En fin

Ya no se habla con los vecinos de viaje

por javier arizaleta - Sábado, 16 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hablábamos la semana pasada del recurrente tema del tiempo y esta semana no podemos obviarlo cuando vemos que todo el mundo sigue hablando de él, ahora sobre todo que se han abierto las piscinas y muy pocos se atreven a cruzar el umbral ni mucho menos darse un chapuzón. Todo lo contrario al año pasado en el que junio fue el mes más cálido de todo el verano. Pero ya que hablamos de conversaciones recurrentes uno, que ya tiene una edad, nota la diferencia con el pasado. Hace unos años era habitual que se mantuviera una conversación con el vecino en la compra, en la sala de espera del médico, en el asiento de autobús o en cualquier lugar donde tuvieras que pasar unas horas o unos pocos minutos con alguien. Eran pequeñas conversaciones en las que la gente abría su corazón y lo mismo se contaba la enfermedad terminal del abuelo que de las andanzas de cualquier miembro de la familia. Había una especie de pasión por la confidencia en la que no se descartaba en poner al día a cualquiera que ni tan siquiera te conocía. Estaba muy interiorizada la idea de la comunicación con tus vecinos más allá de otros miramientos. Hoy todo esto ha cambiado mucho. Es como si en estos espacios optáramos por el individualismo: ni nos importa lo que nos pueda decir el vecino de asiento ni le importa a él o a ella lo que yo pueda contarle. Las conversaciones más o menos acaloradas de antaño, ahora son puro silencio. La gran mayoría de la gente recurre a su teléfono móvil en cuanto tienen un segundo. La curiosidad vecinal que hacía que se hicieran grandes confesiones a tus amigos temporales de viaje ha pasado a la historia. En fin, el individualismo y los móviles se han encargado de ello.