Un libro de la vida cotidiana en el siglo XX

Recuerdos de una infancia en San Martín de Unx

Pablo Zapata y Jesús Ukar repasan en un libro la vida cotidiana de los y las sanmartinejas a mediados del siglo XX, con poemas e ilustraciones

Ainara Izko - Viernes, 15 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Pablo Zapata Lerga y Jesús Ukar Muruzábal posan con su libro sobre San Martín de Unx.

Pablo Zapata Lerga y Jesús Ukar Muruzábal posan con su libro sobre San Martín de Unx. (AINARA IZKO)

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Pablo Zapata Lerga y Jesús Ukar Muruzábal posan con su libro sobre San Martín de Unx.

san martín de unx- El mañana de mi ayer. Así se titula el libro que acaban de publicar Pablo Zapata Lerga y Jesús Ukar Muruzábal, en el que por medio de poemas e ilustraciones repasan cómo era la vida en San Martín de Unx a mediados del siglo XX. En concreto, estos “sanmartinejos hasta la médula” proponen un viaje por las cuatro estaciones del año, deteniéndose en episodios, costumbres y tradiciones que marcaron su infancia.

En el capítulo dedicado al invierno hablan de la recogida de la oliva, la matanza del cerdo, los injertos y la Navidad;de las romerías a Ujué o Santa Zita en primavera;del campo, la cosecha y las fiestas en verano;y de la vendimia, en otoño. El libro finaliza con un diccionario que contiene más de medio centenar de palabras como apapollo (amapola), angorraz (buitre), mocina(muchos mozos juntos), pansa (uvas colgadas para que se hicieran pasas) orallo (botijo). Se pretende facilitar así la comprensión de los textos a aquellas personas menores de 50 años que, posiblemente, ya no utilicen estos localismos.

En total, se han publicado 200 ejemplares, costeados por los dos autores. Finalizan así nueve meses de trabajo, que han querido dedicar tanto a sus progenitores (Clemente Zapata Aldunate, María Lerga Górriz, Jesús Úcar Ursúa y Dolores Muruzábal Gambarte), como a sus paisanos de ayer “porque no se han ido del todo”, de hoy “porque lo habitan”, y de mañana, “porque son nuestro futuro”.

Nacido en 1946, Zapata salió de San Martín de Unx para continuar con sus estudios, siendo todavía un niño, con 11 años. Desde entonces ha regresado intermitentemente y guarda grandes recuerdos de su niñez. Este profesor de Lengua y Literatura en Bilbao es también filósofo, licenciado en Filología Hispánica y tiene una treintena de libros publicados.

Dice en el prólogo que tardó un tiempo en ver que sus primeros escritos discurrían en torno a su pueblo. “No me había dado cuenta. Fue más tarde, en la lejanía y la distancia, cuando me percaté de que mi infancia, con su lengua, sus dichos, su paisaje, su gente y sus costumbres, es mi verdadera patria”, indica.

En este sentido, reconoce que sigue siendo “aquel niño de pueblo que miraba los campos y se recreaba en el azul de aquel cielo, que inhalaba sus olores, que sentía las estaciones del año, las labores, que se empapaba del ambiente rural, que escuchaba la conversación de los mayores y construía su entorno”. Pese a creer que con la distancia se amortiguaría “la fuerza de ese nexo umbilical con la tierra que me vio nacer”, ha sucedido todo lo contrario. “Resulta que cuanto más he viajado y visto, más vuelvo una y otra vez a mis orígenes, al niño que fui”, apunta.

Y es que “la infancia nos forja en todos los sentidos”, advierte, de tal forma que “nuestro hoy sigue estando mediatizado por nuestro ayer, tanto en los recuerdos como en la personalidad”. Añade, de este modo, que según los especialistas “la personalidad del adulto está ya moldeada para los cinco a siete años. Cuando entras en la madurez, ya más sabia por la experiencia, te das cuenta de que los dineros, puestos sociales y honores vacuos de esta vida son lo de menos, son efímeros. Y retornas a tus orígenes no como nostalgia, sino como refugio de sensatez”, como “la cigüeña que vuelve al nido”.

Ilustraciones Jesús Ukar, a su vez, nació en 1963 y pese a que reside en Mutilva, sigue empadronado en San Martín de Unx. Es Inspector de Educación y en su faceta de pintor ha recibido múltiples galardones. A la hora de ilustrar el libro se ha decantado por una veintena de imágenes realistas, algunas de ellas elaboradas especialmente para la ocasión, realizadas con pintura acrílica, óleo y acuarela. En ellas se reconocen paisajes, acciones como el juego de la pelota, calles, casas, etc. Ukar indica en el prólogo que “las personas habitamos un lugar y, sin darnos cuenta, ese lugar pasa a ser parte de nosotros y de nuestra vida, al mismo tiempo que ese espacio queda caracterizado por quienes lo habitan y por cada una de las situaciones de todo lo que allí acontece. Eso es lo que me sucede con San Martín de Unx”, dice, localidad que sigue siendo “punto de referencia y de encuentro” para él, porque allí están “la mayor parte” de sus recuerdos.

En este sentido, admite que cada vez que pasea por San Martín de Unx aparece “con fuerza” la imagen de la infancia. “Tuvimos la suerte de que nuestra educación fuera cincelada por todo el pueblo, por esas primeras lecciones que aprendimos en casa, en la calle, en el colegio, en la iglesia o en el frontón”, indica. Fue allí donde aprendió “el sentido del trabajo”, porque desde “muy temprano” tocaba ayudar a la familia en casa y en el campo, y a reconocer “a las personas con principios y de profundas convicciones, a las personas de palabra, serenas, íntegras, que aceptaban el devenir de las cosas con sabiduría y entereza”, explica.

Si en algo coinciden Zapata y Ukar es en la “pena infinita” que les produce comprobar que su pueblo cada día tiene menos habitantes. “Se va quedando sin gente y la idiosincrasia del pueblo está desapareciendo”, lamenta Ukar. De ahí la importancia de iniciativas como ésta, que demuestran que todavía hay actividad. “La gente agradece que se haga algo por el pueblo”, dice Ukar. Por último, agradecen a sus paisanos la buena acogida que ha tenido el libro. “Les ha encantado porque les ha permitido recrearse en aquellos tiempos”, concluye Zapata.