Aires de justicia y libertad unen Igal y Vidángoz

La memoria de los esclavos del franquismo y de la represión del 36 se fusionó ayer CON la denuncia DE LA TRATA DE MUJERES INMIGRANTES

Un reportaje de Marian Zozaya Elduayen - Domingo, 17 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Recuerdo ante el monolito de otra entrañable mañana en el Alto de Igal con protagonistas y participantes.

Recuerdo ante el monolito de otra entrañable mañana en el Alto de Igal con protagonistas y participantes. (MARIAN ZOZAYA ELDUAYEN)

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Recuerdo ante el monolito de otra entrañable mañana en el Alto de Igal con protagonistas y participantes.El luchador burguiarra Vicente Lacasia emocionó con su sereno y humano relato.Pañuelo para Jesús Mari Barrena, colaborador infatigable.

Aires de justicia y libertad de generaciones soplaron ayer con fuerza en el Alto de Igal, al pie de la carretera del sufrimiento que 2.354 antifascistas hicieron como esclavos entre los años 1939-1941.

Al pie del monolito que les recuerda, arriba en el puerto, Memoriaren Bideak rescata su memoria desde hace quince años con un acto sencillo que congrega todavía a protagonistas de aquel sufrimiento, a familiares y autoridades (consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales, Ana Ollo, y Josemi Gastón, Jefe Memoria Histórica del Gobierno), por una causa que sigue viva y que enlaza con injusticias del presente.

Los prisioneros Luis Ortiz y Vicente Lacasia y Josefina Lamberto (familiares de asesinados del 36) volvieron al lugar de memoria y dieron voz a sus penetrantes recuerdos seguidos de aplausos de distinta procedencia, de familiares de personas que sufrieron como ellos cautividad, trabajos forzados y violaciones de sus derechos.

El recuerdo y la denuncia de su castigo estuvo reorientado ayer en la compraventa actual de mujeres con destino al mercado de la prostitución y a la lacra del patriarcado.

“Es nuestro empeño cada año que la memoria sea una herramienta para conseguir un presente más justo y por eso, en esta ocasión, nos centramos en la situación de miles de esclavas contemporáneas, migrantes y víctimas de la legislación de extranjería, despojadas de derechos, ilegales y clandestinas”, expresó Juan Kruz Lacasta, coordinador del acto, antes de dar paso a Sara de Vicente, miembro de Ehuleak (Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres de Navarra).

SIMILITUDSara de Vicente comparó la esclavitud en el tiempo con la vulneración de derechos en el franquismo y la de hoy: “La prostitución y la trata esclaviza a las mujeres y les da la consideración de personas de segunda, y ni siquiera eso, porque les deja sin dignidad”. Alertó además, ante los mensajes engañosos relacionados con la legalización que la industria del sexo envía a la sociedad. “No es trabajo ni libertad, es la esclavitud del siglo XXI que explota a las mujeres. La violencia más invisible y normalizada”, reiteró.

Luchas de ayer y de hoy se sucedieron en las jóvenes voces de mujeres como Lorea Luzea, en sus bertsos por la represión de género durante la dictadura, “mujeres que sacaron sus familias adelante silenciadas por el patriarcado”. Le siguieron Las Tipex, música con tono feminista de reivindicación y fiesta de nuevas generaciones que se suman al homenaje.

En la coincidencia de fechas, Memoriaren Bideak recordó la injusticia de las penas impuestas a los jóvenes de Altsasu, con la lectura de Edurne Beaumont de un emotivo texto enviado por la plataforma Altsasuko Gurasoak.

Después, reconocieron la labor desinteresada en cada edición de Jesús Mari Barrena, a quien su nieto Odei Garzía de Azilu ensalzó por su transmisión de valores.

Andreu Caralt, Andrés Vitores, nieto e hijo de prisioneros, y Lucía Dapena, que se llevó el aplauso hasta Galicia, representaron a las familias.

Cohesionados por el sentimiento, engancharon a Josefina Lamberto, que criticó la esclavitud e hipocresía de la Iglesia en su persona. Vicente Lacasia emocionó con su relato sereno y gritó por la República, la justicia y el progreso social. Finalmente, Luis Ortiz agradeció el trabajo por la memoria de historiadores y periodistas, “que hacen más que los Gobiernos”. Los tres contagiaron esperanza y recordaron la fuerza de sus principios, de hombres y mujeres de bien hasta morir.