Veinte años de bolillos en Leitza

Linu putzu, el grupo de encajeras local, celebró ayer su vigésimo aniversario con un encuentro

Un reportaje de Nerea Mazkiaran - Lunes, 18 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Aspecto que presentaba el ‘karrape’, el porche del Ayuntamiento.

Aspecto que presentaba el ‘karrape’, el porche del Ayuntamiento. (NEREA MAZKIARAN)

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Aspecto que presentaba el ‘karrape’, el porche del Ayuntamiento.

Linu putzu, el grupo de bolillos de Leitza, cumple 20 años. Por ello, ayer organizó un encuentro de encajeras en el que participaron en torno a 80 artesanas venidas de Pamplona, Altsasu, Irurtzun, Ibarra, Logroño, Tafalla, Andoáin, Burlada y Zizur, que durante toda la mañana mostraron en el karrape su destreza con los bolillos, un mágico juego de hilos y alfileres del que surgen puntillas, mantillas, abanicos o guantes, tal y como se pudo ver ayer.

Las anfitrionas eran Arantza Grajirena, Begoña Olano, Pili Ezkurdia, Txaro Gordobil, Maritxi Goñi y Andone Salbarredi, que ayer quisieron realizar un pequeño homenaje a su maestra, Gloria Irurtia, que introdujo esta técnica en Leitza. Aunque el grupo ha bajado de número -llegaron a ser una veintena-, se siguen reuniendo un día a la semana, los viernes por la tarde, tres horas que se les pasa volando. Y es que entre los beneficios de hacer bolillos es que propicia la sociabilidad de las personas. Asimismo, puede ser una buena terapia para aquellas personas que padecen problemas de estrés, dado que requiere grandes dosis de paciencia, y también muy beneficios para mejorar la concentración.

“Lo importante es seguir aprendiendo”, señaló Juana Mari Goñi, de Irurtzun, que ayer acudió a Leitza junto con Aurora Burgui, Carmen Kerejeta y Antonia Torrecilla, nacida en Jaén, que aprendió esta técnica de niña. El grupo de Irurtzun, unas 18 mujeres, se juntan dos veces a la semana, los martes y jueves. “Hacemos bolillos, nos corregimos unas a otras y hablamos. También merendamos”, confesaron.

De Bakaiku eran las gemelas Regina y Margari Urrestarazu, así como la nieta de la primera, Izadi Barandiaran, de 13 años, muestra de que el encaje de bolillos también es para la juventud. “Les enseñé a todos mis nietos, a chicos y chicas, desde que tenían cuatro años”, apuntó esta maestra de bolilleras.

El grupo más numeroso y también mixto era de Pamplona, de San Fermín: el de una veintena de encajeras que no se pierden los encuentros que se celebran en Navarra, Zaragoza, La Rioja, Burgos o Soria, entre otros lugares en los que han mostrado su buen hacer. Y es que es un día de intercambiarse picados, es decir, copias de labores, y patrones, de intercambio de hilos y otras experiencias, un día de convivencia entre personas que comparten una afición, como destacó Pepi Cid.

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