Milenio

Ciudad saludable

Por Javier Armentia - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Las cuestiones socioeconómicas son cosa también de la salud. O más bien, la salud de cada uno acaba residiendo también en el mismo lugar donde vivimos. Se comenta habitualmente que el código postal es mejor indicador de esperanza de vida que unos buenos genes. Hace muchos años, sin duda la cosa era peor. Leía el otro día sobre una pionera de la salud pública, el Doctor Joe, como se conocía a la imponente figura de la primera responsable de salud pública de Nueva York allá a finales de XIX, Sara Josephin Baker. Frente a la obligada invisibilidad, esta lesbiana consiguió, no sin esfuerzo, sin duda ayudada por su clase social, sobrevivir viviendo como le gustaba, con quien quería vivir y sobre todo trabajando por mejorar el mundo. Lo que me permite volver al asunto de las ciudades saludables. Baker se dio cuenta, y fue la primera en denunciarlo, que la mortalidad infantil en los barrios pobres de Nueva York era mayor que la de los soldados en la I Guerra Mundial. Más aún, el principal vehículo transmisor de las enfermedades era la pobreza y la insalubridad. Solamente con políticas que cambiaron esa realidad se empezó a evitar la muerte de niñas y niños.

Un siglo después seguimos con circunstancias parecidas en una buena parte del mundo, en ciudades que están creciendo más allá de lo imaginable, con cinturones de pobreza que son también de muerte y enfermedad. Y resulta increíble y vergonzante, porque ahora tenemos formas de curar muchas de las enfermedades y capacidad para llevar el agua corriente y el saneamiento a cualquier lugar del mundo, invirtiendo en estos objetivos del desarrollo. Como siempre el tema es mucho más complejo y no cabe en una columna, pero les adelanto: incluso ciudades como la nuestra, del mejor primer mundo, podrían ser mejores y más sanas. Gracias a pioneras como Dr. Joe.