AYUDA PARA JÓVENES QUE LLEGAN A PAMPLONA

Tender la mano desde la experiencia

Usuarios de la asociación SEI se forman para ayudar e integrar a otros jóvenes y adolescentes recién llegados a la ciudad y a una nueva cultura

Sofía Sánchez | Mikel Saiz - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Los premonitores Erika, Nathaly, Camilo e Intissar junto a la directora del SEI, Vanesa Goñi, y Naiara, estudiante en prácticas.

Los premonitores Erika, Nathaly, Camilo e Intissar junto a la directora del SEI, Vanesa Goñi, y Naiara, estudiante en prácticas. (MIKEL SAIZ)

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Los premonitores Erika, Nathaly, Camilo e Intissar junto a la directora del SEI, Vanesa Goñi, y Naiara, estudiante en prácticas.

pamplona - Jóvenes de diferentes partes del mundo llegan a Pamplona cada año y, a pesar de estar rodeados de miles de personas, se sienten solos y fuera de su entorno. Chicos y chicas de entre 13 y 17 años vienen teniendo que lidiar con problemas como la cultura, la comida, los estudios... y en algunos casos tienen incluso la dificultad de reencontrarse con sus familias a las que llevan años sin ver. Todo para ellos es nuevo, una realidad diferente a la que no están acostumbrados.

El SEI (Servicio Socio educativo Intercultural) es una asociación sin ánimo de lucro e independiente, constituida en Pamplona en 1999 por un grupo de personas preocupadas por la problemática de la adolescencia y juventud recién inmigrada. En la actualidad, se llevan a cabo dos tipos de programas, ambos dirigidos tanto a los jóvenes como a sus familias. Se trata del servicio especializado en Acompañamiento de Procesos de Reagrupación Familiar;y el programa de Duelo Migratorio, que da cobertura a personas inmigradas en el área de Pamplona y su comarca.

Para ello, la asociación cuenta con un equipo multidisciplinar, así como la colaboración de 150 personas voluntarias y el soporte de alrededor de 60 personas socias. ‘’Nuestra misión es construir una sociedad intercultural’’, afirma Vanesa Goñi, directora de la asociación. ‘’Prestamos atención a las personas adolescentes recién inmigradas y a sus familias en el ámbito socioeducativo, psicosocial y sociocultural con el fin de promover que puedan ser personas independientes y autónomas’’, continúa Vanesa.

Nataly Rodríguez tiene 17 años, es procedente de Bolivia y llegó a España hace dos. Llevaba 13 años sin ver a su madre. Admite que el reencuentro con ella no fue nada fácil, pero gracias al trabajo de la asociación, su relación se ha reforzado y han aprendido a lidiar con los problemas de convivencia. Ahora, es premonitora y se dedica a ayudar a jóvenes que están pasando por su misma situación. Al igual que Nathaly, ocho chicos y chicas que durante el curso acuden al SEI como menores, ejercen de premonitores porque quieren devolver todo aquello que se les brindó cuando llegaron y no tenían nada, coinciden Nathaly, Erika, Intissar y Camilo. Intissar, de 15 años, no tuvo dificultad de reagrupación con su familia ya que vinieron todos juntos desde Marruecos hace dos años. Su problema radicó en el idioma, la cultura, la comida y los estudios, y a día de hoy es una joven que habla perfectamente el castellano y disfruta de las actividades de la asociación. ‘’Vinimos buscando una vida mejor’’, declaró la joven.

Como dice el profesor y doctor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de Barcelona, Joseba Achotegui, ‘’la migración es un acontecimiento de la vida que incide profundamente sobre la psique de las personas. Casi todo lo que rodea al individuo cambia, lo cual supone un gran esfuerzo psicológico. Se pierden o se dejan atrás familiares, amistades, el ambiente social, las costumbres, la tierra, el paisaje, la alimentación y el resto de elementos culturales del medio de partida... Por lo que afrontar la pérdida y ser capaz de una flexibilidad y estabilidad suficientes es necesario para desarrollar la vida cotidiana en el país de acogida.’’. A lo largo del proceso migratorio se producen transformaciones profundas, complicadas frecuentemente por periodos de separación, no solo de la familia extensa sino también de la nuclear. Es un proceso de reunificación en el que las personas anteriormente agrupadas, se vuelven a unir teniendo que re-vincularse y reestructurarse.

La asociación y estos adolescentes, ahora premonitores, tratan de dar respuesta a los recién llegados. Son los encargados de organizar, planificar y evaluar las actividades de ocio que tienen lugar en la ciudad, además de acompañar y servir de apoyo emocional para los nuevos.

En el centro del SEI (calle de Francisco Bergamín, 32) se encuentra también Naiara, de 18 años. No es miembro del programa ni premonitora. Durante los últimos meses del curso ha estado realizando las prácticas del Grado Superior de Integración Social, y admite estar muy feliz de la experiencia que ha podido vivir con estos adolescentes a los que ha ayudado y ha visto crecer y evolucionar como personas. ‘’Termino las prácticas esta semana y me da mucha pena, he disfrutado y aprendido muchísimo y cuando me enteré de que en verano necesitan voluntarios para el programa de agosto no me lo pensé dos veces;así que estoy deseando que llegue para volver a estar con ellos’’.

el programa de agostoLa dinámica del programa de agosto es diferente a la del resto del curso porque va dirigido a aquellos jóvenes que acaban de llegar a la ciudad desde su país de o rigen. Pasan por momentos difíciles, están tristes y desubicados. Las condiciones laborales de sus familias tampoco ayudan. Son jóvenes a los que les cuesta salir de casa porque no conocen a nadie y apenas saben moverse por la ciudad. Desde el SEI hacen un llamamiento para aumentar el número de voluntarios para este programa y así poder dar descanso a aquellos que han estado ayudando durante el resto del curso. Buscan personas mayores de 21 años, con muchas ganas y, sobre todo, con ilusión, actitud positiva y sensibilizados con la población extranjera.

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