celestial. “Son foco de corrupción, de crímenes y son espacios fundados por personas con fines perversos, pero también en ellas opera la bondad y la justicia”, señaló, para subrayar que nosotros “hemos heredado estas dos concepciones y, por eso, estamos confusos ante la idea de ciudad”, la cual apuntó que “no se puede generalizar en un solo término”. “La ciudad está formada por individuos y no todos somos iguales;nuestra percepción varía según las condiciones de cada persona y, por eso, una misma ciudad puede representar cosas muy distintas”, sostuvo, aunque mantuvo que, si hay algo cierto, es que “la ciudad siempre será el lugar en el que nació una persona”.

También hizo referencia al caos turístico que viven ahora las urbes principales, que “antes se visitaban por sus museos, sus festivales o por razones comerciales, mientras que ahora se visitan por las ciudades en sí”. Uno de los motivos que da respuesta a este fenómeno es, según el autor, el hecho de que “actualmente vivimos una época de pocos acontecimientos históricos”. “Estamos un poco faltos de esa emoción que supone vivir en la historia, y esto nos los proporcionan las ciudades”, explicó. A modo de ejemplo, destacó Londres, que exhibe el recuerdo de los bombardeos. “Uno acude a estos lugares para vivir aquello que, afortunadamente, no le tocó vivir”, dijo, para acabar con una reflexión. “Aunque el arte sea imposible de definir, hablar sobre él es tan útil que no podemos dejar de hacerlo, porque es lo que nos hace avanzar. Y esto es lo que nos ha reunido aquí, hablar de una cosa que nunca podremos acabar de entender”.

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