Ballet

De ‘La Sílfide’, a Petipa

Por Teobaldos - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Celebramos el bicentenario del fundamental Marius Petipa, y su principal valedora en nuestra comunidad -Almudena Lobón- ha tenido, en su gala fin de curso, un especial recuerdo. Almudena ha llevado a escena los grandes ballets del repertorio de Petipa, así que, en esta ocasión, la directora y coreógrafa ha entresacado unas brillantes variaciones individuales, de grupo, y pasos a dos, del maestro, muy bien servidas por los protagonistas de la velada. Una gran primera parte, donde, después de las entrañables y disciplinadas demostraciones de los pequeños, pasamos a una verdadera gala de Ballet, con las parejas Goñi-Casanova, Ramírez-Oihan, Rodríguez-López, deslumbrantes en sus precisas puntas, sus giros, sus saltos -los chicos- y sus estratosféricas elevaciones. Petipa y Almudena se llevan muy bien. Y, entre las dos partes clásicas, una estupenda coreografía contemporánea (Del Pozo/Calero) con unas jovencísimas bailarinas llenas de fuerza y vigor.

Por otra parte, al programar La Sílfide, nos remontamos al nacimiento del ballet romántico;cuando el ballet se despoja de los peplos y los coturnos que embarazaban sus movimientos, las bailarinas se ponen vaporosos tules y la gran Taglioni se sube a las puntas, dando esa extraordinaria sensación de no tocar el suelo, que tanto nos gusta. Con La Sílfide, los elfos, las brujas, las salamandras, los gnomos, las ondinas, las peris, las willis… toman la escena. Y su primer coreógrafo, Filippo Taglioni -(padre de la legendaria bailarina)- influiría decisivamente en las versiones que luego harían Perrot en Londres, Petipa en San Petersburgo, y Bournonville en Copenhague. Almudena también recurre al original para proponernos una coreografía colorista, asequible a las primeras figuras, y con un “ballet blanco”, en el segundo acto, nutrido, muy disciplinado, que desprende una gran seguridad técnica, y sobre todo, ensoñadora belleza. Un ballet de sílfides como sólo se da en los grandes teatros, veinticuatro. Uxue Rodríguez compone una Sílfide volátil -nunca mejor dicho-, frágil de apariencia, que traza bien el círculo en puntas alrededor de su dormido partenaire;éste, Fernando Casanova -en el rol de James--, vuelve a hacer una exhibición magnífica de saltos, durante toda la velada;sus giros interminables también alimentan un eje perfecto y sin titubeos;tiene fortaleza, además, para sostener las elevaciones, por ejemplo la muy hermosa de la bailarina entre la oleada de tules de las sílfides del segundo acto. Ambos firman un paso a dos, final, un tanto suelto. Fermín López luce siempre un estilo y pose muy elegantes;con Sahatsa Ramírez como Effie, se entiende muy bien teatral y “balletísticamente”;ésta, pizpireta y ágil, desarrolla una danza siempre muy alegre. Los dos bailarines, junto con Oihan Armendáriz, hacen un trío escocés (a lo Bournonville) de hermosa fortaleza. Las amigas de Effie y las damas de honor, magníficas. Como todo el elenco festivo, con excelentes ruedas y vistosas variaciones por grupos.